28/10/2025
JIM ELLIOT
“Ningún sacrificio que haga por Dios, es más grande que el sacrificio que Él hizo por mí.”
Convertido a los seis años de edad, dedicó su vida a conocer a Dios y a buscar y cumplir su voluntad. Cuando tenía sólo veinte años se había expresado así en una oración íntima: «Señor, prospera mi camino, no para que adquiera una posición social elevada, sino para que mi vida sea una demostración del valor de conocer a Dios».
Sostenía que para conocer a Dios primero hay que obedecerle.
Llegó así el momento en que se sintió guiado al Ecuador, país al que se trasladó en 1952. Entre dicho año y hasta 1956 Elliot estuvo en diversos lugares del Ecuador, junto a su compañero Fleming, y luego también junto a Youderian y McCully, aprendiendo el castellano y el quichua de la región, como también colaborando en tareas misioneras (de predicación, de evangelización, de enseñanza bíblica, de auxilio médico a los naturales). Además, habiendo llegado al Ecuador con el pensamiento de alcanzar algún día a los aucas, se dedicó a aprender frases útiles para los primeros contactos, para el caso de que se presentara esa posibilidad.
La oportunidad se presentó finalmente y Elliot, tuvo la posibilidad de emplear las frases aprendidas, con la esperanza de que fueran oídas por los aucas, como efectivamente ocurrió.
Una vez instalado el grupo en un campamento a orillas del río Curaray, a distancia prudencial del asentamiento auca, procuraron atraer su atención. El primer contacto les dejó la impresión de que se iniciaría un vínculo fructífero, pero sorpresivamente los cinco hombres fueron atacados y mu***os a lanzazos.
El triunfo de la causa de Cristo quedó demostrado menos de tres años después cuando un grupo de aucas hizo llegar a dos mujeres (Raquel Saint, hermana de «Nate», y Elizabeth de Elliot, viuda de Jim) un mensaje con una invitación a vivir entre ellos. Muchos de ellos conocieron al Señor incluyendo los asesinos de los misioneros.