30/06/2025
EN MINORÍA, PERO REVERENTES
2ª Corintios 2.17
Pastor José Luis Cortés Recabarren
Iglesia Bíblica Redención
Introducción. -
¿Se ha sentido Ud. minoría en un grupo social? Ya sea en su familia, su vecindario, su curso, en el trabajo. ¿Cómo se siente ser minoría? ¿Qué se siente ir hacia un lado cuando los más nadan hacia el sentido contrario, y además ellos te hacen sentir como estás fuera de tiesto?
Si hacemos un cálculo sobre la base de la población mundial, es seguro que los creyentes genuinos (personas regeneradas y transformadas) son una minoría, y, aún así, esta minoría lucha por mantener el nombre de Cristo en alto. Sin embargo, me temo que es fácil deducir que haciendo ahora un cálculo solo de las iglesias “cristianas”, también es un número no mayor al de congregaciones fieles y piadosas. Pero aún más, si ahora consideramos sólo a los ministros del evangelio, tenemos un número creciente de falsos maestros, falsos apóstoles y profetas que abundan y están multiplicándose a una velocidad impresionante.
Y ¿por qué traigo a colación esto? Pues para tratar de ilustrar que también Pablo nos relata dos mundos opuestos, el de los falsificadores de la fe, y los poco -incluyendo él- que actuaban con temor de Dios, en el cuál era una minoría. Y que la presencia de los primeros era una de las grandes causas del lamentable estado espiritual de los creyentes y, en particular, explica el por qué había tanta oposición hacia su persona.
Pablo, que hasta el momento había sido el blanco predilecto de los ataques de los falsos apóstoles de Corinto, ahora pasa al contraataque, y a desenmascarar a toda esta tropa de falsos representantes del evangelio, o más bien dicho, los fieles representantes del falso evangelio, escoja Ud. la forma como mejor podríamos describirlos. La iglesia en Corinto mantenía en su interior dos mundos opuestos, y ya era hora de desenmascarar y exhibir las cualidades que estos falsos tenían, a fin de que por fin la iglesia de Corinto pudiera deshacerse de los tales, si quería seguir por el camino de la edificación piadosa en Cristo, o por la autodestrucción. Ellos debían escoger. Pablo era minoría.
Pablo, a pesar de ser minoría, él expone la falsedad de esa mayoría que, aunque era mayoría estaba muy lejos del modelo de Dios. Esta predicación nos permitirá no sólo saber cómo identificar a los muchos falsos, sino reconocer a los pocos fieles y piadosos ministros del evangelio, y además estar tranquilos de que no obstante no ser parte de la mayoría, estamos bajo la bendición de Dios.
Desarrollo. -
A) CUALIDADES DE LA MAYORÍA (En Corinto). -
1. El número no dice nada. Dice Pablo que “no somos como muchos”, de la palabra griega πολύς, que significa abundante, muchos, gran, mayoría o mucho en número. Se usa por ejemplo en los Evangelios para hablar de las “grandes” multitudes. Para algunos autores[1], Pablo está usando una hipérbole o exageración, sin embargo, frente al gran número de adversarios que Pablo tenía en Corinto, para él era una gran cantidad frente a su solitario ministerio de corrección espiritual. Y nótese que, para Pablo, esto de ser minoría no lo afectaba en nada, a diferencia de hoy en que muchos creyentes van tras las luces, lo grandioso o lo cuantioso, donde haya cientos o miles de personas congregándose en un lugar, pero sin importarles la sana doctrina, el carácter de sus ministros o la vida piadosa y el amor mutuo de sus miembros.
Un ejemplo de esto es la iglesia en Guatemala denominada Mega Frater, con nada más y nada menos 20.000 miembros ¡solo al año 2016!, fundada por el famoso falso maestro Cash Luna, y conocida por la predicación del famoso evangelio de la prosperidad. Les relato ahora la visita que el hermano Steven Morales, miembro de la Iglesia Reforma de Guatemala, hizo a esta mega iglesia (escribo solo algunos extractos)[2]:
“Mi esposa y yo entramos al área de la iglesia a través de una entrada de cuatro carriles de circulación vehicular. Inmediatamente recordé mi visita a Disney World a finales del año pasado. Un sistema bien organizado de estacionamiento permitió a muchos que entrábamos encontrar un espacio para estacionar y unirnos a la multitud de personas que ingresaban al edificio. ¡Era realmente impresionante! Ese domingo se celebró la Cena del Señor, y se llevó a cabo de la misma manera en que lo he visto en muchas iglesias pequeñas. El pastor leyó 1 Corintios 11, mencionó la necesidad del arrepentimiento, comió el pan, bebió el vino (jugo en realidad) y oró. Finalmente, el mismo pastor abrió su Biblia. Lo que pensé que era el comienzo del sermón fue realmente la introducción para la ofrenda. El pastor fue al libro de Job: “Y el Señor dijo a Satanás: “¿Te has fijado en Mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra; es un hombre intachable (íntegro) y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.” Satanás respondió al Señor: “¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho Tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra”, Job 1:8-9. Un pasaje sorprendente y, de primera mano, no fácil de entender. Este pastor interpretó este pasaje de la siguiente manera: Job era un hombre que daba diariamente ofrendas y sacrificios a Dios. El mismo diablo sabe que cuando Job dio y ofrendó, Dios puso una valla a su alrededor para protegerlo tanto a él como a sus pertenencias. Por lo tanto, nosotros debemos dar para que seamos bendecidos y así nuestra bendición pueda ser protegida del diablo. Después de dar unos minutos para que las personas llenaran sus sobres con efectivo, cheques o con los datos de su tarjeta de crédito, el pastor terminó con una oración declarando que “Dios ha colocado su valla de protección alrededor nuestro y ha prometido prosperarnos. Pensé que nunca en mi vida escucharía una peor interpretación de Job. Pero, estaba equivocado. El pastor principal de la iglesia estaba de vacaciones, así que un predicador de otro país había sido invitado para dar el sermón. Después de varios chistes, comenzó con su historia de Job. Job era el hombre más rico y justo sobre la faz de la tierra. El libro de Job es acerca de cómo Satanás atacó a Job para quitarle sus riquezas, pero al final, Dios revierte esos ataques y los convierte en bendiciones. Satanás detesta que nosotros ofrezcamos sacrificios a Dios porque esos sacrificios aseguran una valla de protección (compuesta por guardaespaldas angelicales) alrededor nuestro. Esa es la razón por la cual Satanás tomó primero los animales: así ya no podría sacrificar animales y tener esa valla”. ¡Plop! “No comments”
2. El falso evangelio lucrativo y falso. Continúa Pablo diciendo “que comercian con la palabra de Dios” (LBA) o “que medran falsificando la Palabra de Dios” (RV1960)
Medrar, del griego kapēleuō acá implica dos grandes ideas. Primero, la de traficar o lucrar, exponer algo con un interés económico. Y junto a esto está la idea de adulterar, pues la palabra se aplicaba en esos tiempos a engañar a un comprador diluyendo el vino con agua, vendiendo un producto adulterado, falso, o vendiendo imitaciones de algo, y que era lo común en los vendedores ambulantes de aquella época (y aún hoy). John Mac Arthur denomina a los tales como un charlatán o estafador, de manera que “Pablo tenía en mente a los falsos apóstoles de Corinto, quienes medraban una mezcla corrupta de verdad divina y legalismo judío a los corintios”[3].
Los charlatanes de la fe mezclan ciertas verdades escogidas con pinzas con ideas paganas o mundanas basadas en la psicología o las terapias modernas de la automotivación personal. Y ¿para qué lo hacen? Fundamentalmente para sacarnos el dinero del bolsillo aduciendo falsas ideas espirituales sobre la abundancia económica. Se trata más bien de una especie de extorsión positiva: si me das, Dios te dará; si no me das, Dios te arruinará. Frente a esta extorsión, las personas ingenuas caerán en la trampa ya sea por el temor a perder algo o bien por la avaricia de tener más. Los falsos siempre recurren a nuestros más bajos instintos.
Ejemplos de modernos charlatanes y avaros de la fe son: el famoso tele evangelista Kenneth Copeland, que posee una entrada anual aproximada de 18 millones de dólares. Joel Osteen, 70 millones, y Benni Hinn, solo 8 millones, entre muchos otros. ¡Esto es un insulto al evangelio y al Señor que dio gratuitamente su vida por su pueblo! ¿Y cómo obtienen tanto dinero? Pues vendiendo un evangelio falsificado.
El que vende un producto falsificado altera sus bondades. Lo mismo pasa con los falsos. Pero la pregunta, esta falsificación es nueva para los judíos. ¡Para nada! La falsedad espiritual es tan vieja como el pecado. Prorrumpe ya con el engaño de Satanás a Eva, que le prometió ser como Dios, y siguió siglo tras siglo. Tanto es así que los propios profetas de Dios que declararon la verdad inerrable y pura también se enfrentaron y pusieron al descubierto a los falsos profetas de su época.
Por ejemplo, el caso del profeta Jeremías, quien fue tajante con los tales, cuando dijo: “los profetas serán como el viento, porque no hay en ellos palabra” (Jeremías 5.13) O cuando Ezequiel habló de esta manera de los pastores de Israel: “Coméis la grosura, y os vestís de la lana, la engordada degolláis, más no apacentáis a las ovejas” (Ezequiel 34.3) Permítanme hacer una paráfrasis contemporánea de este texto: “Comen en los restaurantes más caros, se visten con los trajes más lujosos, conducen el carro último modelo y cero kilómetros, pero no se preocupan de verdad por el estado de sus hermanos en la fe a quienes supuestamente dirigen”.
Como dice el dicho: “Cualquier semejanza con la realidad NO ES mera coincidencia”. Pero lo más increíble, hermanos, es que los falsos abundaban, pero los verdaderos escaseaban, tal como ocurre hoy en día. La historia vuelve a repetirse.
Pero aquellos falsos deben considerar la seria advertencia de Dios, porque el salmista escribió lo siguiente: “Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente” (Salmos 92.7) Aunque pueden ser muchos -o la mayoría-, igualmente perecerán, pero la minoría que obedeció al Señor permanecerá. Esa es la pura verdad.
Por tanto, no se trata solo de un evangelio adaptado a nuestros más bajos instintos, sino que es presentado por charlatanes o traficantes de la fe. Y es acá donde Pablo pone la gran diferencia, puesto que solo hay un solo evangelio, y otra cosa importante es quien y cómo, o con qué motivación presentamos el evangelio de Cristo. Pablo les hace ver a los Corintios la gran diferencia entre él y los charlatanes del primer siglo.
b ) CUALIDADES DE LA MINORÍA.
1. La cualidad del verdadero emisario. “Con sinceridad”. Esto habla del carácter piadoso del fiel ministro de Dios, a diferencia de los charlatanes que ponen el acento en el carisma, la verborrea y el histrionismo para cautivar a las masas. Pero ¿Por qué Pablo enfatiza más bien el carácter piadoso? Porque la palabra sinceridad proviene o implica la idea de transparencia, sinceridad y franqueza. William Mac Donald señala: “Su ministerio era sincero y franco. No había trucos ni subterfugios en relación con ello”[4]. Todo él estaba a la vista. John Mac Arthur agrega: “La vida pura de Pablo y su mensaje no adulterado se sostendrían ante el más cercano escrutinio”[5]. Y Sugel Michelén agrega: “Cuando Pablo predicaba el evangelio, su preocupación no era la aprobación de los hombres; lo que lo dominaba era el hecho de estar bajo la mirada escrutadora de Dios”[6]. Pablo no tenía propósitos ocultos, tal como sucede con los actuales charlatanes de la fe, que no dicen que aman el dinero, pero viven a costa del dinero de los más pobres sin ningún remordimiento, y a cuerpo de rey.
Para el verdadero ministro del evangelio, su oficio es un llamado de gracia que se toma con temor, temblor y gratitud, y pone en su corazón una carga sincera por el bienestar de sus ovejas aun a costa de su propia comodidad. Y no anda vociferando a todos los vientos que es un representante del Dios vivo. En cambio, el falso ministro solo ocupa el ministerio para sus fines egoístas, emplea varias horas para convencer a sus feligreses para que den abundantemente, pero no siente ninguna responsabilidad ante las pobrezas de aquellos o por sus dificultades y p***s que pasan. Al parecer Corinto estaba plagado de tales falsos ministros (al igual que hoy). Por eso Pablo aparece como una minoría.
2. El temor reverente de los verdaderos ministros. “como de parte de Dios, y delante de Dios”. ¡Vaya que expresión más poética y maravillosa escogida por Pablo! Creo que no había otra fórmula más exacta para describir la forma como debe hablar, enseñar y/o predicar un verdadero ministro de Dios.
Pero ¿qué significa? Tres cosas fundamentalmente:
- Primero: “de parte de Dios”. El verdadero ministro no habla por sí o usando sus propias palabras, sino que ha de limitarse a enseñar las palabras de Dios que están en las Escrituras, tal cual fueron dadas. El ministro ha de tener un temor reverente y un cuidado máximo de no tergiversar, añadir o alterar en nada el mensaje de Dios. No estamos para interpretar a nuestro antojo, tampoco para restar algo para no ofender a la audiencia, o agregar algo solo para maravillar a la audiencia con teorías extravagantes. Debemos tener presente la solemne declaración de Apocalipsis 22.18-19 y Deuteronomio 4.2: no añadir ni quitar, sino decir exactamente lo que dice. Dios sanciona gravemente su infracción.
Sugel Michelén lo dice de la siguiente forma: “una vez que se adueña de nosotros la convicción de que Dios actúa hablando, no podemos hacer otra cosa que hablar nosotros también, pero solo para que Su voz sea escuchada en la exposición”[7].
Hermanos, más que escuchar al predicador, tienen que escuchar al Señor a través de Su palabra. El sermón hace eso, exponer la Palabra y no las ideas personales del predicador. El predicador ha de ajustarse a los límites de la palabra, para lo cual ha de estudiarla rigurosamente, y exponerla con el poder del Espíritu. Todo lo que esté fuera de eso no es más que burda charlatanería.
- Segundo: “delante de Dios”. Significa vivir en la presencia consciente de Dios, buscando agradarle y cumplir su voluntad, con la conciencia de que Él ve y conoce todas nuestras acciones y pensamientos. Implica un estilo de vida de integridad, obediencia y devoción, reconociendo la autoridad y santidad de Dios. El genuino predicador predica con temor reverente. Para él el púlpito es un lugar sagrado que ha de respetarse. Y está consciente que quien primero escucha el sermón es Dios mismo.
Por esta razón, el genuino ministro no usa el púlpito para propagandearse, o para hacer de la prédica un circo, contando chistes o solo su experiencia personal. El predicador es un heraldo de Dios y no un payaso; es quien anuncia la Palabra tal como ha sido dada a nosotros. ¿Por qué? Porque es la Palabra inspirada de Dios, el soplo mismo del Creador.
¿Cómo podemos entender mejor esto de ser “heraldos” de Dios? Permítanme reproducir lo que dice Sugel Michelén al respecto:
“Actualmente, cuando un gobernante quiere transmitir un mensaje al pueblo organiza una rueda de prensa. En la antigüedad enviaban a un heraldo o pregonero que tenía la responsabilidad de comunicar fielmente los anuncios o decretos del rey en voz alta y con autoridad. La voz del heraldo debía de ser escuchada y obedecida como si fuera la voz del rey mismo porque el heraldo no hablaba por su propia cuenta ni transmitía sus propias palabras”[8].
¿Qué vamos a escuchar los domingos? ¿La voz de Dios o las palabras de un ser humano? Y si es la voz de Dios, ¿tememos a ella y la obedecemos?
Tercero: “hablamos en Cristo”. Es decir, en Su nombre, dando autoridad a Su Palabra. No hablamos por nuestra cuenta. Los textos no son de nuestra autoría. Provienen del Dios Altísimo. Y como hablamos EN y CON Su autoridad, ha de ser obedecida. Esto es exactamente lo que hacían los profetas del Antiguo Testamento, cuando comenzaban sus palabras con: “El Señor ha dicho”. Esto implica una revelación directa de Dios, es decir, es el mismo Dios quien ha hecho una declaración o ha transmitido un mensaje. En cambio, los charlatanes hablan en su propio nombre porque se trata de ideas propias y humanas. Su prédica no tiene el poder del Espíritu sino solo un convencimiento superficial que solo llega al alma, a lo superficial y, por tanto, no transforma nuestras vidas.
Conclusión. –
Vivimos hoy en mundos opuestos. Por un lado, la verdad, por el otro los charlatanes de la falsedad. No ha cambiado mucho el mundo ¿verdad? Pero el punto principal es si nosotros estamos aptos para distinguir entre lo uno y lo otro, entre un mensaje serio, reverente y que se ajusta a la Palabra, de otro que no es más que una invención dada para beneficio personal, y extravagante. La única forma de ajustar el sentido espiritual acá es empaparse más de la Palabra y más de la predicación expositiva. Debemos oír también de una forma bíblica, y juzgar la palabra dada cada domingo. Los pastores no estamos ni debemos estar excluidos del escrutinio público de la congregación, no somos intocables, pues rendiremos a Dios cuentas de si lo hicimos honestamente o no. Pero tú, hermano(a), ¿sabes diferenciar a uno de otro? ¿Hasta dónde estás capacitado para no dejarte llevar por los falsos mensajes ni maravillar por los falsos maestros? ¡Esa es tú responsabilidad!
¡A Dios sea la gloria!