07/06/2026
Jesús no fue al pozo porque tenía sed de agua. Fue porque tenía sed del corazón de una mujer que el mundo había rechazado.
Mientras todos la evitaban por su pasado, Él la esperaba. Mientras otros veían sus errores, Jesús veía su dolor. Mientras la sociedad la señalaba, Él le ofreció gracia, amor y una nueva oportunidad.
Aquella mujer llegó al pozo cargando vergüenza, soledad y vacíos que nada ni nadie había podido llenar. Pero allí encontró a Jesús, la Fuente inagotable, el único capaz de saciar la sed más profunda del alma.
A lo largo de la Biblia vemos que cada vez que alguien llegaba débil, cansado o quebrantado a la presencia de Dios, encontraba nuevas fuerzas.
Cuando Agar se sintió abandonada en el desierto y pensó que todo había terminado, Dios abrió sus ojos para que viera un pozo de agua que le devolvió la esperanza.
Cuando Elías, agotado y deseando morir bajo un enebro, Dios lo fortaleció, lo alimentó y le recordó que aún tenía propósito.
Cuando David atravesaba valles oscuros, corría una y otra vez a la presencia del Señor y podía decir: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”.
Y cuando la mujer samaritana llegó al pozo buscando agua para su cuerpo, encontró al único que podía sanar su corazón.
Porque Jesús sigue siendo la misma Fuente hoy. Una Fuente que nunca se seca, que nunca se agota y que nunca rechaza a quien se acerca con necesidad.
Tal vez hoy llegas cansado, herido, decepcionado o con el alma vacía. Quizás has buscado en muchas cosas la paz que necesitas y sigues sintiendo sed.
Pero Jesús te sigue esperando.
Él conoce tu historia, tus luchas, tus heridas y tus lágrimas. Y aun así te llama con amor para darte del Agua Viva que limpia, restaura, sana y da vida eterna.
Así como fue por la mujer samaritana, hoy viene por ti y por mí.
No importa cuán lejos hayas llegado, cuántas veces hayas caído o cuánto tiempo hayas estado cargando tu dolor. Hay una Fuente abierta para ti.
Ven a Jesús. Bebe de Su amor. Descansa en Su gracia.
Porque quien bebe del agua que Él da, jamás volverá a tener sed.
¿Hoy también quieres beber del Agua Viva que Jesús ofrece?