Parroquia Señor de La Paz

Parroquia Señor de La Paz "Hacer del mundo la patria de la humanidad" San Juan Bautista Scalabrini. Misionetos de San Carlos Scalabrinianos.

Para la reflexión de la misa de hoy:El pasaje de Evangelio de hoy nos sitúa en un momento profundamente íntimo: es parte...
03/05/2026

Para la reflexión de la misa de hoy:
El pasaje de Evangelio de hoy nos sitúa en un momento profundamente íntimo: es parte del discurso de despedida de Jesucristo a sus discípulos. Ellos están confundidos, con miedo, intuyen que algo difícil viene, y Jesús responde no con explicaciones frías, sino con palabras que sostienen el corazón:

“No se turbe su corazón, crean en Dios y crean también en mí.” Jesús no promete que no habrá problemas. No dice: “todo saldrá fácil”. Lo que ofrece es algo más profundo: una certeza interior. El miedo paraliza, la incertidumbre inquieta, pero la fe da estabilidad.

Jesús dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” Aquí está el centro del mensaje. Jesús no dice “yo enseño el camino”, sino “yo soy el camino”.

Es camino: porque nos guía, no estamos perdidos.
Es verdad: porque da sentido a lo que vivimos.
Es vida: porque llena el corazón de plenitud.

En un mundo con tantas voces, tantas propuestas, tantas “verdades”, Jesús no es una opción más es la referencia. Seguirlo no es solo rezar, es vivir como Él vivió: amar sin medida, perdonar de corazón, servir con humildad

Vemos también como Felipe expresa el deseo más profundo del ser humano: ver a Dios. Y Jesús responde algo impresionante: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Dios no es lejano. No es una idea abstracta. Dios tiene rostro y ese rostro es Jesús.

Si queremos conocer a Dios: miremos cómo Jesús trata a los pobres, cómo perdona al pecador, cómo ama hasta la cruz. Ahí está Dios.

Jesús confía en sus discípulos. Y también en nosotros. No nos deja como espectadores, sino como continuadores de su misión. Jesús cree en lo que tú puedes hacer. Cada acto de amor, cada gesto de servicio, cada palabra de consuelo, continúa su obra en el mundo.

Este Evangelio es una invitación clara:
No vivir con el corazón turbado, caminar con Jesús como guía, descubrir a Dios en Él, y ser testigos vivos de su amor

01/05/2026
25/04/2026
24/04/2026
Hoy, al recordar a Papa Francisco a un año de su partida, resuena con más fuerza una de sus imágenes más poderosas en Fr...
22/04/2026

Hoy, al recordar a Papa Francisco a un año de su partida, resuena con más fuerza una de sus imágenes más poderosas en Fratelli Tutti: todos estamos en la misma barca.
No es solo una metáfora bonita. Es una verdad incómoda. La tormenta no distingue fronteras, culturas ni privilegios. Cuando el mar se agita, nadie navega solo. El dolor de uno alcanza a todos, y la esperanza de uno también puede sostener a muchos.

En esa barca va la humanidad entera:
los frágiles y los fuertes, los que dudan y los que creen, los que sufren en silencio y los que buscan sentido. Y en medio de esa travesía, la invitación sigue siendo la misma: remar juntos, sostenernos, no dejar a nadie caer al mar.

Hoy, más que recordar su ausencia, se trata de asumir su legado:
no volver al “sálvese quien pueda”, sino construir el “nos necesitamos”.

Porque si algo nos enseñó es esto: o aprendemos a navegar como hermanos… o la tormenta nos vencerá por separado. ✝️🙏

22/04/2026

Hoy recordamos con gratitud al Papa Francisco, que partió a la Casa del Padre un lunes de Pascua.
Su vida fue un Evangelio en movimiento: cercano, sencillo, misionero. Nos enseñó a salir, a no tener miedo, a ser Iglesia en camino.
Que su testimonio siga encendiendo en nosotros el fuego de la esperanza y la pasión por anunciar a Jesús en cada rincón.

Servir a Dios no es una carga… es un honor.No es una obligación pesada ni un camino lleno de imposiciones, sino una opor...
20/04/2026

Servir a Dios no es una carga… es un honor.
No es una obligación pesada ni un camino lleno de imposiciones, sino una oportunidad inmensa de darle sentido a cada paso que damos. Servirle es despertar cada día sabiendo que nuestra vida tiene propósito, que nuestras acciones, por pequeñas que parezcan, pueden sembrar amor, esperanza y luz en el mundo.

Es cierto, habrá momentos de cansancio, dudas y sacrificio. Pero incluso en esos instantes, hay una paz profunda que no se puede explicar, una certeza silenciosa de que no caminamos solos. Porque cuando servimos a Dios, no perdemos libertad… la encontramos.
Servirle es amar sin medida, es dar sin esperar, es confiar incluso cuando no entendemos. Es dejar que nuestro corazón se transforme y que nuestras manos se conviertan en instrumentos de bien.

No todos lo verán como tú, no todos lo comprenderán. Pero en lo más profundo del alma, sabes que no hay mayor privilegio que dedicar tu vida a algo eterno.
Porque servir a Dios no te quita… te llena el alma

Para la reflexión de la misa de hoy domingo: En el Evangelio de hoy (Lc. 24, 13-34) contemplamos a dos discípulos que ca...
19/04/2026

Para la reflexión de la misa de hoy domingo:
En el Evangelio de hoy (Lc. 24, 13-34) contemplamos a dos discípulos que caminan lejos de Jerusalén. No solo se alejan de una ciudad, se alejan de una esperanza rota. Ellos dicen con tristeza: “Nosotros esperábamos…”. Esa frase encierra toda la decepción humana.

Los discípulos van caminando, pero por dentro están detenidos. Caminan, pero sin rumbo. Hablan, pero sin fe. Y entonces aparece Jesús, pero no lo reconocen.

Esto es clave: Jesús camina con ellos incluso cuando no lo reconocen. No se impone, no interrumpe con poder, sino que se acerca con humildad y hace una pregunta: “¿De qué van hablando?”Dios siempre comienza escuchándonos.

Luego hace algo decisivo: les explica las Escrituras. Les ayuda a releer su historia. Porque el problema no era solo lo que había pasado, sino cómo lo estaban interpretando.

También a nosotros nos pasa: vemos la cruz, pero no entendemos la resurrección. Vemos el dolor, pero no el sentido. Vemos el fracaso, pero no el paso de Dios. Por eso dice el Evangelio que “ardía su corazón” mientras Él les hablaba. Cuando Dios ilumina nuestra vida, algo dentro de nosotros se enciende: la fe, la esperanza, la certeza de que no todo está perdido.

Pero aún no lo reconocen “lo reconocieron al partir el pan.” Ahí está el centro: En la Palabra, Jesús explica. En la Eucaristía, Jesús se revela. Y en ese momento todo cambia. La noche ya no importa. El cansancio desaparece. El miedo se disuelve.

El que se encuentra con Cristo resucitado no puede quedarse igual. Pasa de la huida a la misión, de la tristeza al anuncio.

Tal vez hoy Jesús también nos dice:
“No tengas miedo de tu tristeza, camina conmigo.” Y tal vez nosotros, como los discípulos, podamos decirle: “Quédate con nosotros, Señor.” Porque cuando Él se queda, el corazón vuelve a arder, los ojos se abren, y la vida vuelve a tener sentido.

Oremos por el Papa León XIV.
18/04/2026

Oremos por el Papa León XIV.

Para la reflexión de la misa de hoy domingo:El Evangelio de hoy ( Jn. 20, 19-31) nos presenta a los discípulos encerrado...
12/04/2026

Para la reflexión de la misa de hoy domingo:
El Evangelio de hoy ( Jn. 20, 19-31) nos presenta a los discípulos encerrados, con las puertas bien cerradas por miedo. Han vivido la pasión, la muerte de Jesús, y todo parece haber terminado. Están confundidos, desanimados, temerosos.

Y ahí, en medio de ese encierro, sucede lo inesperado: Jesús se hace presente. No toca la puerta, no pide permiso simplemente entra y se pone en medio de ellos. Y lo primero que les dice es: “La paz esté con ustedes. No es un saludo cualquiera. Es un don. Es la paz que vence el miedo, la culpa, la tristeza. Es la paz del Resucitado.

También nosotros muchas veces vivimos “con las puertas cerradas”: miedo al futuro, miedo a perder, miedo a sufrir, miedo a confiar. Y como los discípulos, a veces pensamos que todo está perdido.

Pero este Evangelio nos recuerda algo fundamental: Jesús no se detiene ante nuestras puertas cerradas. Él entra en nuestras crisis, en nuestras dudas, en nuestras heridas.

Luego aparece Tomás. Él no estaba cuando Jesús vino la primera vez. Y cuando le cuentan, no cree. Dice: “Si no veo… si no toco… no creeré.” Tomás no es un incrédulo rebelde; es un hombre herido, decepcionado, que necesita una experiencia personal.

Y Jesús, en su infinita misericordia, vuelve solo por él. No lo reprende duramente. No lo rechaza.
Le dice: “Trae tu mano… toca mis llagas.” Jesús no esconde sus heridas. Las muestra. Porque las heridas del Resucitado son fuente de fe. Entonces Tomás hace una de las confesiones más hermosas del Evangelio: “Señor mío y Dios mío.”

Jesús concluye con una bienaventuranza que nos alcanza directamente a nosotros: “Dichosos los que creen sin haber visto.” Esa es nuestra fe. No hemos visto con los ojos, pero creemos con el corazón.
Y no creemos en algo, sino en Alguien vivo.

Después de darles la paz, Jesús hace algo muy importante: los envía. “Como el Padre me envió, así también los envío yo.” La fe no es para guardarse. Es para compartirse.
El encuentro con el Resucitado transforma a los discípulos temerosos en misioneros valientes.

Hoy el Señor también se pone en medio de nosotros y nos dice: Paz a tus miedos. Paz a tus dudas. Paz a tus heridas. Y nos invita a hacer nuestro el acto de fe de Tomás:
“Señor mío y Dios mío.”

Nos unimos en la oración con el Papa León IV. Pidiendo por la paz del mundo.
11/04/2026

Nos unimos en la oración con el Papa León IV. Pidiendo por la paz del mundo.

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