21/11/2023
Jesús les dijo a sus discípulos justo antes de su ascensión, que cuando venga el Espíritu Santo sobre ellos, recibirían poder y serían sus testigos en toda la tierra (Hch. 1:8). “Serían testigos” esto es algo que los discípulos en ese momento lo tenían muy claro. Pero ¿nosotros después de tantos años lo tenemos igual de claro?, quizás no, esto explicaría la facilidad que tenemos de desenfocarnos, envueltos en discusiones vanas y sin sentido, perdiendo el norte y la razón de nuestro mensaje. Pero retrocedamos un poco y coloquémonos en contexto de las Escrituras: En el principio (Edén), la tierra y el cielo (referencia al espacio de Dios) eran uno, y todo era perfecto. Sin embargo, el ser humano decidió gobernar según sus propios términos (comió del fruto prohibido). Incluso Dios proporcionó un lugar especial, el tabernáculo y después el templo, que recordaba al Edén, este era el único lugar donde se podía experimentar Su presencia o sea la unión entre el cielo y la tierra. A lo largo de la narrativa bíblica vemos a Dios tratando de reconciliar a la humanidad consigo mismo (unir el cielo y la tierra otra vez) y a los humanos rompiendo pacto tras pacto. Pero también vemos las promesas que detallaban que vendría el elegido, aquel que traería la unión entre el cielo y la tierra, la reconciliación entre Dios y la humanidad, no solo para los hebreos, sino para toda la tierra. Entonces llega Jesús el cumplimiento de la promesa. Él es el templo y el sacrificio que une el cielo y la tierra. Dondequiera que Él iba, llevaba consigo esta unión, permitiendo que la gente experimentara la presencia de Dios. Sin embargo, fue crucificado y cuando parecía que todo había terminado, resucitó y la obra se completó. Luego, envió a sus discípulos, capacitados por el Espíritu Santo, para crear lugares donde el cielo y la tierra se unieran. Por lo tanto, la iglesia, es decir, nosotros, está empoderada por el Espíritu Santo para ser ese pequeño lugar donde el cielo y la tierra se unen. Donde Cristo y su obra es el enfoque de su testimonio, donde las personas están siendo transformadas a la imagen de Cristo, amando a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a sí mismos, viviendo con la esperanza de que un día el cielo y la tierra serán completamente reconciliados. Esa es la eternidad.
Ruddy Arauz