Iglesia San Juan de Dios de La Serena

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✝️ Iglesia Patrimonial San Juan de Dios ✝️ Monumento Nacional desde 1981, esta iglesia neoclásica en La Serena, Chile, destaca por su construcción en adobe y madera. ¡Te esperamos!

Evangelio de hoy 04.05.2025La Palabra diceJn. 21, 1-19Después de esto, Jesús apareció otra vez a los discípulos a orilla...
04/05/2025

Evangelio de hoy 04.05.2025

La Palabra dice
Jn. 21, 1-19

Después de esto, Jesús apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros». Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?». Ellos respondieron: «No». Él les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán». Ellos la tiraron y se llenaron tanto de peces que no pudieron arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!». Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la roja con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar». Simón Pedro subió a la barca y sacó la roja a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres?», porque sabía que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntó si lo quería, y le dijo: «Señor, usted lo sabe todo; sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras».
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

La palabra nos dice

Hace algunos días meditamos este mismo relato, pero en el evangelio de Marcos y hoy tenemos la oportunidad de darle continuidad a la reflexión de aquel día enfocándonos en la persona de Pedro.
Pedro, al igual que en el momento de la pasión de Jesús, es interpelado. Recordemos, a él le preguntan si era uno de los suyos y hoy el Resucitado es quien lo interroga. En ambas escenas podemos ver que Pedro no es el de la iniciativa. En este punto podemos identificarnos con él ya sea por el temor que pudo experimentar en el primer relato o por los muchos sentimientos que le abordaban al estar frente a quién él había negado y se encontraba vivo entre ellos.
Las tres preguntas de Jesús no eran para humillar a Pedro, al contrario, se puede apreciar que, en correspondencia con las tres negaciones, El Señor supera por mucho la forma de pensar de los hombres y ahora la triple negación queda sanada con su triple confirmación.
Un detalle interesante son las contestaciones de Pedro. Cuando Jesús le pregunta en dos ocasiones por su amor , él responde con su cariño , de allí que el tercer interrogante confirma verdaderamente el querer que poco a poco se irá transformando en amor por medio de su primado y el ejercicio pastoral que el Señor le encomienda.
Hoy Jesús también nos interroga y nos pide apacentar el rebaño que nos encomienda. Abramos nuestra vida al Amor del Señor y así le respondemos con este mismo sentimiento.

Evangelio de hoy 03.05.2025La Palabra diceJn. 14, 6-14Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie ...
03/05/2025

Evangelio de hoy 03.05.2025

La Palabra dice
Jn. 14, 6-14

Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes piden en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.»

La palabra nos dice

En el evangelio de Juan, 7 veces Jesús usa la expresión Yo soy, y en este relato se presenta bajo la terna Camino, Verdad y Vida. Él es la única vía para ir al Padre; Él revela a los hombres la naturaleza divina de Dios, es decir lo que es en verdad: Amor; y en Él tenemos la Vida eterna.
Jesús insiste en su identidad con el Padre y pese a que ya lo ha manifestado a sus discípulos, éstos (y tal vez muchos de nosotros) no logran comprender que ellos son uno solo: ¡Jesucristo es la revelación del Padre! Por eso conocer a Jesús es conocer al Padre. Ahora, ¿queremos como Felipe conocer al Padre?, pues adentrémonos en el conocimiento de la persona de Jesús. Bien lo decía San Jerónimo: Quien no conoce las escrituras no conoce a Cristo, por lo que, por silogismo tenemos que, conocer las escrituras, es también conocer al Padre.
Así pues, fortalezcamos nuestro acercamiento al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por medio de la palabra, leída, meditada y orada. En ella encontramos la fuente para dar un sentido distinto a nuestro día a día; Dios se hace presente en cada uno de nosotros en la medida en que nos abrimos y como María, todo lo meditamos en el corazón. Esta es sin lugar a dudas la forma en la que glorificamos al Padre, tal como lo hizo el Hijo

Evangelio de hoy 02.05.2025La Palabra diceJn. 6, 1-15Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíad...
02/05/2025

Evangelio de hoy 02.05.2025

La Palabra dice
Jn. 6, 1-15

Después de esto, Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?».
Él dijo esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?».
Jesús le respondió: «Haganlos sentarse». Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres.
Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada».
Los reconocieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo».
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

La palabra nos dice

Este relato puede asemejarse con el Éxodo del pueblo de Israel, en cuando hace referencia a una gran cantidad de personas que, con la esperanza en Dios, dadas las circunstancias, empezaron a sentir hambre. Es de gran relevancia ver que es el mismo Jesús quien se preocupa por la gente y el qué iban a comer, Él es quien hace la pregunta a Felipe, aun sabiendo bien qué es lo que iba a hacer. Ese preciso momento nos muestra que el Señor cuenta con nosotros para realizar su obra y nos inquieta constantemente el corazón para que podamos darle una respuesta generosa, como la del niño del relato.
Continuando con el texto, podemos apreciar el gesto de Jesús que se referirá a la Eucaristía, ya que al elevar los ojos al cielo y bendecir el alimento, los reparte a la gente. Jesús ciertamente piensa y siente las necesidades físicas de nosotros, pero quiere ir más allá, quiere saciar el hambre de Dios de millas y millas a lo largo del mundo, a lo largo de la historia. Por eso nos invita hoy a ser generosos como aquel chico en cuanto lo material ya ser ese pan entregado en cuanto a lo espiritual.
¡Detalle importante! Dios es infinitamente generoso y da en abundancia, pero pide también el cuidado propio, de los demás y de los recursos. Él mismo pidió que lo sobrante se reconociera. Es un llamado para todos nosotros a no derrochar desmedidamente. Hagamos conciencia de esto.

Evangelio de hoy 01.05.2025La Palabra diceJn. 3, 31-36«El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la...
01/05/2025

Evangelio de hoy 01.05.2025

La Palabra dice
Jn. 3, 31-36

«El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certificado de que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él».

La palabra nos dice

La expresión inicial del evangelio de hoy, si no se aborda en el contexto amplio y desde la experiencia de la persona de Jesús en la propia vida, puede dejarnos frente a la idea de cierta “soberanía malsana”, como las que podemos ver en el mundo hoy. Pero cuando se aprecia todo el conjunto y sentimos el amor de Dios, nos damos cuenta de que el Hijo de Dios se hizo soberano, como dice la carta a los filienses, “no haciendo alarde de su categoría divina… Él se despojó de su rango” y puso al nivel de los necesitados para levantarlos y regresarles la dignidad. Así Jesús rompe el esquema: “el que quiera ser el más grande de todos, que se haga servidor” y esa fue la manera más preciosa con la que el Resucitado dio testimonio de la misericordia del Padre.
En continuidad con la reflexión del día de ayer, vemos cómo se nos invita a creer en Él para que alcancemos la vida eterna. También quiere dejar en claro que la ira divina pesa sobre el incrédulo no por saña de Dios, sino que, esa opción personal, es la que nos aleja del amor misericordioso del Padre. Él permanece siempre fiel y no se muda, nosotros, por el contrario, a veces cerramos los ojos y oídos para no ver y escuchar el testimonio del que vino del cielo .

Sábado Santo 2025
30/04/2025

Sábado Santo 2025

Evangelio de hoy 30.04.2025La Palabra diceJn. 3, 16-21«Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para ...
30/04/2025

Evangelio de hoy 30.04.2025

La Palabra dice
Jn. 3, 16-21

«Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios».

La palabra nos dice

La evidencia más grande que tenemos del infinito amor del Padre para nosotros está en la persona de Jesucristo. Él vino al mundo para que nos salváramos y pudiéramos entrar en la eternidad del Reino de Dios. Ahora bien, es claro que Jesús nos enseña que todos estamos llamados a responder a este don desde la libertad del amor correspondiendo es decir “pagando amor con amor”. El amor implica creer, Dios cree en nosotros y por eso nos espera, por eso manifestó en su Hijo el Amor, por eso nos asiste con el Espíritu Santo. No corresponde a este Amor es causa de nuestra condena. Jesús es claro, Dios es Amor y como tal, todo lo hace desde el amor. Nosotros estamos hechos por amor y, por lo tanto, hechos para amar y solo nos acercamos a la luz cuando “obramos conforme a la verdad” que es el mismo Jesús.
También debemos ser cautelosos de no caer en el otro extremo del que obra en lo escondido para que sus obras no sean descubiertas, es decir, hacer “el bien” con el ánimo de ser admirados por los demás. No, que el bien que hagamos sea en virtud de asemejarnos a Jesús manso y humilde de corazón.

Evangelio de hoy 29.04.2025La Palabra diceJn. 3, 7b-15«"Ustedes tienen que renacer de lo alto". El viento sopla donde qu...
29/04/2025

Evangelio de hoy 29.04.2025

La Palabra dice
Jn. 3, 7b-15

«"Ustedes tienen que renacer de lo alto". El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu».
«¿Cómo es posible todo esto?», volvió a preguntar Nicodemo.
Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.»

La palabra nos dice

“Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto”. Vienen a esta meditación las preguntas: ¿Qué es lo que sabemos (hablamos)… qué es lo que testimoniamos (vemos)? Hemos oído que nadie da lo que no tiene, lo que nos invita en el fondo a no hablar y hacer lo que no sabemos ya que podemos pasar por charlatanes o “impostores”. Desde el bautismo estamos llamados a profundizar en el conocimiento de la persona de Jesús, a acercarnos a su Palabra ya vivir profundamente los sacramentos, pero desafortunadamente, nos van pasando los años y Él va quedando en un segundo plano. Ahora, cuando le damos paso al Espíritu, es decir, cuando nacemos nuevamente de Él, la existencia adquiere un nuevo sentido que nos lleva poco a poco a buscarlo más y así dar también un testimonio creíble tratando día a día de vivir según sus enseñanzas. Jesús es el anuncio del Padre porque Él lo conoce y lo ha visto y nosotros conocemos al Padre porque quien ve al Hijo, ve al que lo envió… Ellos son uno solo.
Que no pase un solo día sin acercarnos a Jesús por medio de su Palabra y preferiblemente, su presencia Sacramental. Bien lo reza la canción: “Es imposible conocerlo y no amarlo, es imposible amarlo y no seguirlo”.

Evangelio de hoy 28.04.2025La Palabra diceJn. 3, 1-8Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de ...
28/04/2025

Evangelio de hoy 28.04.2025

La Palabra dice
Jn. 3, 1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él».
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios».
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?».
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Ustedes tienen que renacer de lo alto". El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu».

La palabra nos dice

Renacer de lo alto, del agua y del Espíritu, es decir una vida nueva en Dios para poder participar de su Reino ¡Atención! No debemos entender las palabras de Jesús como una condenación a nuestro cuerpo. Recordemos que hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. Lo que Jesús recalca es la pertenencia al Espíritu pues en Él se tiene la absoluta libertad cuyas características mencionan al final del relato. No hay hombre sobre la tierra capaz de dominar el viento y así, no habrá nadie en el mundo que logre someter a los nacidos del Espíritu, es decir, que solo de esa forma, gozaremos del Reino de Dios porque no nos preocupan más los apegos de este mundo lo que ciertamente es una característica de los son de la carne. Ésta es corruptible y limitada, el espíritu no, de allí la insistencia de Jesús en que aspiramos a los bienes de arriba, donde nada los corroe.
Con la pasión de Jesús estamos todos llamados a morir a estos apegos del mundo para resucitar (o renacer) con una condición nueva propia del que ha sido salvado, del que ha sido perdonado totalmente por amor y que se hace testimonio para los demás.

Evangelio de hoy 27.04.2025La Palabra diceJn. 20, 19-31Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando c...
27/04/2025

Evangelio de hoy 27.04.2025

La Palabra dice
Jn. 20, 19-31

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostraron sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». Él les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».
Ocho días más tarde, estaban de nuevos discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca de tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: «Ahora cree, porque me ha visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relacionados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

La palabra nos dice

Luego de la crucifixión de Jesús era común en los discípulos el temor. Seguramente pensaron que correrían la misma suerte del maestro. Pero no todo estaba perdido ya que se mantenían unidos. Esta ha de ser la característica de la Iglesia, la unión de los cristianos en tiempos de angustia y de alegría porque tenemos la certeza de que bajo ninguna circunstancia nos sabremos abandonados por Dios. Él nos inunda con su Espíritu y nos da la paz para que vayamos por el mundo a ser testigos del Amor del Padre, así como Él lo hizo.
Siguiendo con el texto, encontramos a Tomás. En él nos vemos reflejados ya que muchas veces hemos experimentado la necesidad de pruebas físicas que fortalezcan nuestra fe y aunque ciertamente las hemos tenido, cerramos nuestros ojos porque simplemente no son lo que pedimos pues estamos acostumbrados a pedir resultados sin vivir los procesos que nos llevan a ellos.
¿Podemos esperar un fruto diferente a la felicidad cuando creemos en Jesús y en lo que Él puede hacer en nuestras vidas cuando recibimos su Espíritu? Lo hermoso de esto es que es tanta la dicha que nos desborda que no podemos quedarnos quietos guardándonos la alegría de sentir el amor de Dios. De allí la necesidad de salir al mundo para ser testigos del Evangelio. Esos son los hechos que no se relatan en el Evangelio, porque con nosotros, se sigue escribiendo.

Evangelio de hoy 25.04.2025La Palabra diceJn. 21, 1-14Después de esto, Jesús apareció otra vez a los discípulos a orilla...
25/04/2025

Evangelio de hoy 25.04.2025

La Palabra dice
Jn. 21, 1-14

Después de esto, Jesús apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros». Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?». Ellos respondieron: «No».
Él les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán». Ellos la tiraron y se llenaron tanto de peces que no pudieron arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!». Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la roja con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar».
Simón Pedro subió a la barca y sacó la roja a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres?», porque sabía que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

La palabra nos dice

Cuando se aprecia el detalle cronológico del relato que va, aunque no lo específico, pero se puede entender, desde la tarde de ese día hasta la mañana siguiente, se percibe la decepción de los apóstoles de un esfuerzo que no dio frutos al cual se sumaba al inmenso dolor por la muerte del Maestro. Se puede pensar realmente que fueron largas horas de incertidumbre, tristeza y desesperanza. Pedro por su parte como referente para ellos, la roca en la cual apoyase, con su testimonio los motivaba a seguir adelante. Él toma la iniciativa de ir a las aguas, no los envía; Él es el que se apresura a ir al encuentro del pastor. Él es quien sigue las indicaciones de Jesús de traer más peces para comer.
Nuevamente el Resucitado los invita a compartir la comida, Él es quien la prepara y les sirve: ¡Él es quien los atiende! Los percibió cansados y agobiados… cumple con su Palabra: “Venid a mí los que estén cansados y agobiados que yo los haré descansar”.

Evangelio de hoy 24.04.2025La Palabra diceLc. 24, 35-48Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camin...
24/04/2025

Evangelio de hoy 24.04.2025

La Palabra dice
Lc. 24, 35-48

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes».
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo».
Y diciendo esto, les mostraron sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?».
Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos».
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los mu***os al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.»

La palabra nos dice

“Ustedes son testigos de todo esto” y, sin embargo, pese al gran acontecimiento de la Pascua, seguimos con dudas. Debes vencer la certeza de que Jesús verdaderamente resucitó y está entre nosotros, para que nuestra alegría no se vea opacada. El texto nos enseña en su esplendor la humanidad de Jesús que no se perdió en la resurrección y muestra de ello es que pide algo de comer e invita a los allí presentes a que lo toquen. Él sigue siendo verdadero hombre y camina en medio nuestro y hemos de verlo en cada persona que nos muestra sus heridas físicas o espirituales pidiéndonos algo de comer para saciar su hambre de cuerpo y alma. No miremos hacia otro lado cuando Él, presente en los necesitados, nos extiende la mano para que le sintamos cerca y para recibir la paz que trae su presencia.

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