15/02/2021
*DIBUJAR ESTAMPITAS*
Por Juan Daniel Luna
Cuando tenía aproximadamente 14 años, tenía un pasatiempo particular: dibujar estampitas. Me gustaba mirar la perfección de esas imágenes e intentar replicarlas en un papel más grande, sin más herramientas que lápices de colores y la poca técnica que había adquirido en clases de dibujo y pintura.
Los resultados, para mí criterio de aquella época, eran bastante buenos y rápidamente mis creaciones empezaron a gustarle a mi familia y sobre todo a mi madre y sus compañeras de la Legión de María. Admiradas por los sombreados, aquellas señoras empezaron a pedirme, a través de mi mamá, si podía hacer más ilustraciones para ellas.
Probablemente esas fueron las primeras veces en que sentí la emoción de ver cómo algo que yo había hecho con mis manos, algo tan simple como un dibujo, podía generar algo en los otros y que, de alguna forma, podía encender una pequeña luz de fe o algo parecido.
Con el tiempo dejé de hacer ese tipo de ilustraciones, pero me aventuré a aprender cuánta cosa me interesaba y aparecía en mi horizonte. Y mi madre era una de las que más aprovechaba esas pequeñas habilidades que adquiría. Así, pasé a hacer sencillas diseños para las actividades de la Legión, a armar las portadas para sus informes, a improvisar ediciones muy básicas de videos, entre otras cosas.
A medida que descubría nuevos programas en la computadora, investigaba un poco para tratar de aprender a usarlos, con la satisfacción de que estaba ayudando y al mismo tiempo haciendo algo que me gustaba.
Mientras pasaron los años, mi relación con Dios se hizo más personal y mis conocimientos técnicos crecieron un poco. Estudié la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de San Luis e hice cuánto diseño y video pude y me pidieron para un sinfín de encuentros y actividades de nuestra Iglesia de Villa Mercedes.
A mis 30 años, con algún tiempo de experiencia profesional y dedicado principalmente al periodismo, con una familia formada con mi esposa y mis dos hijos, siento la necesidad de recopilar, darle forma y quizás también mostrar un apostolado que llevo haciendo desde chico sin saber que era un apostolado.
Creo estar seguro de que no un deseo egoísta de presumir, sino más bien de contar mis experiencias, de aportar mi mirada y lo que coseché en mis años de estudio, al servicio de la fe. Porque entiendo que la comunicación es clave para que el mensaje de Cristo llegue a más oídos que necesitan escucharlo y a más ojos que necesitan verlo. Algo por lo que los apóstoles debían recorrer pueblos a pie y que hoy podemos realizar con solo un click.
Pero también porque cuando era un adolescente que copiaba las estampitas, no tenía claro que lo que estaba haciendo era alabar a Dios y amarlo con cada trazo de lápiz, que le estaba rezando sobre la hoja de un cuaderno y que le estaba devolviendo algo de los talentos que él mismo me había prestado.
Por eso pienso que quizás haya alguien que pueda contagiarse y darse cuenta de que hay infinidad de maneras de servir a Cristo y que no todos debemos hacerlo de la misma forma. Cada uno desde sus gustos, inquietudes y conocimientos puede aportar su semilla para la germinación del Reino.
En esa esperanza le doy nombre y cara a Kolbe, un proyecto que vivirá cuanto Dios quiera y permita pero que le ofrezco con todo lo que soy.
*