18/05/2026
San Félix de Cantalicio, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, de admirable austeridad y sencillez, ejerció el trabajo de recaudar la limosna para la comunidad y para los más pobres en la ciudad durante cuarenta años, casi hasta su muerte (Roma-1587), inspirando al mismo tiempo a su alrededor la paz y la caridad. Esta penosa actividad, además del cansancio y los insultos, le ayudaba a vivir en una constante mortificación. Cuando alguien lo insultaba, éste solo respondía “voy a pedir a Dios que te haga santo”. A su compañero de limosna le decía: “Amigo, los ojos en el suelo, el espíritu en el cielo y la mano, en el santo rosario”.
Trataba de ocultar los dones místicos, pero cuando entraba en éxtasis, estos dones evidenciaban su comunión con Cristo. Encontraba en el crucificado, la razón de cualquier sufrimiento que le tocara.
El espíritu de la obra de san Francisco se podía sentir en las vocaciones de su época, donde muchos santos encontraban deleite en la vida de pobreza y sacrificio. Dentro de todos ellos resalta la vida austera y humilde de Félix. Solo se le escuchaba decir “Gracias Dios”, por todo lo que le acontecía, fuera bueno o malo y es que lograba ver a Dios en todo.
Estando en éxtasis, frente a la imagen de María Santísima, Félix le pidió de favor, poder imprimir en su mirada el rostro de su hijito. En ese momento, nuestra Señora puso en sus brazos por un instante a su hijo. ¿Con cuánto amor y devoción habrá acogido Félix el cuerpecito de tan dulce niño?
Ya en vida tuvo ocasión de ser propiciador de numerosos milagros, de los cuales él pedía guardar silencio, pese a ello, las curaciones y visiones extraordinarias, se contaban ya por muchos. Su contacto con la gente, los pobres y los bienhechores, le permitieron llevar el espíritu evangélico de su ejemplo por todo el pueblo.
Que su vida nos inspire a tratar de vivir en presencia de Dios y a no desaprovechar ninguna oportunidad para agradecer a Dios por todo… lo que tenemos y lo que no tenemos, lo que somos y lo que no somos. San Félix de Cantalicio, ruega por nosotros.