09/08/2026
¿SOMOS TODOS MAESTROS?
por M.F. Vasconcelos - Predica La Palabra
El desear predicar o enseñar La Palabra es bueno, si se hace por las razones correctas: Dar Gloria a Dios, edificar a quienes escuchan y transmitir las buenas nuevas de salvación para alcanzar a aquellos que no conocen al Señor. Pero es malo querer hacerlo por los motivos equivocados: para gloria personal, por lucro, o hacerlo por los motivos correctos pero sin el debido estudio y preparación, hay quienes incluso recurren a plagiar material y estudios hechos por otros y hacerlos pasar por propios, pensando que de esta forma sirven a Dios, pero NO debemos asociar a Dios con algo que involucra pecar deliberadamente y desobedecerlo, sería tanto como querer robar para "ofrendar" a Dios y esperar que El se agrade de eso. Vivimos nuestra vida delante de Dios, no importa si recibimos aplausos y aprobación de los hombres si Dios nos reprueba, examine su vida y sus motivos para querer enseñar y predicar, en el cristianismo el fin NO justifica los medios.
Una de las evidencias más visibles de nuestra fe, es la manera en que hablamos. Santiago nos hace ver la importancia de esto en casi cada capítulo de esta carta. En el capítulo uno vemos la importancia de ser tardo para hablar, de no apresurarnos a querer hablar de parte de Dios o querer predicar o enseñar sin prepararse adecuadamente. Ahora nuevamente nos advierte acerca de la seriedad y la responsabilidad de hablar de parte de Dios. Hay condenación no solamente para quienes enseñan la verdad y ellos mismos no la practican, sino también para aquellos que enseñan doctrinas erróneas.
El objetivo de todo predicador o Maestro de La Palabra debe ser transmitir fielmente el mensaje de Dios para agradarlo y glorificarlo a Él, no para entretener o agradar a los oyentes. La verdad de Dios, aunque resulte dura o incomoda transmite vida, una verdad diluida o adulterada, aunque resulte agradable al oído, sólo lleva condenación a quienes escuchan y a quien la predica o enseña. La mayoría de personas aman los privilegios de “altar”, pasar al frente y ser vistos, también el escuchar que “Dios los usa” o que son de “gran bendición”, pero NO basta ser elocuente, ni tener “carisma” o resultarle simpático a las personas, estás son cualidades que tal vez podría desear alguien en una persona que se dedique al entretenimiento, pero NO en un MAESTRO sobre todo si para usted lo que aprende de él es de vital importancia. Nadie pagaría por asistir a la universidad más costosa ni invertiría años de su vida allí escuchando a un comediante que actúa como maestro pero que sabe poco o nada acerca de la carrera que está enseñando, el precio que paga una persona por escuchar a un falso maestro es su propia eternidad. Escuchar a un falso maestro (alguien que enseña doctrinas erróneas) guiará a las personas a escuchar y recibir un falso evangelio, el cual, aunque esté marcado como camino a salvación, su fin es condenación eterna.
La aprobación de un verdadero servidor de Dios NO viene de los hombres sino de Dios, y Dios advierte a TODO hombre que le sirve como predicador que procure con toda diligencia presentarse delante de Él, como un obrero aprobado que no tiene de qué avergonzarse pues utiliza La Palabra correctamente (2ª.Timoteo 2:15).
Por Predica La Palabra, publicado originalmente el 15 de septiembre de 2013.