05/04/2026
Para los que les gusta leer, comparto la reflexión de un pastor amigo, pensando en hoy, que celebramos la resurrección de nuestro salvador Jesucristo.
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RESURRECCIÓN.
La resurrección de Jesucristo constituye el eje de la fe cristiana y la estructura doctrinal del Nuevo Testamento. No es un postulado dogmático aislado, sino un evento enraizado en la literatura profética y sapiencial del Antiguo Testamento.
Job articula una fe temprana en la resurrección corporal: “Yo sé que mi Redentor vive”. Job esperaba una vindicación física: “en mi carne he de ver a Dios”. Isaías presenta al Siervo que, tras ser “cortado de la tierra de los vivientes”, viviría largos días, paradoja que solo resuelve la resurrección.
El Salmo 16:10 fue texto clave de la iglesia primitiva: “No dejarás mi vida en el sepulcro, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. Proverbios 14:32 añade que “el justo tiene un refugio cuando muere”, prefigurando la vida eterna inaugurada por Cristo.
Tras la crucifixión, los discípulos vivían en miedo y encierro. Días después proclamaban públicamente ante quienes ejecutaron a su Maestro.
Nadie entrega su vida por algo que es falso. El caso de Pedro, de negar a Jesús ante una sirvienta a predicar ante el Sanedrín, lo demuestra.
Las mujeres, cuyo testimonio carecía de valor jurídico, son presentadas como primeras testigos del sepulcro vacío: ningún fabricante de relatos habría elegido esos testigos. Jesús come pescado, invita a Tomás a tocar sus heridas y mantiene conversaciones físicas. El cuerpo es parte integral de la redención divina, no una cárcel del alma.
Santiago, hermano incrédulo de Jesús, se convierte en líder de la iglesia hasta su martirio. Saulo, perseguidor activo, experimenta una transformación que exige una causa externa de magnitud extraordinaria.
Sin apoyo militar ni político, el movimiento se extendió proclamando que el verdadero Señor no era el César, sino un profeta judío ejecutado y vindicado por Dios. Mujeres, esclavos y pobres hallaron en la iglesia una igualdad radical que transformó el tejido del Imperio Romano.
Acusar a los discípulos de robar el cuerpo fue admitir implícitamente que la tumba estaba vacía.
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté mu**to, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”.
Juan 11:25-26 (RVR1960)
Con esperanza, bendiciones.
Pr. Héctor Muñoz O.