22/02/2026
Hace unos días se volvió viral la historia de Punch, un pequeño macaco japonés que, en medio de un entorno que podía resultarle hostil, encontró refugio en un orangután de peluche.
Y desde esa imagen tan sencilla queremos asomarnos al carisma de Jesús-María.
El peluche que le dieron sus cuidadores no era solo un juguete, era sostén y protección, algo a lo que aferrarse para recuperar fuerzas y adaptarse poco a poco a su entorno.
Algo así, en un nivel más profundo, ocurrió con Santa Claudina Thévenet. Ella nació en uno de los momentos más convulsos de la historia europea: la Revolución Francesa. Guerra, persecución religiosa, miseria. Sus propios hermanos fueron ejecutados. Y, sin embargo, desde un acto radical de perdón, comenzó un camino nuevo.
Lo que le dolía no era solamente la violencia que la rodeaba, le preocupaba algo más hondo, que muchas personas no conocían la bondad de Dios. Claudina estaba convencida de que el mundo necesitaba descubrir cuán bueno es Dios.
Inspirada en cierta medida por San Ignacio de Loyola, especialmente en esa invitación a “encontrar a Dios en todas las cosas” y a “en todo amar y servir”, quiso hacer visible esa bondad. No solo con palabras, sino con obras.
Se puso manos a la obra cuidando a las personas más vulnerables de su tiempo: niñas pobres, huérfanas, marcadas por la precariedad. Por medio de la educación y del cariño, les ofreció herramientas para reconstruir su dignidad y su futuro. Les dio algo con lo que les permitiera sostenerse. Algo así como el peluche de Punch.
En un mundo herido por la violencia y la ruptura, Claudina creó espacios donde la bondad de Dios se volvía experiencia tangible. Las niñas que acompañó necesitaban un lugar donde volver a confiar en la vida.
Hoy, más de 200 años después, las Religiosas de Jesús-María seguimos esa tarea que comenzó nuestra fundadora: seguimos creando espacios donde la ternura es fuerza, donde la educación devuelve dignidad, donde la fe se traduce en obras; donde puedan encontrarse con Dios, que lo conozcan, que los experimenten inmerso en su realidad.
Seguimos queriendo que el mundo descubra, no solo en palabras, sino en hechos, cuán bueno es Dios.