A poco más de una hora de Santiago y Valparaíso/Viña del Mar, puedes disfrutar de este espacio natural que invita a maravillarse con la creación de Dios En el año 1937, el Honorable Presbiterio de Chile, acordó que era necesario contar con un lugar propio, para celebrar sus sesiones anuales al aire libre. Esta aspiración, venía gestándose desde el año 1924 en que se celebraron las sesiones en esas
condiciones y por varios años se arrendaron o consiguieron distintos lugares con propietarios rurales, lo que fue consolidando la idea, que se materializaría 14 años después, con la adquisición de la propiedad denominada “La Granja” distante a unos 150 kms. Se señala en la escritura de compra venta que es “una propiedad ubicada en Las Cruces, Comuna de Cartagena de este departamento y que deslinda: Norte quebrada del fundo Chépica; al Sur con los arenales de la playa y la Palmilla de don Jerónimo Armijo; al Oriente con la Palmilla del mismo señor Armijo; y al Poniente con el mar…La venta se hizo ad corpus con todo lo edificado y plantado…se deja constancia, como mero dato ilustrativo, de que la propiedad tiene una superficie total aproximada de seis cuadras cuadradas”. Son 22 hectáreas de bosques, quebradas y dunas, que terminan en una playa de aproximadamente 3 cuadras. Al momento de su adquisición, “contaba con 4.000 árboles en pleno desarrollo, un surtidor de agua potable y dos grandes casas de campo con sus dependencias”
El Presbiterio de Chile, representado por los Pastores Efraín Martínez, Filodomo Ramos, Pablo Contesse, J.H. Macleen y Horacio González, con la ayuda de Dios y una cooperación pequeña de la Junta de Misiones compró a través de la Corporación Unión Evangélica, representada por el Rev. Hendersen, este hermoso lugar a Doña Leonor Solerino, según consta en la escritura de compra venta, con fecha 05 de noviembre de 1938. Las primeras sesiones del Presbiterio se realizaron en La Granja el año 1939, convirtiéndose con el paso del tiempo, en un centro de salud, recreación y encuentro espiritual, que ha acogido a varias generaciones de presbiterianos, sus familiares y amigos, en un ambiente de afecto y amor cristiano. Filodomo Ramos de quien “no se puede exagerar el valor de su devoción, constancia e incansable labor en la vigilancia de los árboles, el mantenimiento de los albergues y el mejoramiento de las comodidades generales”. Su ejemplo, ha sido aliciente para que otros siguieran sus pasos, trabajando de la misma forma, siempre de manera desinteresada, en el cuidado y administración del recinto hasta el presente. Pareciera ser que al comienzo, el lugar se sostenía con los aportes de algunos escasos colaboradores y las erogaciones anuales de las Iglesias del Presbiterio, aportes con los que “participaron en la extensión de las arboledas, el cuidado del terreno y la ampliación de los medios para proveer hospedaje”, con ello, el lugar comenzó a transformarse en centro de reunión no sólo del Presbiterio, sino también de los campamentos y retiros espirituales de las Sociedades de Hombres, Mujeres y Jóvenes de la época y luego de los Campamentos de la Iglesia Presbiteriana de Chile de los mismos grupos, en especial de los niños y las vacaciones de verano de sus miembros, adherentes, y miembros de otras congregaciones hermanas, los que encuentran en “La Granja” un ambiente magnífico para la reflexión, el estudio de la Biblia, la vida devocional, la amistad y el esparcimiento, rodeados de una naturaleza plena de vida y contacto con su creador. Gracias a algunos subsidios de la Iglesia Presbiteriana de los EEUU, se pudo, en los primeros años, mejorar su equipamiento inicial y luego, gracias al aporte de hermanos, amigos y de la propia Iglesia Presbiteriana de Chile, se ha logrado contar con un recinto adecuado a las necesidades de alojamiento, alimentación y recreación que, sin ser lujoso, cuenta con las comodidades para los distintos grupos que la visitan. Dos comedores, 38 habitaciones algunas de ellas con baño privado, multicancha, tres piscinas, quincho con capacidad para setenta personas, conexión a Internet y equipamiento de sonido e imagen adecuado a distintas actividades, conforman parte de su equipamiento. Dentro del recinto se construyó un hermoso templo, el que con una vista privilegiada a las dunas y el mar como fondo, es el marco perfecto para la adoración a Dios. Desde el año 2006 dicho templo es la sede de la “Iglesia Mar de Gracia”, Primera Iglesia Presbiteriana de El Tabo, que congrega a hermanos que viven en distintas localidades de el “Litoral de los Poetas”, como se denomina al sector comprendido entre los balnearios de Cartagena y Algarrobo de la actual Región de Valparaíso. Grandes esfuerzos y muchas horas de oración y desvelo se han invertido en este bello lugar que nuestro Dios nos ha regalado a quienes hoy disfrutamos de él, lo que constituye un gran legado que debemos aprender a cuidar, mantener y mejorar de manera constante, dedicada y responsable, para que continúe siendo el sitio de encuentro, recreación y evangelización que sus fundadores concibieron, para las generaciones futuras.