21/09/2019
Hoy se cumplen 196 años de la primera visita de Moroni a José Smith. El 21 de septiembre de 1823, José, que ya tenía 17 años, estaba acostado despierto en la habitación del ático que compartía con sus hermanos. Esa noche se había quedado levantado hasta tarde, escuchando a su familia hablar de las diferentes iglesias y las doctrinas que enseñaban. Ahora todos dormían y el silencio reinaba en la casa.
En la oscuridad de su habitación, José comenzó a orar, suplicando con fervor que Dios le perdonara sus pecados. Anhelaba estar en comunión con un mensajero celestial que pudiera asegurarle su condición y posición ante el Señor y darle el conocimiento del Evangelio que se le había prometido en la arboleda. José sabía que Dios había contestado sus oraciones antes y confiaba plenamente en que lo haría otra vez.
Mientras oraba, junto a la cama apareció una luz que se hizo más brillante hasta iluminar toda la estancia. José miró hacia arriba y vio a un ángel en el aire. El ángel llevaba puesta una túnica blanca que le llegaba hasta las muñecas y los tobillos. La luz parecía emanar de él, y su rostro brillaba como un relámpago.
Al principio José tuvo miedo, pero pronto rebosó de paz. El ángel lo llamó por su nombre y dijo que se llamaba Moroni; le declaró que Dios le había perdonado sus pecados y que ahora tenía una obra para él. Dijo que el nombre de José se tomaría para bien y para mal entre todo pueblo.
Moroni habló de unas planchas de oro enterradas en un cerro cercano. En ellas estaba grabada la historia de un pueblo que habitó antiguamente en las Américas. El registro relataba sus orígenes y narraba cómo el Salvador los había visitado y les había enseñado la plenitud de Su evangelio. Moroni dijo que enterradas con las planchas había dos piedras de vidente que, tiempo después, José llamó el Urim y Tumim, o intérpretes. El Señor había preparado esas piedras para ayudar a José a traducir el registro. Ambas piedras diáfanas estaban sujetas una a la otra y aseguradas a un pectoral.
Durante el resto de la visita Moroni citó profecías de los libros bíblicos de Isaías, Joel, Malaquías y Hechos, y explicó que el Señor vendría pronto, y que la familia humana no cumpliría el propósito de su creación a menos que antes se renovara el antiguo convenio de Dios. Moroni dijo que Dios había escogido a José para renovar el convenio y que si decidía ser fiel a los mandamientos, él sería quien revelaría el registro que se hallaba en las planchas.