08/31/2026
Marcos 7:31
Debemos llegar a un punto donde tengamos el sentir de orar e interceder por nuestros hermanos. Cuando veamos a alguien en necesidad, mal espiritualmente o alejándose de Dios, que nazca en nosotros ese deseo de verlo restaurado y salvo.
Sabemos que la salvación es individual, pero nuestro deseo por esa persona debe llevarnos a interceder por ella.
A veces será necesario escuchar la voz de Dios y llegar al lugar donde Él quiere llevarnos, pero debemos estar dispuestos a que primero haga una obra en nosotros. Dios quiere tratar con nuestra vida y con Su iglesia; Él quiere un pueblo limpio y sensible a Su voz.
No podemos llegar a estar sordos espiritualmente, sin poder escuchar cuando Dios habla. Debemos estar siempre dispuestos a escuchar y obedecer Su voz.
Escuchar la voz de Dios es absolutamente indispensable
Hechos 22:6-16
Servimos a un Dios que nos habla, pero muchas veces nos ponemos nerviosos cuando realmente nos habla. Podemos leer, estudiar y compartir versículos, pero cuando el Espíritu Santo se manifiesta, reaccionamos de una manera diferente a lo que aparentamos querer: tratamos de evitarlo o apagarlo.
En Hechos vemos constantemente cómo Dios hablaba y dirigía a Su pueblo. Entonces, la pregunta no es solamente: ¿Puede Dios hablar? La pregunta que realmente debe incomodarnos es: ¿Tenemos nosotros el oído, la humildad y el valor para escucharlo cuando Él habla?
Oír no es lo mismo que entender. En la conversión de Pablo vemos que Dios habló, pero no todos respondieron de la misma manera.
Incluso en un mismo culto, bajo la misma presencia de Dios, unos pueden ser transformados y otros salir exactamente igual. No porque Dios tenga favoritos, sino porque escuchar de verdad requiere más que estar presente; requiere un corazón dispuesto y hambriento por Dios.