15/06/2026
Seguramente una de las cosas más bonitas en las ordenaciones sacerdotales es ver el cambio en el rostro de quienes son ordenados. Cuando termina el rito y reciben el abrazo del obispo y de sus compañeros, la tensión y los nervios acumulados durante los días previos dan paso a la alegría sincera de un rostro sonriente y relajado.
Es lo que hemos visto en la mañana del sábado en la iglesia del Sagrado Corazón de Barcelona en los rostros de los jesuitas Luis Argila y Alex Escoda, y del escolapio Albert Moliner, que han recibido la ordenación sacerdotal en una celebración sencilla y emotiva. Ha sido presidida por el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Abadías, y concelebrada por los superiores provinciales de los jesuitas y de los escolapios, Enric Puiggròs y Jordi Vilà, respectivamente, así como por numerosos compañeros sacerdotes. Familiares, amigos y amigas han llenado a rebosar la iglesia de la calle Casp, con una relevante presencia de la vida religiosa.
La alegría que hoy se dibujaría con tanta claridad en el rostro de los tres nuevos sacerdotes ha sido también el punto de partida de la homilía del obispo David Abadías. Tras los intensos días vividos con la visita del Santo Padre, qué alegría más grande podíamos tener que esta celebración, decía. A continuación, se ha dirigido a los tres protagonistas para recordarles que su vida está entregada a Dios, para alabarlo sirviendo a los demás. El mandamiento de amar a Dios y a los demás tal como él nos ama, ha dicho, “debe estar profundamente arraigado en vuestra vocación”. También ha recordado a san Ignacio de Loyola y a san José de Calasanz, fundadores respectivamente de los jesuitas y de los escolapios, que “son para vosotros testigos y guías: bajo su luz, la luz de su carisma, encontraréis fuente de sabiduría”.
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