15/08/2026
Vivimos en una época en la que el mundo trata de reducir el sacerdocio a una profesión. Pero el sacerdote no es solo alguien que realiza una función. Él es un hombre separado por Dios para hacer visible lo invisible.
El sacerdote es un recipiente de arcilla, sí. Frágil como cualquier ser humano. Pero fue elegido para llevar un tesoro que no le pertenece: la gracia de Dios.
Tal vez una de las mayores crisis de nuestro tiempo sea precisamente esta: cuando olvidamos que el sacerdocio nace de lo sobrenatural. Antes de ser administrador, comunicador o líder, el sacerdote es llamado a ser un hombre de oración, un hombre de la Eucaristía, un hombre que constantemente señala al Cielo.
El Papa Juan Pablo II dijo que el sacerdote es un testigo especial de lo sobrenatural. Él es aquel que vive entre los hombres, pero con su corazón completamente vuelto a Dios. Su vida necesita proclamar lo que sus labios predican.
Oremos por la Santificación del Clero. Que nunca pierdan la conciencia de la grandeza de la vocación que han recibido y permanezcan fieles a la misión de llevar almas al encuentro de Cristo.