01/05/2026
*¿Por qué ser parte de una iglesia? Pr. Alejandro Pooley*
El domingo pasado, al cerrar la serie “Fe recargada” reflexionamos sobre algo fundamental para nuestra vida de fe:¿por qué es tan importante ser parte de una iglesia?. Al iniciar se usó una imagen muy concreta: un completo sin pan. Así de incoherente es un discípulo de Jesús que pretende vivir la fe sin una comunidad; es, en el fondo, una contradicción en sí mismo.
Recordamos que la iglesia no es un edificio ni una institución de “servicio al cliente”. Es la familia de Dios, el cuerpo de Cristo, un templo formado por piedras vivas. Fue fundada por Jesús e inaugurada por el Espíritu Santo con un propósito claro: ser sus testigos en el mundo.
También profundizamos en hechos 2:41-47 en doce dimensiones que vemos en la iglesia primitiva: la enseñanza, la comunión, el partimiento del pan y la oración, entre otras. Todo esto se puede resumir en cuatro sellos que caracterizan a una iglesia saludable: una fe que crece, una comunidad real donde nos acompañamos, un amor al prójimo que se expresa en generosidad, y una misión clara de reconciliar a otros con Dios.
Pero quizás lo más desafiante fue recordar nuestra responsabilidad personal en el cuidado de la comunidad. No podemos esperar que “la institución” funcione bien si nosotros no nos hacemos cargo de nuestra propia vida y conducta. Por eso mencionamos el “Principio de Bob”, como un llamado a la autoconsciencia, para no transformarnos en fuentes de división o toxicidad dentro de la iglesia.
Terminamos con una invitación concreta: perseverar juntos en la Palabra, la comunión, la mesa y la oración. Porque somos esas piedras vivas con las que Dios está edificando algo verdaderamente hermoso.