26/04/2025
Hace 16 años, Dios trazó un plan maravilloso. Su deseo ardía como fuego: alcanzar a muchos jóvenes y familias con su amor poderoso.
¿A quién envió? En una ciudad escondida a los ojos de los hombres, junto al mar, encontró a una familia pastoral, quebrantada por el rechazo y el dolor, pero aún con brasas encendidas en su corazón.
Cuando las puertas de la religión se cerraron y los juicios terrenales se apagaron, Dios abrió los portales de su Reino.
En la intimidad de un hogar, no en un lujoso templo, nació Renuevo: como un fuego pequeño, oculto de los ojos de muchos, pero brillante ante los ojos de Dios.
Y el Señor, que jamás olvida lo que Él mismo enciende, declaró: “Este fuego no puede perderse, esta llama no puede apagarse”.
Entonces envió a su Espíritu Santo, y comenzó a llamar a sus hijos desde todos los rincones de la ciudad y del país.
Niños, jóvenes, adultos, sanos y enfermos comenzaron a llegar, atraídos por el calor del corazón de Dios.
Un día, un soldado herido se acercó al fuego y preguntó: “Quiero ser parte… ¿cuál es el requisito?”
Un muchacho, con ojos encendidos, le respondió: “¡Hambre! Solo hambre del fuego de Dios”.
Así nació Renuevo, la iglesia de los hambrientos de Dios, de aquellos que no buscaban religión, sino un encuentro real con el fuego del cielo.
El amor de Jesús empezó a transformar corazones, y con ese amor, el poder de Dios comenzó a romper las cadenas de Satanás: la drogadicción, los vicios, la depresión, el alcoholismo.
Lo que era imposible para los hombres comenzó a hacerse posible para Dios. Los enfermos sanaron, los cautivos fueron liberados, y lo que parecía mu**to, cobró vida.
Es verdad Muchos pasaron por ese fuego. Algunos dejaron que la llama los transformara para siempre. Otros, como niños alrededor de una hoguera, solo jugaron con las chispas, disfrutaron del calor por un momento, pero no permitieron que el fuego penetrara en su interior. Aun así, cada uno fue parte de esta historia, y cada encuentro con el fuego dejó su marca.
Han pasado 16 años. Y esa llama, contra todo pronóstico, jamás se ha extinguido. A veces fue apenas una brasa que resistía en la oscuridad; otras veces, un incendio imparable que iluminaba los valles más lejanos.
Pero ni las aguas de la división, ni los vientos del cansancio, ni las estrategias del mal pudieron apagarla.
Porque esta llama no nació de la voluntad humana, ni de la religión, sino del mismo corazon De Dios.
Si estás leyendo esto, es porque el Espíritu Santo también te acercó al calor de este fuego. No es casualidad: tú eres parte viva de esta historia.
Si hace 16 años comenzó una gran historia de amor, hoy tú eres parte de ella.
Y mientras haya corazones hambrientos y agotados de la religión, Renuevo seguirá encendido hasta que toda la nación vea el resplandor de la gloria de Dios.