17/02/2025
Actualmente estoy sirviendo como obispo, y a menudo me sorprendo preocupándome demasiado por cómo me perciben: 𝙨𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙝𝙖𝙘𝙞𝙚𝙣𝙙𝙤 𝙡𝙤 𝙨𝙪𝙛𝙞𝙘𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚, 𝙨𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙙𝙚𝙢𝙤𝙨𝙩𝙧𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙢𝙞 𝙫𝙖𝙡𝙞́𝙖. Por eso aprecio el ejemplo de José Knight. Aunque vivía a kilómetros de José Smith, hacía el viaje una y otra vez para ayudar en la obra de la Restauración, trayendo suministros y apoyo. Lo que más me llama la atención es lo desinteresado que era: no servía para recibir reconocimiento, sino porque realmente quería ayudar. Cuando recuerdo su humildad tranquila y constante, me inspira a servir con amor en lugar de buscar atención. Me recuerda que el Señor valora un corazón dispuesto más que muestras llamativas de habilidad.
𝗟𝗲́𝗲𝗹𝗼:
“Y nadie puede ayudar en ella a menos que sea humilde y lleno de amor, y tenga fe, esperanza y caridad, y sea moderado en todas las cosas, cualesquiera que le fueren confiadas.” (D&C 12:8)
𝗠𝗲𝗱𝗶́𝘁𝗮𝗹𝗼:
Este versículo me empuja a preguntarme: ¿𝙀𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙖𝙛𝙧𝙤𝙣𝙩𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙢𝙞𝙨 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙤𝙣𝙨𝙖𝙗𝙞𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙𝙚𝙨 𝙘𝙤𝙣 𝙝𝙪𝙢𝙞𝙡𝙙𝙖𝙙 𝙤 𝙢𝙚 𝙚𝙨𝙩𝙤𝙮 𝙚𝙣𝙛𝙤𝙘𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙢𝙖́𝙨 𝙚𝙣 𝙘𝙤́𝙢𝙤 𝙢𝙚 𝙫𝙚𝙧𝙖́𝙣 𝙡𝙤𝙨 𝙙𝙚𝙢𝙖́𝙨? Es un toque de realidad. Si dejo que la fe, el amor y la paciencia me guíen, estaré más preparado para manejar lo que se me confíe. Y seamos sinceros: cuando me concentro en esas cualidades, no solo hago un mejor trabajo, sino que también me siento más en paz.
𝗔𝗽𝗹𝗶́𝗾𝘂𝗲𝗹𝗼:
¿𝘾𝙪𝙖́𝙣𝙙𝙤 𝙝𝙚 𝙙𝙚𝙟𝙖𝙙𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝙝𝙪𝙢𝙞𝙡𝙙𝙖𝙙 𝙮 𝙚𝙡 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙜𝙪𝙞́𝙚𝙣 𝙢𝙞𝙨 𝙖𝙘𝙘𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨 𝙚𝙣 𝙡𝙪𝙜𝙖𝙧 𝙙𝙚 𝙞𝙣𝙩𝙚𝙣𝙩𝙖𝙧 𝙙𝙚𝙢𝙤𝙨𝙩𝙧𝙖𝙧 𝙖𝙡𝙜𝙤, 𝙮 𝙘𝙤́𝙢𝙤 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙤́ 𝙚𝙡 𝙧𝙚𝙨𝙪𝙡𝙩𝙖𝙙𝙤?