07/10/2026
¿Qué podemos aprender del desastre?.
En medio del desastre y de sus consecuencias, Dios está presente y listo para restaurarnos.
Isaías 55:8-9
Reina-Valera 1960
8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Reflexión
Cada vez que ocurre un desastre, surgen preguntas de inmediato: ¿Por qué permite el Señor que sucedan cosas malas? ¿Dónde está Él en medio del sufrimiento?
Estas son preguntas antiguas: Job las hizo, los salmistas también, y los creyentes a lo largo de los siglos han luchado con ellas. El pasaje de hoy nos recuerda que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los nuestros. No es una respuesta escurridiza; es el reconocimiento de que vivimos en un mundo caído, donde operan leyes naturales, existe el libre albedrío y el sufrimiento toca a todos, justos e injustos (Mt 5.45).
Dios no es el autor del mal ni planea las tragedias. Sin embargo, Él es soberano: nada escapa a su conocimiento ni a sus propósitos. Esta verdad está en el corazón de nuestra fe. Dios se duele con nosotros en el sufrimiento y, a la vez, obra de forma redentora en medio de este. No siempre interviene, pero está presente tras el desastre, trayendo consuelo, fortaleza y restauración.
Debemos resistir la tentación de simplificar los caminos de Dios en fórmulas comprensibles. Cuando no logremos entender sus propósitos, permanezcamos firmes en lo que la Biblia revela: Él es fiel, está presente en el sufrimiento y, al final, triunfará sobre todo mal (Ap 21.4).
Buen fin de semana ❤️🙏