30/09/2022
“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”. Hebreos 4:16 (NTV)
El autor de Hebreos nos insta a acercarnos al trono de la gracia de nuestro Dios. ¿Debido a qué? A que poseemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo quien comprende nuestras debilidades. Él no está lejos ni ajeno a lo que pasamos, a nuestras necesidades y situaciones, comprende nuestras flaquezas porque las enfrentó, las vivió en carne propia, esta es la razón por la que nos entiende. Cada prueba que enfrentamos Él ya la vivió, con la diferencia de que jamás pecó. Pero no sólo se compadece, sino que tiene poder para ayudarnos.
Al acercarnos a Dios encontramos la gracia, ese favor, bendición y bondad inmerecida. Gracia, palabra clave que expresa aquello superior que podemos recibir, no por nuestro esfuerzo o méritos propios, sino por la obra maravillosa de Cristo en la Cruz. Por Sus méritos recibimos perdón, salvación, sanidad, vida y toda bendición. Es por la inmensa obra de Jesucristo que disfrutamos de la maravillosa presencia del Padre celestial. Ese prontuario que teníamos, el acta que nos declaraba culpables sentenciándonos a la muerte, Él la tomó, la clavó en la cruz justificándonos y dándonos completa libertad. Esa hoja está en blanco como si nunca hubiésemos pecado. ¡Su sangre nos ha justificado!
Aunque el Señor haya hecho todo para darnos libertad nuestro adversario el diablo no se olvida de lo que hemos hecho, muchas veces los que están a nuestro alrededor tampoco y ni siquiera nosotros. Por eso es tan importante mantener fresca esa gracia, ese favor inmerecido recibido de parte del Señor. Él nos ha declarado justos, ¿no es esto maravilloso? Por eso cada día honremos a Dios, démosle gracias por Su maravillosa obra.
Te motivo a ir ante el trono del Señor siendo agradecido por todo lo que ha hecho, hace y aun hará. Dios nos ama incondicionalmente y anhela manifestar Su poder y gracia hacia nuestra vida. No dejes de presentarte ante Él, te está esperando.
Lectura cronológica dual: Isaías 38:9-22; 2 Reyes 20:12-19; Isaías 39; Colosenses 4