16/08/2026
Para la reflexión de la misa de hoy domingo:
El Evangelio de este domingo nos presenta a una mujer cananea que se acerca a Jesús con una petición llena de dolor: «Señor, Hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada».
Es una madre que sufre por su hija. Y aunque Jesús parece guardar silencio, ella no se da por vencida. Sigue insistiendo hasta que finalmente se postra ante Él y le dice una de las oraciones más sencillas y profundas del Evangelio: «¡Señor, ayúdame!»
Cuántas veces también nosotros hemos hecho esta oración.
Cuando tenemos problemas en la familia: “Señor, ayúdame”.
Cuando un hijo nos preocupa: “Señor, ayúdame”.
Cuando estamos enfermos, cansados o llenos de preocupaciones: “Señor, ayúdame”.
Y quizá lo más difícil no es pedir, sino seguir confiando cuando parece que Dios no responde.
La mujer cananea nos enseña precisamente eso: una fe que persevera. Jesús parece poner a prueba su fe, pero ella no se aleja. No se desanima. No se ofende. No abandona.
Ella sigue creyendo. Y al final Jesús le dice: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas».
Hermanos, esta mujer nos recuerda que Dios no siempre responde en el momento ni de la manera que nosotros esperamos, pero eso no significa que nos haya abandonado.
Hay momentos en los que nuestra oración parece no ser escuchada. Rezamos por una persona y las cosas siguen igual. Pedimos por una enfermedad y no llega inmediatamente la curación. Pedimos por nuestra familia y los problemas continúan. Pero el Evangelio nos invita a no rendirnos.
La fe no consiste en tener todo resuelto; consiste en seguir confiando en Dios aun cuando no entendemos lo que está
Hoy quizá alguien necesita que tú ores por él. Tal vez un hijo, un esposo, una esposa, un familiar o un amigo. No pensemos que nuestra oración es poca cosa. Cuando oramos por alguien, lo estamos poniendo en las manos de Dios.
Por eso, hermanos, hoy podemos llevarnos tres palabras del Evangelio: Persistir, confiar y orar.