26/01/2022
Decir «nada a la fuerza», no es únicamente una estrategia o un método sino, sobre todo, esa profunda convicción de confianza y fe en el ser humano –el humanismo cristiano– que vivió san Francisco de Sales, en cierto modo contracorriente, y que Don Bosco supo desarrollar magníficamente con su optimismo y confianza plena en los jóvenes, en sus muchachos:
El ser humano, el joven, cada persona, todos nosotros, llevamos inscrito en nuestro ser la necesidad de Dios, el deseo de Dios, «la nostalgia de Dios». El deseo natural de ver a Dios se transforma en nuestros santos en la convicción de que Dios está presente y se hace presente a cada persona en esos momentos de su vida, que solo Dios mismo elige, y del modo que solo Dios conoce.
Estos principios teológicos, tan contemporáneos a nosotros, se expresan en concreto en una actitud espiritual de colaboración con la acción de Dios, profundamente salesiana: la de servir en espíritu de libertad al hombre, que ya en san Francisco de Sales toma forma en el optimismo, en la positividad, en la confianza en la naturaleza humana y, como consecuencia, en el valor de la amistad y en la posible búsqueda de la felicidad. (Aguinaldo 2022)
De este modo, la propuesta a la santidad no es algo extraordinario, para unos pocos, algo elitista… Por el contrario, se convierte en aquello que responde a los sueños más profundos de toda persona humana. Algo que Don Bosco comprendió desde el inicio y supo transmitirlo a los jóvenes y a toda su Familia Salesiana.