14/06/2026
¿Multiplicar o enterrar?
La parábola de los talentos:
Un hombre adinerado que iba a viajar, dejó encargados sus bienes a sus 3 siervos. Al primero le encargó 5 talentos (~170 Kg. de oro). Al segundo, 2 talentos (~68 Kg. de oro). Y al tercero le encargó 1 talento (~34 Kg. de oro).
Al volver, el hombre se reunió con sus siervos, los 2 primeros devolvieron la misma cantidad, además de lo que les dieron. Pero el último, desenterrando el talento que le confiaron, sólo devolvió lo que le entregó su señor, por lo que fue regañado: "Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré y junto donde no esparcí" (Mateo 25:26); lo que devolvió se le dio al que más tenía y se le fueron quitados todos sus bienes.
Esta parábola relatada por Jesús, que muchos conocemos, la podemos encontrar en Mateo 25:14-30, y nos enseña con un ejemplo tal vez un poco duro, que debemos de aprovechar las habilidades que nos da nuestros Dios, pero no para cualquier cosa, sino que para la obra de nuestro Dios.
Ahora, ¿cómo entendemos la actitud de este Señor que regañó a su último siervo si hizo algo que quizás consideremos correcto?. Si bien en la Biblia no se menciona, si que nos da algunos indicios de lo que el Señor esperaba de sus siervos, o hasta incluso puede que se los haya dicho: Él quería que esos talentos sean trabajados y den rendimiento. Otra cosa que no se nos dice es la ocupación de los siervos, pero considerando el contexto, es probable que hayan sido administradores al tomar en cuenta que se les entregaron recursos.
Los primeros 2 fueron obedientes, pero el otro por el temor a perder o fallar, decidió mejor enterrarlo, ocultarlo, y así desobedeció.
Si trasladamos esto a un contexto en el que Dios es el Señor, y lo que nos dió son habilidades y no dinero, entendemos mejor el porque de esa reacción. Dios nos ha dado diferente habilidades que podemos usar para su obra, algunos tendrán la habilidad de administrar, otros la de hablar, algunos tendrán la habilidad de cantar, otros la de dirigir; pero todos tenemos un talento que usado en la obra de Dios, sería de gran bendición, pero muchos decidimos no usarlo, ocultarlo, enterrarlo, ¿y sabes por qué?, así es, por la misma razón que la del último siervo. Por miedo. Y al no usarlo, terminamos perdiéndolo, no porque Dios nos lo quita, sino porque toda habilotad que no es usada, se debilitará y finalmente se perderá.
Lo curioso en esta historia es que a cada siervo se le dio según su capacidad, de la misma manera que Dios hace con cada uno de nosotros, porque Él conoce la capacidad de cada uno, por lo tanto no deberíamos sentirnos insuficientes, pues no es la cantidad de habilidades que tenemos lo que importa sino, lo que hacemos con las que ya disponemos, pues lo que Él más valora, es la predisposición, la confianza, la entrega y el amor para hacer las cosas.
¿Tienes algún talento enterrado?, ¿Ya sentiste el llamado para usar ese talento que tu sabes, para la obra del Señor? Esta puede ser esa señal para que uses esas habilidades que nuestro Dios nos dio para el avance de su obra, y así escuchar no un regaño, sino la más hermosa felicitación, acompañada de bendición:
"Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo dd tu Señor" (Mateo 25:21).