14/12/2025
Con profundo respeto y gratitud, recordamos la vida y el legado de la hna. Lesley Kayser, sierva fiel de Cristo y misionera en Bolivia por más de 40 años.
Nacida el 4 de junio de 1946 en Londres, Inglaterra, y criada posteriormente en Canadá, Lesley conoció al Señor desde temprana edad y entregó su vida a Él como su Salvador personal siendo aún niña. Desde joven sintió el llamado al servicio misionero, el cual se confirmó durante sus estudios en un Seminario Bíblico en Ontario, Canadá. Con una profunda convicción interior, decidió confiarle toda su vida al Señor.
En 1968 fue aceptada por la Misión Andina Evangélica, y tras graduarse en 1970, llegó a Bolivia en marzo de 1971, enviada y sostenida fielmente por su iglesia en Canadá. En Cochabamba aprendió el idioma español y comenzó a servir en el seminario bíblico, para luego dedicarse plenamente al ministerio entre mujeres, área que marcaría profundamente su vida y su legado.
Como coordinadora nacional del ministerio femenil, recorrió incansablemente todo el país —en camiones, botes, aviones, a caballo y a pie— enseñando, animando y formando a mujeres en ciudades y lugares remotos. Fue testigo del crecimiento espiritual de innumerables hermanas y del surgimiento de nuevas líderes que hoy continúan la obra que ella inició con amor y dedicación.
En 1975, junto a otras colaboradoras, participó en la publicación del libro “La Mujer Ideal”, una obra de gran impacto en Bolivia, que alcanzó varias ediciones y bendijo a generaciones de mujeres cristianas. Más adelante, en 1988, se trasladó a Trinidad, desde donde continuó apoyando el ministerio femenil. Aun cuando su salud limitó sus viajes, siguió sirviendo como consejera, maestra y madre espiritual, especialmente a través de la oración.
Lesley Kayser vivió aferrada a la promesa bíblica de Génesis 28:15, versículo que la sostuvo durante cuatro décadas de servicio fiel. Su vida fue un testimonio de obediencia, humildad y amor por Dios y por el pueblo boliviano.
Hoy damos gracias al Señor por su ejemplo, por su entrega incondicional y por la huella imborrable que dejó en la iglesia y, en especial, en el corazón de tantas mujeres. Su obra continúa viva en cada vida que tocó y en cada líder que formó.
Hasta encontrarnos en la gloria.