25/04/2026
Hoy nos detenemos con profunda gratitud y respeto para honrar la vida de quien fuera un pilar fundamental en la historia de nuestra Iglesia Metodista Pentecostal de Chile en Maullín: nuestro recordado hermano Diego Huenchur Huenchur.
Hablar de la historia de nuestra iglesia es, inevitablemente, hablar de su entrega. En el año 1981, cuando la semilla del Evangelio comenzaba a germinar en estas tierras, el hermano Diego no solo creyó en la visión, sino que la abrazó con hechos concretos. Con un corazón desprendido y un amor ferviente por la obra del Señor, fue él quien abrió las puertas de una casa para que se realizaran los primeros cultos.
Esa casa, que al principio albergó a un pequeño grupo de valientes hermanos, se transformó con el tiempo en el primer templo de nuestra congregación. Su propiedad fue el refugio donde se levantaron las primeras oraciones, se entonaron los primeros himnos y donde muchas almas encontraron a Cristo en Maullín.
Aunque hoy nos embarga la tristeza de su ausencia física, nos consuela la esperanza gloriosa del reencuentro. Sabemos que nuestro hermano Diego ya no sufre ni se fatiga, pues hoy descansa plenamente en los brazos del Señor, escuchando aquellas palabras: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.