26/05/2025
Cuando todo es desesperanza
Puedes imaginar por un momento un camino. No un verde campo ni un sendero florido, sino uno polvoriento , marcado por la desilusión. Un camino donde cada paso es mas pesado, donde la esperanza parece distante. ¿Alguna vez te has sentido en un camino así? Un camino donde las noticias que recibimos nos dejan sin aliento, donde los eventos nos sobrepasan y el futuro se torna incierto.
Veamos el relato de los caminantes a Emaús:
"(13) Aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. (14) Iban conversando sobre todo lo que había acontecido. (15) Sucedió que, mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos; (16) pero no lo reconocieron, pues sus ojos estaban velados. — (17)¿Qué vienen discutiendo por el camino? —preguntó. Se detuvieron, cabizbajos. (18)Uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo: —¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no se ha enterado de todo lo que ha pasado recientemente? —(19)¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó..." (Lucas 24: 13-19a)
Imagina estos dos caminantes con un diálogo apagado y triste, con las miradas en el suelo. sin comprender lo que pasaba, la esperanza desvanecida . Con cada paso, dejaban atrás Jerusalén. ¡¡SI!! ¡Jerusalén!, ciudad que acaba con sus profetas, y lo que suponia una fiesta de Pascua que recordaba a un Dios Salvado r ahora fue el escenario de una muerte Cruel e Injusta sobre su Mesias. Sus ojos, cansados, velados por la tristeza, no habrían distinguido a Dios mismo caminando a su lado.
¡Y así fue! Jesús, el peregrino entre los peregrinos, aquel que hace treinta y tres años abandonó la gloria eterna para revestirse de humanidad y recorrer nuestros senderos. Ese mismo Jesús sale al encuentro de estos dos corazones apesadumbrados.
Se acerca con la discreción de quien no anhela ser descubierto al instante, agudiza el oído y escucha el lamento que los tiene cabizbajos: «No lo entiendo... por más que mi mente repasa los acontecimientos, la sinrazón persiste. ¿Por qué? ¿Por qué?»
Jesús interrumpe su duelo con una pregunta directa: «¿Qué conversación los absorbe?» No por ignorancia –su conocimiento es absoluto– sino para guiarlos de vuelta a la realidad palpable. Jesús, siempre se presentaba con interrogantes que cortaban la respiración: «¿Qué quieres que haga por ti?», «¿Qué buscas?», «¿Quién me ha tocado?», «¿Cuántos panes tienen?»
Porque en nuestro propio camino Dios siempre sale al encuentro, el se une a nosotros, no el vida "color de rosa", sino en lo aspero de la vida, donde realmente caminamos, El sale a nuestro encuentro, nos acompaña, nos escucha y nos habla. y muy a menudo como aquellos peregrinos su presencia nos alcanza. No es que nosotros lo hayamos buscado, es que él viene a nuestro encuentro.
Y cuando las circunstancias nos abruman, los muros de la duda se alzan infranqueables, las olas de la desesperación nos ciegan. «¿Dónde estás?», clamamos , osando interpelar a Dios como ellos, suponemos que Dios ignora nuestro dolor punzante, nuestras dudas carcelarias, nuestros rincones más oscuros. Pero Él siempre ha estado a nuestro lado, caminando a nuestro paso vacilante, con una ternura compasiva hacia nuestra tristeza y desesperanza.
☑️¿En qué momentos de tu vida la desesperanza te ha hecho sentir como un peregrino perdido?
☑️¿Has podido reconocer la presencia y la voz de Jesús a tu lado?
☑️¿Qué te ha ayudado en esos momentos difíciles?