30/10/2025
Resumen de la Historia de la Adoración
Juan 4:23, donde Jesús busca "verdaderos adoradores" que adoren "en espíritu y en verdad". William Temple define la adoración como la sumisión total de nuestra naturaleza a Dios, un despertar de la conciencia a su santidad, alimento de la mente con su verdad, purificación de la imaginación por su belleza, apertura del corazón a su amor y entrega de la voluntad a su propósito.
Se destaca que la adoración es el tema más importante en la historia de la iglesia, siendo el motor de grandes avivamientos. A pesar de la abundancia de recursos sobre adoración en la era de la información, persisten preguntas sobre la filosofía, práctica y estilo de adoración, especialmente en la iglesia La Viña. Se subraya la importancia de entender la "genética" de la adoración, ya que es la primera prioridad de la iglesia y lo único que continuará en el cielo, aparte del amor de Dios. Este documento recopila artículos que explican la filosofía de adoración de la iglesia La Viña.
HISTORIA DE LA ADORACIÓN - NUEVO TESTAMENTO (Bob Kauflin)
Aunque el Nuevo Testamento no ofrece muchos detalles sobre cómo sonaba la adoración en el siglo I, se pueden extraer algunas características clave:
Basado en las Escrituras: Los cánticos estaban arraigados en los Salmos y otras verdades eternas de las Escrituras, como el himno que Jesús cantó con sus discípulos antes de ir al Monte de los Olivos.
Cristocéntrico: La adoración estaba centrada en Jesucristo y su obra. La mayoría de los himnos del Nuevo Testamento, incluso los de María o Zacarías, se refieren directa o indirectamente a Cristo. Cartas de Pablo también contienen fragmentos de himnos cristocéntricos.
Manifestación del Espíritu Santo: La adoración fluía del desbordamiento de la obra del Espíritu en los corazones, no era una rutina sin sentido. Pablo habla de adorar "por el Espíritu de Dios", y la presencia de Dios era evidente, llevando a no creyentes a reconocer que "¡Realmente Dios está entre ustedes!".
Congregacional: La adoración se realizaba en comunidad, entre personas que se relacionaban y compartían un propósito común. No era un evento de individuos aislados, sino de "piedras vivas" edificando una casa espiritual.
LA HISTORIA DE LA ADORACIÓN SIGLO XI: MARTÍN LUTERO (Bob Kauflin)
En el siglo XI, la adoración se había vuelto restrictiva y la participación de los fieles era limitada. Sin embargo, la música y el canto persistían en la vida cotidiana de la gente común y entre monjes como Bernardo de Claraval y Francisco de Asís.
El siglo XVI marcó un cambio drástico con la Reforma. Martín Lutero (1483-1546) es considerado el "padre del canto congregacional". Su éxito se debió a su destreza musical, su pasión por restaurar la adoración verdadera y su creencia en la música como un don de Dios para grabar verdades teológicas en el corazón. Compuso 37 himnos en alemán, lo que llevó a una explosión de himnarios en su lengua materna, abriendo la puerta a la participación del pueblo en el canto.
LA HISTORIA DE LA ADORACIÓN SIGLO XVII: ISAAC WATTS (Bob Kauflin)
A finales del siglo XVII, muchas iglesias cantaban salmos bíblicos con dificultad y de forma monótona, a menudo resultando en un "caos semi-improvisado".
Isaac Watts (1674-1748), descontento con la falta de vida de los himnos, fue retado por su padre a escribir algo mejor. Compuso más de 650 himnos, incluyendo clásicos como "Al mundo paz". Su mayor contribución fue abogar por cantos basados en las Escrituras pero "compuestos en forma libre", que pudieran expresar la amplitud de la experiencia cristiana. Watts revisó los salmos para "hacer que David hable como un cristiano". Su influencia fue inmensa, y sus himnos perduraron por su estilo simple, su compromiso con la verdad del Nuevo Testamento (centrado en Jesucristo), el uso de paráfrasis y citas bíblicas, y su enfoque en tocar las emociones de la congregación.
LA HISTORIA DE LA ADORACIÓN CARLOS WESLEY (Bob Kauflin)
Carlos Wesley, siguiendo los pasos de Watts, llevó la expresión del canto congregacional a su plenitud. Produjo una asombrosa cantidad de más de 6500 himnos, como "Oíd Un Son en Alta Esfera" y "Amor Divino, que Excede todo Amor".
Sus himnos son un legado de teología bíblica y sana doctrina. Junto con su hermano Juan, usó el canto como una herramienta poderosa para enseñar doctrinas, especialmente a la clase baja y analfabeta. Los himnos de Carlos son un compendio de teología metodista, cubriendo toda la experiencia espiritual cristiana.
A diferencia de muchos himnos anteriores, los de Wesley enfatizaban la experiencia espiritual, impactado por la pasión de los moravianos. Buscaba acercar los efectos de la verdad de las Escrituras a los corazones y a menudo invitaba a una respuesta del pecador. Juan Wesley, como editor, se aseguró de que los himnos tuvieran tonalidades adecuadas y aconsejó a los cantantes a "Cantar espiritualmente", enfocando sus ojos y corazón en Dios.
Watts y Wesley dejaron una huella incalculable en la adoración, asegurando que la fe cristiana se expresara plenamente a través del canto y abriendo la puerta a un papel significativo, aunque arriesgado, de las emociones en la adoración congregacional.
LA HISTORIA DE LA ADORACIÓN SIGLO DIECINUEVE (Bob Kauflin)
El canto congregacional del siglo XVIII (salmodia métrica, himnos de Watts y Wesley) buscaba enriquecer las mentes con verdades teológicas. Sin embargo, en el siglo XIX, quizás en reacción a la falta de inspiración, comenzó un énfasis creciente en el impacto emocional, buscando tocar los corazones con sentimientos.
Carlos Wesley, influenciado por la pasión de los moravianos (pietistas alemanes que priorizaban la experiencia personal sobre la exactitud doctrinal), ya había fortalecido la conexión entre doctrina y experiencia.
En América, el evangelismo y los avivamientos de los siglos XVIII y XIX contribuyeron al énfasis en la experiencia. Con nuevas comunidades y conversos, la adoración se expresaba de forma simple, con cantos folklóricos que se centraban en la salvación, el cielo y la obra del Espíritu Santo.
La histórica campaña de Cane Ridge en 1801, caracterizada por señales, danza y trances, utilizó música que estimulaba las emociones más que la doctrina refinada. Esto dio pie a muchos "himnos" con letras doctrinalmente pobres pero cargadas de expresión emocional, fáciles de aprender. La brecha entre cantos que enfatizaban la experiencia personal y aquellos que exponían verdades bíblicas se ensanchó.
Figuras como Asahel Nettleton y Joshua Leavitt intentaron estandarizar estos himnos de avivamiento. Ira Sankey, con su estilo emotivo, popularizó el "canto góspel" en las campañas de D. L. Moody. F***y Crosby, una compositora ciega, fue la más prolífica de este género, escribiendo más de 8500 himnos.
LA HISTORIA DE LA ADORACIÓN SIGLO XX (Bob Kauflin)
El modelo emocional del avivamiento del siglo XIX continuó en el siglo XX, con nuevos líderes y evangelistas como Homer Rodeheaver y Charles Alexander. Los cantos de esta época eran sencillos, sentimentales y con contenido poco exigente.
El avivamiento pentecostal de la calle Azusa a principios de siglo, con su fervor y dones espirituales, se caracterizó por un canto avivado y espontáneo. La influencia del despertar emocional y de Azusa sigue siendo evidente hoy.
La adoración del siglo XX fue moldeada por el despertar emocional y la proliferación de empresas cristianas de publicación musical, que comenzaron a producir colecciones de cantos comerciales y ligeros, como "The Old Rugged Cross". Por primera vez, las motivaciones comerciales influyeron más que los líderes de la iglesia en la definición del canto congregacional, reduciendo el foco teológico y aumentando el énfasis en el entretenimiento y las emociones.
La revolución de las comunicaciones, con visionarios como Jarrell McCracken (fundador de Word Records), demostró cómo la música cristiana podía expandir el Evangelio y ser rentable, generando nuevas tensiones. La liturgia de la iglesia también se vio afectada por la búsqueda de relevancia, con el estilo folklórico impregnando muchas denominaciones.
A finales de los años sesenta, la crisis cultural y eclesiástica dio origen al "Jesus Movement". Cientos de miles de jóvenes se convirtieron, produciendo cantos cortos, fáciles de aprender y saturados de Escrituras, como "Buscad Primero el Reino de Dios". Estos cantos fueron un anticipo del actual "movimiento de adoración", que se discutiría en futuras entregas.
EL LEGADO DE JOHN WIMBER (Larry L. Myers)
John Wimber fue una figura clave en la adoración de La Viña, sentando el legado de que "la adoración es más que cantar".
Influencias:
Músico excelente: Su profundo conocimiento de la música pop/rock (fue productor de "The Righteous Brothers") influyó en el estilo musical de La Viña, buscando crear una iglesia a la que él mismo quisiera asistir, con música que conectara con la generación "boomer".
Hambre de la presencia de Dios: Sus experiencias eclesiásticas iniciales le mostraron la dificultad de identificarse con los cantos e himnos tradicionales. Por ello, extendió el tiempo de alabanza, buscando la presencia de Dios en la reunión.
Observación de iglesias: Como asesor del Fuller Institute of Church Growth (1974-1978), estudió cientos de iglesias, lo que le llevó a cuatro conceptos clave:
Mandato bíblico: La adoración es el llamamiento más importante de la iglesia.
Prioridad: Rehusó relegar la alabanza a una posición secundaria, enseñando que es esencial y nuestro primer llamamiento como la novia de Cristo.
No manipulación: Se opuso a usar la música de adoración para manipular a la gente (para dinero, pasar al frente, salvación o ministerio).
Relación personal y corporal: Detalló el concepto de que la adoración facilita y expresa nuestra relación personal y corporal con la Trinidad. Esto implicó usar pronombres de segunda persona ("tú") en vez de tercera persona ("él"), buscando cantar a Dios, no solo de Dios. Mantuvo la adoración como algo personal, a diferencia de mucha "música de adoración evangelística".
Conclusión
La "pequeña ola" que comenzó con John Wimber y "La Canción del Espíritu" en 1976 se convirtió en un "maremoto" global. Dios usó a John y a La Viña para dar a luz un nuevo tipo de adoración, caracterizada por la intimidad. Se reconoce y aprecia profundamente su legado en la definición y expresión de estos conceptos básicos, y por dirigir a la iglesia hacia un conocimiento más amplio y profundo del alto llamamiento de ser adoradores del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.