19/09/2018
Una vez ya finalizado, ya entrados en calma, donde ya muchos en sus casas cuentan y seguirán contando las maravillas vividas estos últimos días, donde el alma, el cuerpo y espíritu estuvieron al máximo, reconocemos que en todo, la mano de Dios estuvo con nosotros. Podemos decir: Gracias Señor y Padre Eterno por todo el bien recibido. Gracias porque hasta aquí nos has ayudado.
Todo lo vivido en su presencia, lo que ÉL nos tenía preparado, todo guiado por su Santo Espíritu; la exhortación de Su Palabra, los temas, la alabanza y adoración, la consolación derramada a esa angustia que trajiste, la anhelada restauración mediante el mensaje ¡en Cristo tienes nuevas fuerzas, tienes alas como las águilas!. Y la comunión entre hermanos y hermanas.
Que no se nos olvide: Mantente firme en los caminos de tu Dios, quien te escogió y a quien escogiste para servir, con lo que edifica, con lo que conviene, tomando en cuenta las grandes decisiones de nuestra vida; por ejemplo aquel gran consejo: “ojo con los troncos con mechas y con los tirifilos”. Su palabra nos confronta y nos desafía a ser los nuevos David de nuestra generación para ser grandes para su gloria, y aunque vengan menospreciadores recuerda que Dios te preparó de antemano para ser su instrumento, dijiste el Sí al Señor, obedeciste y te dispusiste en sus manos.
Ahora, con fe a crecer en Cristo.
Finalmente a todos vosotros que con corazón amoroso apoyaron este gran desafío, muchas gracias. A Jesucristo el Gran Rey eterno y Poderoso sea toda la gloria, la honra y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.