02/02/2026
Perseverar en el amor
Todos los días debemos perseverar en la fe, pero una fe que se exprese en actos concretos de amor. No basta decir que somos “salvos” si nuestra fe se limita a asistir al culto, mientras somos malos vecinos, padres ausentes, esposos duros o amigos indiferentes.
El cristianismo no es un horario ni un lugar: es una forma de vivir.
Somos llamados a ser cristianos siempre, testimonio vivo de un Jesucristo que no quedó en la cruz, sino que permanece en nosotros. Jesús vive cuando sonreímos, cuando damos un abrazo sincero, cuando compartimos una limosna, cuando ayudamos tanto al que cree como al que no cree. Vive cuando servimos sin preguntar credenciales.
Nuestro servicio de amor también es una respuesta —una contracampaña silenciosa— frente a quienes dicen que los evangélicos no ayudan a nadie y solo viven en su individualidad. El amor vivido desmiente más que mil discursos.
Perseverar es seguir adelante incluso cuando cuesta: perdonar cuando duele, insistir cuando cansa, elegir el bien cuando sería más fácil endurecerse.
La religiosidad seca y endurece el corazón; Jesús, en cambio, nos invita a una relación viva, fiel y profunda. A comprender su Palabra y a dejar que Él habite nuestro quehacer diario.
Porque Dios no es injusto para olvidar la obra ni el trabajo de amor.