Iglesia Cristiana Bíblica - Reformada

Iglesia Cristiana Bíblica - Reformada Predicar el evangelio de Cristo, edificar al pueblo de Dios y perseverar en gracia.

Y Dios por medio de Cristo y su evangelio, va agregando día a día, semana a semana, a la membresía oficial de su iglesia...
17/08/2026

Y Dios por medio de Cristo y su evangelio, va agregando día a día, semana a semana, a la membresía oficial de su iglesia 🙏✝️

Les compartimos algunas fotos del culto de hoy! 🙏✝️"Como tratemos a la Palabra de Dios, así nos irá. Si la recibimos con...
17/08/2026

Les compartimos algunas fotos del culto de hoy! 🙏✝️

"Como tratemos a la Palabra de Dios, así nos irá. Si la recibimos con atención, con fe y con corazón abierto, entonces el Señor nos dará más, porque al que tiene aún más se le dará".

Estamos en Santa Cruz de la Sierra Bolivia.
Contacto 69106775

15/08/2026

Arrepiéntete o Perecerás
Por –Arthur Pink

“Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3)

Estas fueron las palabras del Hijo de Dios encarnado. Nunca han sido canceladas, ni lo serán mientras exista este mundo. El arrepentimiento es absolutamente necesario si el pecador ha de hacer paz con Dios “¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo” Isa. 27:5, porque arrepentirse es echar a tierra las armas de rebelión contra Él. El arrepentimiento no salva, sin embargo ningún pecador jamás fue ni será salvado sin el mismo. Sólo Cristo salva, pero un corazón no arrepentido no lo puede recibir. Un pecador no puede creer verdaderamente hasta que se arrepiente.
Esto es visto claramente en las palabras de Cristo respecto a su precursor:“Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle” Mateo 21:32. Es evidente también en su llamado autoritario, (claro y fuerte como eran las órdenes que se pregonaban a son de trompeta), que hizo en Marcos 1:15: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” Es por esto que el apóstol Pablo testificaba “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). No te equivoques en este punto, estimado lector; Dios “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Al exigirnos el arrepentimiento, Dios reclama sus derechos justos sobre nosotros. Él es infinitamente digno de amor y honor supremo, y de obediencia universal. Maliciosamente se lo hemos negado. Nos requiere tanto un reconocimiento del mismo, como un cambio al respecto. Es necesario confesar y acabar con nuestro desapego para Él y nuestra rebelión contra Él. Así que, el arrepentimiento es darnos cuenta sinceramente de haber fracasado espantosamente, a través de toda la vida, en darle a Dios su puesto legítimo en nuestro corazón y vida cotidiana. La justicia de la demanda de Dios para mi arrrepentimiento es evidente si consideramos la naturaleza infame del pecado. El pecado es una renuncia de Aquél que me formó. Es negarle su derecho de gobernarme. Es mi determinación de agradarme a mi mismo, y por lo tanto es rebeldía contra el Todopoderoso. El pecado es anarquía espiritual, y menosprecio total por la autoridad de Dios. Es decir en mi corazón: “No me importa lo que Dios requiere; voy a hacer todo a mi manera. No me importan cuales sean sus derechos en mi vida; voy a ser mi propio señor.” Lector, ¿te das cuenta que has vivido así? 2 El arrepentimiento verdadero surge cuando, por la obra del Espíritu Santo en el corazón, nos damos cuenta sinceramente de que el pecado es sobremanera pecaminoso, y de lo terrible que es ignorar las demandas y desafiar la autoridad de Aquél que nos formó. Por lo tanto, consiste en un odio y horror santo por el pecado, y en una tristeza profunda por él. Además, consiste en la confesión honesta de él delante de Dios, y en un abandono sincero y completo del mismo. Dios no nos perdona hasta que esto se realiza. “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Prov. 28:13). En el verdadero arrepentimiento el corazón se vuelve a Dios y confiesa: “He ido en pos de un mundo vano que no puede satisfacer las necesidades de mi alma. Te abandoné a tí, la Fuente de Aguas de vida, yendo tras cisternas rotas que no retienen agua. Ahora reconozco y lamento mi necedad.” Y además, dice: “He sido un sujeto desleal y rebelde, pero ya no lo seré más. Ahora deseo y me propongo servirte y obedecerte con todas mis fuerzas, como mi único Señor. Dependo de tí como mi Porción presente y eterna.” Lector, profese ser cristiano o no, la opción es: arrepentirte o perecer. Para cada uno de nosotros, seamos miembros de alguna iglesia o no, no hay otra alternativa más que volverme o quemarme. Tienes que apartarte de caminar conforme a tu propia voluntad y gusto, y volverte a Dios con el corazón quebrantado, buscando su misericordia en Cristo. Tienes que volverte con el corazón plenamente decidido a agradarle y servirle a Él. De lo contrario, serás atormentado día y noche por los siglos de los siglos en el lago de fuego. ¿Cuál de los dos será? ¡Oh! arrodíllate ahora mismo y ruégale a Dios que te dé el espíritu de verdadero arrepentimiento.




15/08/2026

El nombre de Dios es blasfemado cuando la iglesia hace mal y cuando hay muchas ofensas. Cuando, sin embargo, la iglesia brilla con ornamentos sagrados […], el Señor será glorificado […]. Por lo tanto, obispos de la iglesia, el Señor los ha designado para que trabajen para que la iglesia esté en tal condición. Consecuentemente, si es su deseo que el Señor sea glorificado, sean muy diligentes para hacer que la iglesia esté en tal condición.


__ Wilhelmus Á Brakel

15/08/2026
10/08/2026

La primera y mayor obra de un cristiano gira en torno a su corazón. Allí es donde Dios habita mediante su Espíritu, en sus santos, y ahí es donde reinan el pecado y Satanás, en los impíos. Los grandes deberes y los grandes pecados son aquellos relacionados al corazón. Allí se encuentra la raíz del bien y del mal; la lengua y la vida no son otra cosa que frutos y expresiones de lo que habita dentro de nosotros.


__ Richard Baxter

¿Buscas una Iglesia de Sana Doctrina en Santa Cruz Bolivia? Te invitamos a unirte a nosotros. Adoremos juntos al Rey Sob...
08/08/2026

¿Buscas una Iglesia de Sana Doctrina en Santa Cruz Bolivia?
Te invitamos a unirte a nosotros.

Adoremos juntos al Rey Soberano, al Santo y Eterno, al Único Dios verdadero, Jesús el Salvador.

Horario: 10:00 am
Contacto: 69106775 📱


01/08/2026

《Y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros y escondednos de la presencia del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?》

▪︎ Apocalipsis 6:16-17

《Entonces los siguió otro ángel, el tercero, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino del furor de Dios, que está preparado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y en presencia del Cordero》.

▪︎ Apocalipsis 14:9-10

《Y el mar entregó los mu***os que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los mu***os que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras. Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda: el lago de fuego. Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego》.

▪︎ Apocalipsis 20:13-15

Pᴇʀᴏ, Gʟᴏʀɪᴀ ᴀ ɴᴜᴇsᴛʀᴏ Sᴇɴ̃ᴏʀ Jᴇsᴜᴄʀɪsᴛᴏ ǫᴜᴇ ɴᴏs ʜᴀ ʟɪʙʀᴀᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ɪʀᴀ ǫᴜᴇ ᴠᴇɴᴅʀᴀ́, ᴘᴏʀ sᴜ ᴠɪᴅᴀ, ᴘᴏʀ sᴜ ᴍᴜᴇʀᴛᴇ ʏ ᴘᴏʀ sᴜ ʀᴇsᴜʀʀᴇᴄᴄɪᴏ́ɴ ɴᴏs ʜᴀ ʜᴇᴄʜᴏ ʜᴇʀᴇᴅᴇʀᴏs ᴅᴇ sᴜ ʀᴇɪɴᴏ y ʀᴇᴄɪᴘɪᴇɴᴛᴇs ᴅᴇ sᴜ ɢʀᴀᴄɪᴀ ᴀsᴏᴍʙʀᴏsᴀ.

01/08/2026

¡Cuidado! Puedes estar tomando un vaso de agua contaminada con un par de gotitas de veneno.
Así como no tomarías un vaso envenenado, no debes recibir doctrina torcida y adulterada. Entiende pues que necesitas la sana doctrina, el evangelio puro no adulterado.



30/07/2026

𝐓𝐄𝐎𝐋𝐎𝐆𝐈́𝐀 𝐏𝐑𝐎𝐏𝐈𝐀 - 𝐃𝐎𝐂𝐓𝐑𝐈𝐍𝐀 𝐃𝐄 𝐃𝐈𝐎𝐒
A.W. Pink

𝐄𝐋 𝐏𝐎𝐃𝐄𝐑 𝐃𝐄 𝐃𝐈𝐎𝐒 (Omnipotencia)
“Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza” (Sal. 62:11) El poder de Dios es la facultad y la virtud por la cual puede hacer que se cumpla todo aquello que agrada, todo lo que le dicta su sabiduría infinita, todo lo que la pureza infinita de su voluntad determina. A menos que creamos que es, no sólo omnisciente, sino también omnipotente, no podemos tener un concepto correcto de Dios. El que no puede hacer todo lo que quiere y no puede llevar a cabo todo lo que se propone, no puede ser Dios. El tiene, no solo la voluntad para resolver aquello que le parece bueno, sino también el poder para llevarlo a cabo Así como la santidad es la hermosura de todos los atributos de Dios, su poder es el que da vida y acción a todas las perfecciones de la naturaleza Divina. ¡Qué vanos serían los consejos eternos si el poder no interviniera para cumplirlos! Sin el poder, su misericordia no sería sino una debilidad humana, sus promesas un sonido vacío, sus amenazas alarmas infundadas. El poder de Dios es como él mismo: infinito, eterno, inconmensurable; no puede se contenido, limitado ni frustrado por la criatura. “Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es la fortaleza” (Sal. 62:11). “Una vez habló Dios”, ¡no es necesario más! El cielo y la tierra pasarán, más su Palabra permanece para siempre. “Una vez habló Dios”, ¡Cuán digna es su majestad divina! Nosotros, pobres mortales, podemos hablar y, a menudo, no ser oídos; pero cuando él habla, el trueno de su poder se oye en mil colinas. “Y tronó en los cielos Jehová y el Altísimo dio su voz: granizo y carbones de fuego. Y envió sus saetas, y desbaratólos; y echó relámpagos, y los destruyó. Y aparecieron las honduras de las aguas, y descubriéronse los cimientos del mundo, a tu reprensión, oh Jehová, por el soplo del viento de tu nariz” (Sal. 18:13-15).

“Una vez habló Dios”. He aquí su autoridad inmutable. “Porque ¿quién en los cielos se igualará con Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados? (Sal. 89:6). “Y todos los moradores de la tierra por nada son contados; y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad; ni hay quien estorbe su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Dan. 4:35).
Esto se puso claramente de manifiesto cuando Dios se encarnó y habitó en el tabernáculo humano. El dijo al leproso: “Quiero; se limpio. Y luego su lepra fue limpiada” (Mat. 8:3). A uno que había estado cuatro días en la tumba le llamó, diciendo: “Lázaro, ven fuera”, y el mu**to salió. El viento tormentoso y las olas feroces fueron calmados con una simple palabra de su boca; y una legión de demonios no pudo resistirse a su mandato autoritario. “De Dios es la fortaleza”, y de Dios solo. Ni una sola criatura en todo el universo tiene un átomo de poder, si Dios no se lo ha dado. Su poder no puede adquirirse, ni está en las manos de ninguna otra autoridad. Pertenece inherentemente a Dios. “El poder de Dios, como El mismo, existe y se sostiene por sí mismo. El más poderoso de todos los hombres no podría añadir ni aumentar ni una pequeñez el poder del Omnipotente. El mismo es la causa central y el originador de todo poder. La creación entera confirma el gran poder de Dios y su completa independencia de todas las cosas creadas. Oigan su reto: “¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?” Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre que están fundadas sus basas? ¿O quién puso su piedra angular?” (Job 38:4-6) ¡Cuán cierto es que el orgullo del hombre está asentado sobre el polvo!. El poder es también usado como un nombre de Dios, “el Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia” (Mar. 14:62), es decir a la diestra de Dios. Dios y su poder son tan inseparables que son también recíprocos. Su esencia es inmensa, no puede ser limitada en el espacio; es eterna, no puede medirse en términos del tiempo; omnipotente no puede ser limitada con relación a la acción. “He aquí, estas son partes de sus caminos: más cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?” (Job. 26:14). ¿Quién es capaz de contar todos los monumentos de su poder? Incluso lo que en la creación visible, se muestra de su poder, está más allá de nuestra capacidad de comprensión; aún menos podemos concebir la omnipotencia misma. En la naturaleza de Dios hay infinitamente más poder del que todas sus obras revelan. “Partes de sus caminos” es lo que vemos en la creación, la providencia y la redención, pero sólo una pequeña parte de su poder se nos revela en ellas. Esto es lo que, con evidente claridad, nos dice Hab. 3:4: “Allí estaba escondida su fortaleza”. Es imposible hallar capítulo más grande y elocuente que éste, en el que hallamos tal riqueza de imágenes; sin embargo, nada supera su grandeza a esta declaración. El profeta vio en visión cómo, en una asombrosa demostración de poder, Dios desmenuzaba los montes. No obstante, el versículo mencionado dice que esto, lejos de ser una manifestación de poder, era una ocultación del mismo. ¿Qué significa esto? Sencillamente que el poder de la Divinidad es inconcebible, inmenso e incontrolable. Y que las terribles convulsiones que él actúa en la naturaleza son sólo una pequeña muestra de su poder infinito. Es muy hermoso poder unir los pasajes siguientes: “él... anda sobre las alturas de la mar” (Job 9:8), que expresa el poder irrefrenable de Dios; “mientras se pasea por la bóveda del cielo.” (Job 22:14), que expresa la inmensidad de su presencia; “él anda sobre las alas del viento” (Sal. 104:3), que nos habla de la rapidez de sus operaciones. Esta última expresión es muy interesante. No dice que “vuela” o “corre”, sino que “anda”, y que lo hace en las mismísimas “alas del viento”, uno de los elementos más impetuosos, capaz de ser lanzado con tremenda furia y de arrastrarlo todo con rapidez inconcebible, pero que, así y todo, esta bajo sus pies, y bajo su perfecto control. Consideremos ahora, el poder de Dios en la creación. “Tuyos los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú los fundaste. Al norte y al sur tú los creaste” (Sal. 89:11,12). Para trabajar, el hombre necesita herramientas y materiales, pero Dios no; una palabra sola creó todas las cosas de la nada. La inteligencia no puede comprenderlo. Dios “dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Sal. 33:9). Bien podemos exclamar: “Tuyo el brazo con valentía; fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra” (Sal. 89:13). ¿Quién, mirando el cielo a media noche y considerando el milagro de las estrellas con los ojos de la razón, puede dejar de preguntarse de que fueron formadas en sus órbitas? Por asombroso que parezca, fueron hechas sin materiales de ninguna clase. Brotaron del vacío mismo. La obra impotente de la naturaleza universal emergió de la nada, ¿Qué instrumentos usó el arquitecto Supremo para ajustar las diversas partes con exactitud tal, y para dar al conjunto un aspecto tan hermoso? ¿Cómo fue unido todo formando una estructura tan bien proporcionada y acabada? Un simple mandato lo consumó. “Sea”, dijo Dios, y no añadió más; y en seguida apareció el maravilloso edificio adornado con toda la belleza, desplegando perfecciones sin número, y declarando, con los serafines, la alabanza de su gran Creador. “Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca’” (Sal. 33:6). Consideren el poder de Dios en la conservación. Ninguna criatura tiene poder para conservarse a sí misma. “¿Crece el junco sin lodo? ¿Crece el prado sin agua?” (Job 8:11). Si no hubiera hierbas comestibles, tanto los hombres como las bestias morirían, y si la tierra no fuera refrescada por la lluvia fertilizadora, las hierbas se marchitarían y morirían. Por tanto, Dios es el Conservador “del hombre y el animal” (Sal. 36:6) El “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb. 1:3) ¡Qué milagro del poder divino en la vida prenatal del ser humano! El que un ser pueda vivir durante tantos meses, en un lugar tan reducido y sucio, y sin respirar, sería inexplicable si no fuera por el poder de Dios. Verdaderamente, “El es el que puso nuestra alma en vida” (Sal. 66:9).

La conservación de la tierra de la violencia del mar es otro ejemplo claro del poder de Dios. ¿Cómo ese furioso elemento se mantiene encerrado en los límites en los que El lo colocó en el principio, continuando allí sin inundar y destruir la parte baja de la creación? La posición natural del agua es sobre la tierra, puesto que es más ligera, e inmediatamente debajo del aire, porque es más pesada. ¿Quién refrena sus naturales cualidades? El hombre ciertamente no, ya que no podría. Lo que la reprime es el mandato de su creador: “Y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás delante, y aquí cesará la soberbia de tus olas” (Job 38:11). ¡Qué monumento más permanente al poder de Dios es la conservación del mundo! Consideremos el poder de Dios en el gobierno. Tomen por ejemplo, la sujeción en que tiene a Satanás. “El diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1Ped. 5:8). Está lleno de odio contra Dios y de enemistad furiosa contra los hombres, especialmente los santos. El que envidió a Adán en el paraíso, envidia la felicidad que para nosotros significa el disfrute de las bendiciones de Dios. Si pudiera, trataría a todos como trató a Job: enviaría fuego del cielo sobre los frutos de la tierra, destruiría el ganando, haría que un viento huracanado derribara las casas y cubriría nuestros cuerpos de sarna maligna. Sin embargo, aunque los hombres no se den cuenta de ello, Dios lo reprime hasta cierto punto, impidiéndole realizar sus propósitos malignos, y sujetándole a sus órdenes. Asimismo, Dios restringe la corrupción natural del hombre. El permite suficientes brotes del pecado como para mostrar la tremenda ruina que la apostasía del hombre ha producido, pero, ¿quién es capaz de imaginar los terribles extremos a los que el hombre llegaría si Dios retirara su brazo moderador? Todos los descendientes de Adán, por naturaleza, tienen bocas “llenas de maledicencia y de amargura; sus pies son ligeros a derramar sangre” (Rom. 3:14,15) ¡Cómo triunfarían el abuso y la locura obstinada si Dios no se impusiera y no edificara muros de contención a las mismas! “Alzaron los ríos, oh Jehová, alzaron los ríos su sonido; alzaron los ríos su estruendo. Jehová en las alturas es más poderoso que el estruendo de muchas aguas, más que las recias olas del mar.” (Sal. 93:3,4). Observemos el poder de Dios en sus juicios. Cuando Dios hiere, nadie puede resistírsele: “¿Estará firme tu corazón? ¿Estarán fuertes tus manos en los días cuando yo actúe contra ti? Yo, Jehová, he hablado y lo cumpliré” (Eze. 22:14.) ¡Qué ejemplo más terrible de ello el que nos ofrece el diluvio! Dios abrió las ventanas del cielo y rompió las fuentes del gran abismo, y la raza humana entera (excepto los que se hallaban en el arca), impotente ante el temporal de su ira, fue arrasada. Con una lluvia de fuego y azufre fueron destruidas las ciudades del valle. Faraón y todas sus huestes fueron impotentes cuando Dios sopló sobre ellos en el Mar Rojo. ¡Qué palabras más terribles las de Rom. 9:22! “¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira preparados para muerte?” Dios mostrará su gran poder sobre los reprobados, no sólo encarcelándolos en la Gehena, sino también conservando sus cuerpos, además de sus almas, en los tormentos eternos del lago de fuego. ¡Bien podemos temblar ante tal Dios! Tratar desdeñosamente a Aquel que puede aplastarnos como si fuéramos moscas, es una conducta suicida. Desafiar al que está vestido de omnipotencia, al que puede hacernos pedazos y arrojarnos al in****no al momento que lo desee, es el colmo de la locura. Para decirlo de la manera más clara: obedecer su mandamiento es, cuando menos, actuar con sensatez. “Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino, cuando se encendiere un poco su furor” (Sal. 2:12). ¡Bien hace el alma iluminada en adorar a un Dios semejante! Las perfecciones maravillosas e infinitas de un Ser así requieren la más ferviente adoración.

Si los hombres poderosos y de renombre reclaman la admiración del mundo, cuánto más debería llenarnos de asombro y reverencia el poder del Todopoderoso. “¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnifico en santidad, terrible en loores, hacedor de maravillas?” (Exo. 15:11) ¡Bien hace el santo en confiar en un Dios tal! El es digno de confianza implícita. Nada le es imposible. Si el poder de Dios fuera limitado. Podríamos desesperar, pero viéndole vestido de omnipotencia, ninguna oración es demasiado difícil para impedirle contestarla, ninguna necesidad demasiado grande para impedirle suplirla, ninguna pasión demasiado violenta para impedirle dominarla, ninguna tentación demasiado fuerte para impedirle librarnos de la misma, ninguna aflicción demasiado profunda para impedirle aliviarla. “Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?” (Sal. 27:1). “A Aquel que es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones de todas las edades, para siempre. Amen” (Efe. 3:20,21)

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Calle Castelnau N7
Santa Cruz De La Sierra
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