30/08/2026
Queridos Hermanos Templarios, detengámonos a temblar ante la gravedad de estas palabras, porque no son una advertencia liviana, sino el filo de una espada que examina lo más hondo de nuestra alma. Cuidemos el templo vivo que Dios ha levantado en cada uno de nosotros, ese santuario donde no puede habitar la discordia. Cuando el veneno de la ira asoma a nuestros labios y el orgullo busca herir al compañero de milicia, no solo estamos quebrantando la paz de la Orden, sino encendiendo un fuego destructor ante el mismo trono de la Santísima Trinidad.
Recordemos nuestro juramento sagrado, aquel que sepultó al hombre viejo bajo la túnica blanca y el manto rojo de la caridad y la entrega. Cada ofensa lanzada contra un hermano es una herida abierta en nuestro propio cuerpo, una traición al santo propósito que nos unió bajo la Cruz del Temple. Purifiquemos el corazón antes de que el sol se ponga sobre nuestro enojo, guardemos la lengua del desprecio y seamos fieles al mandato del amor fraterno, para que nuestra espada jamás se vuelva contra aquellos con quienes estamos llamados a compartir la misma trinchera y la misma gloria eterna.
Quien ose pisotear estos sagrados designios y siembre la cizaña del odio entre aquellos que visten su misma cruz, ya ha firmado su propia caída; pues el brazo de Dios no tardará en quebrantar su soberbia, arrojándolo a las tinieblas donde su propia dureza de corazón se convertirá en su condena eterna.
«El que se airá contra su hermano es reo de juicio; el que á la ira añade alguna palabra de afrenta, es reo de Concilio, el que le infiere una grave injuria, llamándole fatuo ó impío, es reo del fuego del in****no.»
En el mismo instante en que se encienda la ira en tu corazón, en el tribunal de la Santísima Trinidad se empezará á tratar de la venganza contra ti.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹