25/05/2026
A pesar del frío, nuestra comunidad se reunió ayer para celebrar la gran fiesta de Pentecostés, junto al padre Lino y el diácono Christian.
La Solemnidad de Pentecostés conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María 50 días después de la Pascua, marcando oficialmente el nacimiento e inicio misionero de la Iglesia Católica. La Palabra resalta cómo el Espíritu rompe el miedo, perdona los pecados, otorga carismas para el bien común y une a la humanidad en la diversidad.
Los discípulos pasan de estar encerrados y temerosos a convertirse en testigos valientes y públicos de la Buena Nueva. Al igual que ellos, nosotros somos liberados de nuestros encierros y temores cotidianos gracias al Espíritu Santo, impulsándonos a salir al mundo a ser testigos de la fe.
El Espíritu Santo no destruye las diferencias culturales o capacidades individuales, sino que las integra armoniosamente en una sola comunidad eclesial. La Iglesia se enriquece de las distintas formas de servir, evitando tanto el individualismo egoísta como la uniformidad obligatoria.
El soplo de Jesús evoca el Génesis; es una nueva creación del ser humano que se actualiza mediante los sacramentos, especialmente el perdón de los pecados que restaura la paz comunitaria.
"¡Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra!"