01/05/2026
| 1 de Mayo
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DE DIOS, POR DIOS Y PARA DIOS: LA
TRÍADA DE LA ADORACIÓN
“Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él.
¡A él sea la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:36).
E n el profundo versículo de Romanos 11:36, el apóstol Pablo nos revela los
tres pilares de la verdadera adoración: todo es de él, todo es por él y todo
es para él. Esta tríada nos invita a reflexionar profundamente sobre nuestra
relación con el Creador y la forma en que vivimos nuestra fe.
El primer pilar, “todo es suyo”, nos remonta al principio de la creación. Dios
existía antes que todo, y todo lo que existe le pertenece. Como dice el salmista
David: “Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo
habitan” (Sal. 24:1). Esta comprensión nos libera de la ilusión de que somos
dueños de algo, reconociendo que solo somos administradores de los bienes
que Dios nos confía.
El segundo pilar, “todo es por medio de él”, nos lleva a reconocer que nuestros
logros, capacidades y talentos no son fruto de nuestro esfuerzo, sino de la
providencia divina. Santiago 1:17 nos recuerda: “Toda buena dádiva y toda perfecta
bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras
celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras”. Esta conciencia
nos impide vanagloriarnos de nuestros logros, reconociendo que solo somos instrumentos
en las manos de Dios.
El tercer pilar, “todo es para él”, nos dirige al propósito final de nuestra existencia:
glorificar a Dios en todo lo que hacemos. Nuestras acciones, palabras y
pensamientos deben ser un reflejo del amor y la gracia de Dios, dando testimonio
de su poder y bondad al mundo.
Sin embargo, a menudo nos desviamos de estos principios, buscando la gloria
para nosotros mismos y olvidando que todo lo que tenemos y somos viene de
Dios. “El corazón que recibe la palabra de Dios no es como […] una cisterna rota
que pierde su tesoro. Es como el torrente de la montaña alimentado por fuentes
inagotables, cuyas aguas frescas y cristalinas saltan de una roca a otra, refrigerando
al cansado, al sediento y al cargado” (Palabras de Vida del Gran Maestro,
p. 100).
Ahora reflexiona: ¿Vivimos según los principios de la verdadera adoración,
reconociendo que todo es de él, por medio de él y para él?