17/05/2026
HOY, VII DOMINGO DE PASCUA, CELEBRAMOS LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR. QUIEN CORONA SU VICTORIA ELEVÁNDOSE POR ENTRE LAS NUBES CUARENTA DÍAS DESPUÉS DE HABER RESUCITADO. DEJA ESTE MUNDO PARA VOLVER AL PADRE.
TAMBIÉN SE BENDIJO A TODAS LAS FAMILIAS PRESENTES.
"Hermanos y Hermanas:
La fiesta de la Ascensión del Señor puede prestarse fácilmente a una imagen demasiado “infantil”: como si Jesús simplemente hubiera “subido” entre las nubes hacia algún lugar del universo. Pero el Evangelio y la fe de la Iglesia quieren llevarnos mucho más lejos. El “cielo” de la Ascensión no es el cielo astronómico de las estrellas y galaxias. Cuando confesamos que Cristo “está sentado a la derecha del Padre”, hablamos en sentido teológico: Jesús entra plenamente en la gloria y en la presencia de Dios.
Por eso, los Hechos de los Apóstoles cuentan que los discípulos quedaron mirando al cielo, hasta que los ángeles les dicen: “¿Qué hacen ahí mirando al cielo?”. Como diciendo: no se queden buscando a Jesús solamente “arriba”. Él sigue vivo y presente de otro modo. No abandona a los suyos. Él mismo había prometido: “No los dejaré huérfanos; les enviaré otro Paráclito”. La Ascensión no es una despedida triste, sino el comienzo de una presencia nueva: Cristo permanece con nosotros por el Espíritu Santo.
En muchos cuadros antiguos aparecen incluso las huellas de Jesús en la tierra. Es una imagen hermosa: el Señor deja huellas. Pero no solamente huellas físicas; deja huellas en el corazón de sus discípulos, en la Iglesia, en la historia, y también en nuestra propia vida. La Ascensión nos invita precisamente a eso: no a quedarnos mirando las nubes, sino a vivir con la certeza de que Cristo resucitado sigue actuando entre nosotros.
Hoy celebramos también el Día Internacional de la Familia. Los obispos de la Conferencia Episcopal Boliviana, en su reciente comunicado sobre la situación que vive nuestro país, dedican unas palabras muy profundas e importantes a la familia, como lugar de esperanza, de educación en la fe y de cuidado mutuo", P. Roberto Hof, párroco de San Julián.
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