Iglesia Buena Nueva

Iglesia Buena Nueva Iglesia Cristiana Evangélica Bautista. Hace unos 40 años que servimos en Buena nueva comunicando el evangelio y discipulando a los creyentes.

Somos una iglesia enfocada a la familia por eso tenemos espacios para toda tu familia.

Al comenzar esta nueva semana quiero compartir contigo lo que, para mí, es una de las enseñanzas más importantes de Jesú...
27/08/2026

Al comenzar esta nueva semana quiero compartir contigo lo que, para mí, es una de las enseñanzas más importantes de Jesús: el Sermón del Monte.

¿Sabías que el Sermón del Monte es uno de los pasajes más conocidos, leídos y estudiados de Jesús, pero al mismo tiempo uno de los menos obedecidos?

Sin embargo, el Sermón del Monte también es conocido como el Edicto del Rey, porque nos muestra cómo vivir como ciudadanos del Reino de Dios. Este sermón comienza con las bienaventuranzas, y ellas describen el camino hacia la verdadera felicidad y los valores del Reino de los Cielos. De hecho, la palabra bienaventurado viene del griego makarios, que significa: “dichoso”, “feliz” o “supremamente bendecido”.

Entonces, ¿cuál es la manera de ser supremamente bendecido y verdaderamente feliz en el Reino de Dios?

Lo primero que Jesús nos dice es esto: “Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5:3, NVI).

¿Qué piensas que significa ser “pobre en espíritu”?

Es tan sencillo y a la vez tan profundo, como reconocer nuestra absoluta necesidad de Dios. La realidad es que vivimos en una cultura que celebra la autosuficiencia: “Sé fuerte”, “confía en ti”, “no necesitas a nadie”.

Pero Jesús dice exactamente lo contrario: dichosos son aquellos que reconocen que no son suficientes por sí mismos.

Es como mi hija Elena pequeño. A su corta edad, el ya cree que es grande y que puede hacerlo todo solo. Por un lado, eso nos alegra mucho, porque queremos verlo crecer y aprender, poco a poco, a ser independiente. Pero, por otro lado, también tenemos que enseñarle a reconocer sus limitaciones y a pedir ayuda cuando la necesita.

De la misma manera, tú y yo muchas veces queremos sentir que somos autosuficientes; que podemos con todo, que no necesitamos de nadie, que somos los dueños de nuestro destino.

Pero la realidad es otra: tenemos una profunda necesidad de un Salvador. Y como Jesús mismo dijo, separados de Él nada podemos hacer.

Por eso, el primer paso hacia la verdadera felicidad es reconocer cuánto necesitas a Dios en tu vida.

Déjame preguntarte hoy: ¿Estás viviendo como alguien dependiente de Dios… o como alguien autosuficiente?

Las oportunidades no te transforman; revelan en quién te has convertido.Durante mucho tiempo creí que un día se abriría ...
25/08/2026

Las oportunidades no te transforman; revelan en quién te has convertido.

Durante mucho tiempo creí que un día se abriría una puerta, aparecería la persona correcta o llegaría la ocasión perfecta, y entonces todo cambiaría. Pero con los años aprendí que, cuando una oportunidad llega, suele sacar a la luz lo que Dios ha estado formando en nosotros en secreto.

Eso fue exactamente lo que ocurrió con David.

Cuando el rey Saúl necesitó a alguien que lo ayudara, uno de sus criados habló de él diciendo: “He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Beth-lehem, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso, y hombre de guerra, prudente en sus palabras...”
(1 Samuel 16:18, RVR1960).

Lo interesante es que David todavía no era rey. No había derrotado a Goliat, no era famoso ni ocupaba una posición importante. Sin embargo, otros ya podían reconocer en él fortaleza, sabiduría y una relación genuina con Dios.

¿Cómo llegó a convertirse en esa clase de persona? No ocurrió de un día para otro.

Mientras cuidaba las ovejas de su padre, David aprendía a ser fiel. En la soledad del campo desarrolló una amistad con Dios que fue transformando su carácter. Aquellas tareas sencillas se convirtieron en el lugar donde aprendió a confiar en el Señor, a enfrentar sus temores y a crecer en valor.

Lo mismo sucede en nuestra vida: cuanto más tiempo pasamos con Jesús, más nuestro carácter comienza a parecerse al suyo.

Quizás hoy sientes que estás atravesando una temporada de preparación. No ves grandes avances ni cambios espectaculares. Pero cada vez que buscas al Señor, permaneces fiel y eliges obedecerlo, Dios está formando en ti mucho más de lo que puedes ver.

Lo que hoy parece una temporada escondida está desarrollando la fortaleza, el valor y la virtud que necesitarás para lo que Él ha preparado para ti.

Disfruta este día caminando junto al Señor.

Alguna vez has estado cerca de una persona que te dejó mejor de lo que te encontró?No necesariamente porque te dio un co...
24/08/2026

Alguna vez has estado cerca de una persona que te dejó mejor de lo que te encontró?

No necesariamente porque te dio un consejo brillante o porque resolvió tus problemas. Simplemente había algo. Su paz, sus palabras o su manera de tratar a los demás te animaban y te hacían sentir valorado y amado.

Cuando miro la historia de la mujer que tocó el manto de Jesús, siempre hay un detalle que llama mi atención.

La Biblia dice:
"Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?" (Marcos 5:30, RVR1960).

Me parece fascinante que la virtud estuviera asociada al poder que fluyó de Jesús para traer sanidad y restauración.

Eso me recuerda que la virtud no es algo pasivo. No es simplemente comportarse bien o tratar de ser una mejor persona. La virtud tiene el poder de tocar vidas. ¿No es esto poderoso?

De hecho, mientras más caminamos con Dios, más evidente debería ser su obra en nosotros. Nuestras palabras pueden traer esperanza. Nuestra paciencia puede transmitir paz. Nuestra bondad puede aliviar una carga. Nuestra fe puede animar a alguien que está a punto de rendirse.

Y no porque seamos especiales, sino porque Cristo está obrando en nosotros.

Nunca subestimes lo que Dios puede hacer a través de una vida rendida a Él. Quizás no seas consciente del impacto que estás teniendo en otras personas. Pero cada vez que permites que el carácter de Jesús se refleje en tu vida, algo de su amor y de su gracia alcanza a quienes te rodean.

Haz esta simple declaración conmigo: "Señor, permite que mi vida refleje tanto tu carácter que quienes me rodean puedan experimentar tu amor a través de mí". En el nombre de Jesús. Amén.

Te ha pasado de tratar de cambiar algo de tu carácter por tus propias fuerzas? Yo lo he intentado.Me propuse reaccionar ...
22/08/2026

Te ha pasado de tratar de cambiar algo de tu carácter por tus propias fuerzas? Yo lo he intentado.

Me propuse reaccionar mejor, tener más paciencia, hablar con más calma o no dejarme llevar tan rápido por lo que sentía. Por supuesto, solo funcionó un tiempo. Para luego caer en lo mismo. He aprendido que la verdadera transformación no nace sólo de proponernos ser mejores.

Necesitamos mirar a Jesús. La Biblia lo dice así: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y virtud…” (2 Pedro 1:3, RVR1960)

Me llama la atención que Pedro une la vida, la piedad y la virtud con el conocimiento de Jesús. No dice que crecemos simplemente por esforzarnos más, sino al conocer más profundamente a Aquel que nos llamó.

Porque Jesús no solo enseñó virtud. Él la vivió.

Su paciencia con los discípulos, su compasión por los quebrantados, Su firmeza ante la tentación y su obediencia al Padre nos muestran cómo luce una vida completamente rendida a Dios.

Y eso cambió mi perspectiva. La virtud no es una lista de cualidades que intentamos fabricar. Es el carácter de Cristo formándose en nosotros a medida que tenemos comunión con Él.

Quizá llevas tiempo intentando cambiar un área de tu vida y sientes que no avanzas. Su Palabra te recuerda algo maravilloso: Dios ya te ha dado todo lo que necesitas para vivir la vida que Él te llamó a vivir. La pregunta no es cuánto te estás esforzando, sino cuánto espacio le estás dando a Jesús para que moldee tu corazón.

Hoy, antes de pedirle a Dios que te convierta en una persona más virtuosa, pídele al Espíritu Santo que te revele el corazón de Cristo. Porque la virtud no crece cuando te enfocas en tus debilidades; crece cuando tus ojos permanecen puestos en Él.

Te has puesto a  pensar en el impacto que tienen las pequeñas decisiones que tomas cada día?Muchas veces creemos que las...
21/08/2026

Te has puesto a pensar en el impacto que tienen las pequeñas decisiones que tomas cada día?

Muchas veces creemos que las cosas que hacemos pasan desapercibidas. Preparar una comida, escuchar a alguien que necesita hablar, responder con paciencia cuando estamos cansados, mantener nuestra palabra o simplemente estar presentes para quienes amamos.

Son acciones sencillas que rara vez aparecen en los titulares, pero que tienen un enorme impacto con el paso del tiempo.

Con los años he aprendido que las personas que más han marcado mi vida no fueron necesariamente las más talentosas o las más exitosas. Fueron aquellas cuyo carácter dejó una huella profunda en quienes las rodeaban.

Mira lo que dice su Palabra:
"Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba... Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada"
(Proverbios 31:28-30, RVR1960).

Me llama la atención que este pasaje no destaca su apariencia, sus logros o sus posesiones. Lo que resalta es su carácter y su relación con Dios.

La virtud tiene algo especial: bendice mucho más allá de la persona que la posee.

Quizás no siempre veas el fruto de inmediato. Pero cada acto de amor, cada oración, cada decisión de obedecer a Dios y cada muestra de bondad están sembrando algo valioso en la vida de las personas que te rodean.

La virtud nunca es solo para ti. Dios la utiliza para bendecir a otros.

Hoy quiero animarte a pensar en las personas que forman parte de tu vida. Pregúntale al Señor cómo puedes reflejar mejor su carácter en tu hogar, en tus amistades y en cada relación que Él ha puesto en tu camino.

Porque una vida que honra a Dios siempre termina convirtiéndose en una bendición para los demás.

Alguna vez has comprado algo porque parecía una buena oferta y después descubriste que no valía tanto la pena?Creo que a...
20/08/2026

Alguna vez has comprado algo porque parecía una buena oferta y después descubriste que no valía tanto la pena?

Creo que a todos nos ha pasado alguna vez. A veces algo parece valioso por fuera, pero con el tiempo descubrimos que no era tan bueno como pensábamos. Y otras veces ocurre lo contrario: hay cosas que pasan desapercibidas al principio, pero cuando las conocemos mejor entendemos el enorme valor que tienen.

Con la virtud sucede algo parecido. Vivimos en una cultura que valora mucho la apariencia, los logros o la popularidad. Sin embargo, Dios mira algo diferente. Él mira nuestro carácter.

Por eso me llama la atención este versículo: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepuja largamente a la de las piedras preciosas” (Proverbios 31:10, RVR1960).

Las piedras preciosas son valiosas porque son escasas. No se encuentran en cualquier lugar. Requieren tiempo para ser descubiertas y pulidas.

La virtud también. La paciencia cuando sería más fácil reaccionar. La integridad cuando nadie está mirando. La humildad cuando podríamos buscar reconocimiento. La bondad cuando otros no la merecen. Estas cualidades no siempre llaman la atención de inmediato, pero tienen un valor inmenso delante de Dios.

De hecho, mientras más leo este pasaje, más entiendo que la virtud no es algo superficial. Es una fortaleza interior que inspira confianza. El siguiente versículo dice que el corazón de su marido confía en ella ¿Por qué? Porque el carácter produce confianza.

Y eso sigue siendo cierto hoy. cada vez que eliges actuar con integridad, paciencia, bondad o dominio propio, estás invirtiendo en algo mucho más valioso que cualquier posesión material. Estás permitiendo que Dios siga formando en ti un carácter que refleja a Cristo.

Hoy te animo a preguntarte: ¿qué estoy cultivando en mi interior? Porque aquello que Dios desarrolla dentro de ti tiene un valor eterno.

¡Oro para que el Señor siga formando en tu vida una virtud más preciosa que cualquier tesoro de este mundo!

Te ha pasado alguna vez que buscas algo en internet y, diez minutos después, terminas leyendo o mirando cosas completame...
19/08/2026

Te ha pasado alguna vez que buscas algo en internet y, diez minutos después, terminas leyendo o mirando cosas completamente distintas?

A mí me pasa más de lo que quisiera admitir. Entró a buscar una receta y, cuando me doy cuenta, han pasado varios minutos consumiendo información que ni siquiera estaba buscando.

Lo curioso es que muchas veces hacemos lo mismo con nuestros pensamientos.

Sin darnos cuenta, dejamos que nuestra mente se llene de cosas que no necesitamos. Y aunque pensemos que eso no nos afecta, la realidad es que aquello en lo que pensamos termina influyendo en nuestra manera de vivir.

Por eso me encanta este consejo de Pablo: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8, RVR1960).

Me llama la atención que Pablo no solo habla de la virtud como una cualidad del carácter. También la relaciona con nuestros pensamientos.

La virtud comienza mucho antes de nuestras acciones. Comienza en nuestra mente.

Como lo venimos aprendiendo, aquello que alimentas crece. Por eso es tan importante alimentarnos de la Palabra de Dios. Cuando llenas tu mente con Su verdad, esa verdad comienza a reflejarse en tu forma de hablar, de reaccionar y de vivir.

*|FNAME|*, hoy te propongo un ejercicio sencillo. Durante unos minutos, presta atención a lo que estás pensando. Pregúntate: ¿esto es verdadero? ¿Es bueno? ¿Añade virtud a mi fe?

Tómate también un momento para escribir una o dos promesas de la Palabra de Dios que te recuerden quién eres en Cristo. Léelas en voz alta varias veces durante el día y deja que Su verdad ocupe más espacio en tu mente que tus preocupaciones o tus dudas.

Quizás te sorprenda descubrir cuánto cambia tu día cuando decides enfocar tu mente en aquello que produce virtud.

¡Oro para que hoy Dios llene tu corazón de su verdad y de su paz!

Virtud no es una palabra que escuchamos todos los días, ¿verdad? Vivimos en una cultura que habla mucho de éxito, aparie...
19/08/2026

Virtud no es una palabra que escuchamos todos los días, ¿verdad? Vivimos en una cultura que habla mucho de éxito, apariencia y productividad, pero muy poco de carácter. Y aun así, la virtud sigue siendo esencial.

La virtud tiene que ver con quién eres cuando nadie te ve. Con las decisiones pequeñas. Con la manera en la que respondes bajo presión. Con aquello que el Espíritu Santo está formando dentro de ti.

Pedro escribió: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud…” (2 Pedro 1:5, RVR1960).

Me llama la atención que Pedro dice: “añadan”. Eso significa que la virtud no aparece por accidente. Se desarrolla intencionalmente. Se construye en lo cotidiano, mientras caminamos con Dios.

Y cuando miramos la vida de Jesús, veo que Él es el mejor ejemplo de eso.

La Biblia dice: “Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lucas 2:52, RVR1960).

Jesús no solo creció físicamente; también creció en sabiduría, en gracia y en carácter. Su vida reflejaba el corazón del Padre en cada conversación, reacción y decisión.

Muchas veces queremos cambios rápidos en nuestra vida espiritual, pero Dios trabaja de otra manera. A medida que lo conoces y aprendes a rendirte a Él, tu corazón y tu carácter comienzan a ser transformados. La paciencia, el dominio propio, la humildad, el amor y la perseverancia son evidencia de la obra de Dios en nuestra vida.

Y si te soy sincera, creo que ahí es donde más nos parecemos a Cristo.

Porque la virtud no consiste en alcanzar la perfección espiritual. Consiste en permitir que Dios transforme nuestra manera de vivir hasta que Jesús pueda reflejarse en nosotros.

Durante esta semana me gustaría que camináramos juntos, descubriendo virtudes que pueden transformar profundamente nuestra vida diaria. No como reglas religiosas, sino como evidencia de una vida que verdaderamente está siendo moldeada por Dios.

¿Estás preparado/a para comenzar este camino?

Durante un tiempo unos amigos  sirvieron en un hospital de Paraguay muy conocido por su especialización en el tratamient...
17/08/2026

Durante un tiempo unos amigos sirvieron en un hospital de Paraguay muy conocido por su especialización en el tratamiento de la lepra. Y recuerdo que la primera vez que fuimos a visitarlos porque vivían ahí mismo en el predio del hospital. En mi mente había este pensamiento ¿Qué tan contagiosa será la lepra?

Al estar ahí fui invitado a predicar en la iglesia que hay ahí mismo, donde el personal del hospital así como pacientes podían acudir. Y debo confesar que al estar ahí cerca de los pacientes, no pude evitar sentir cierta inquietud.

La realidad es que esta enfermedad desde tiempos bíblicos viene con un estigma muy profundo. De hecho, en el tiempo de Jesús, quienes tenían esta enfermedad tenían que vivir fuera de las ciudades, y si se acercaban a la ciudad y a las personas tenían que hacerlo gritando; “¡Impuro! ¡Impuro!”

Para que todos tuvieran oportunidad de alejarse de él. ¿Te imaginas lo que esto hacía en el corazón de estas personas? Puedes imaginar el dolor, la soledad.

Imagina por un momento vivir así.

Ser evitado.
Ser señalado.
Sentir que tu sola presencia incomoda a los demás.

Así vivía el hombre de la historia que quiero contarte hoy, esta historia la encontramos en Marcos 1:40-45. No sabemos el nombre de este hombre, pero sabemos que al ver a Jesús, decidió acercarse con valentía y esperanza.

“Un hombre que tenía una enfermedad en su piel se acercó y, de rodillas, suplicó: Si quieres, puedes limpiarme.” (Marcos 1:40, RVR1960).

Como puedes ver no dudaba del poder de Jesús. Dudaba de que Jesús quisiera acercarse a alguien como él. Porque las heridas profundas muchas veces nos hacen creer que somos demasiado rotos, demasiado sucios o demasiado lejos para recibir amor.

Pero una vez más vemos a Jesús ir mucho más allá de solo una sanidad física. Porque lo que Jesús hace a continuación, debió tener un impacto profundo en la vida de este hombre.

“Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre…”¡Qué impresionante! ¿puedes imaginar lo que significó para este hombre que Jesús lo tocara? La profunda sanidad que debió traer a su corazón, y acto seguido Jesús le dice: “Si, quiero; queda limpio”.

Y al instante la lepra desapareció. Porque Jesús no solo tiene poder para sanar cuerpos; también tiene poder para restaurar corazones heridos por el rechazo.

¿hay alguna herida de rechazo o vergüenza que todavía estás cargando en silencio? ¿Cómo cambiaría tu vida si realmente creyeras que Jesús no se aleja de ti?

Me encanta la verdad que esta historia nos deja; Jesús todavía toca aquello que el mundo evita.

Su amor no retrocede delante de nuestras heridas.
Su gracia no se intimida por nuestras cicatrices.
Y lo que su mano toca, nunca vuelve a ser igual.

Hay una canción del grupo Un Corazón que me gusta mucho. Curiosamente, la primera vez que la escuché no me pareció tan b...
16/08/2026

Hay una canción del grupo Un Corazón que me gusta mucho. Curiosamente, la primera vez que la escuché no me pareció tan buena… hasta que llegué a la última estrofa.

La canción se llama “Todos a la mesa”, y habla sobre ese momento cuando estaremos en la presencia de Jesús, sentados a su mesa.

Pero la parte que hizo que realmente me gustara esta canción es la última estrofa:

Un lisiado a la mesa se sentó
Con vergüenza, sus heridas, ocultó
Más, al Rey, no le importó su condición
Bienvenido, hijo mío, declaró
Y el lisiado en la historia era yo.

Cuando la escuché por primera vez, realmente sentí que Dios me hablaba y mis ojos se llenaron de lágrimas, al darme cuenta de que muchas veces queremos vivir ocultando nuestras heridas.

Me hace pensar en un relato que se encuentra en Marcos 3:1-6. Allí vemos a Jesús entrando en una sinagoga donde había un hombre con la mano paralizada. En una cultura donde el trabajo manual era esencial, aquella condición probablemente afectaba mucho más que su apariencia.

Solo puedo imaginar las miradas, el sentirse diferente, excluido, quizá aún rechazado. Pero de pronto Jesús entra en esa sinagoga. Lo interesante es que los religiosos observaban la escena, pero no por compasión. Querían ver si Jesús sanaría en un día de reposo (shabat) para acusarlo.

Mientras ellos se enfocaban en reglas, Jesús veía a un hombre necesitando restauración.

¿Y qué hace Jesús?

“Entonces Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: Ponte de pie frente a todos” (Marcos 3:3, RVR1960).

El hombre que probablemente estaba acostumbrado a esconderse ahora estaba de pie frente a todos. Expuesto, vulnerable. Y después Jesús le dio una instrucción aún más difícil:

“Extiende tu mano.”

La misma mano que seguramente llevaba años ocultando.
La parte rota.
La parte débil.
La parte que daba vergüenza mostrar.
Pero el milagro comenzó cuando dejó de esconder aquello que necesitaba sanar.

Y eso sigue siendo verdad para ti y para mí. Queremos restauración sin vulnerabilidad.

Pero Jesús te invita a venir a su mesa, tal como estas, sin esconder nada, y ser sanado/a en su presencia. Tal vez hoy hay algo que llevas demasiado tiempo escondiendo. Un área seca del corazón que aprendiste a cubrir para que nadie la note.

¿qué tal si hoy te paras enfrente de Jesús, y sueltas todo en Él? Escucha hoy al Rey de reyes diciéndo: no me importa tu condición, bienvenido hijo/a mío/a, hoy quiero sanarte y levantarte. Amén.

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