Sagrado Corazon de Villa Ballester

Sagrado Corazon de Villa Ballester Pquia Sagrado Corazón de
Párroco P. Guillermo "Billy" Vido
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24/05/2026

Celebración de Pentecostés.
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24/05/2026

Domingo de Pentecostés
24 de mayo de 2026
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 1 11
Segunda lectura: 1 Corintios 12, 3b 7. 12 13
Evangelio: San Juan 20, 19_23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Un texto que se vuelve clave para comprender el mensaje de Juan. El evangelista quiere comprender el don del Espíritu desde la perspectiva del Génesis, y por lo tanto el soplo de Jesús se relee a la luz del soplo del Dios en el acto de la creación. De esta manera nos ofrece una lectura muy particular: el Don del Espíritu comunica una Vida nueva, la de Dios.
Pero inmediatamente nos ofrece la realidad de una misión participada: el como causal, típico de Juan, nos permite entender que, de la misión de Jesús, brota la misión de la Iglesia. El Padre que envía ahora está continuado en el Cristo que envía. De este modo el don del Espíritu está presentado desde la perspectiva evangelizadora de la comunidad eclesial. Ella, prolongación del Cristo evangelizador, tiene la tarea de ser comunicadora y realizadora de la Buena Noticia.
La paz pasa a ser el signo más claro del acontecimiento pascual, que repercute en la comunidad, engendrando la paz como plenitud de la presencia de Dios.

23/05/2026

Sábado de la séptima semana de Pascua
23 de mayo de 2026
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 28, 16_20.30_31
Evangelio: San Juan 21, 19_25

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme». Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?». Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?». Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme». Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «El no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?». Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.

Cerrando el evangelio, Juan, nos ofrece un testimonio sobre aquel que, llamado el discípulo amado, es presentado como quien podrá vivir siempre. Sin duda que, siendo una figura modélica, la propuesta de Juan es mostrar la fidelidad que reclama el seguimiento del Señor y Maestro.
Lo que en el capítulo 15 se presentaba desde la exigencia del permanecer, aquí, al finalizar su obra, el autor nos ofrece el testimonio fiel de Aquel que está presente en momentos claves y fundamentales para la experiencia de fe. De este modo, el discípulo sigue a Jesús por el camino, manteniendo su coherencia y fidelidad a su Palabra.

22/05/2026
22/05/2026

Viernes de la 7º semana de Pascua
22 de mayo del 2026
Primera lectura: Hechos 25, 13b-21
Evangelio según San Juan 21, 1.15-19

“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".”

Dentro de este capítulo 21, en el cual el autor coloca pasajes muy significativos, encontramos éste con una fuerza testimonial impresionante. Suele decirse que es un texto que pretende revindicar la figura de Pedro; un personaje fundamental que ocupa y ocupará un lugar clave, y no podrá hacerlo desde la imagen que había mostrado hasta este momento. Ahora, Jesús, quiere llevarlo a una experiencia nueva, en la que decidirá y optará por un estilo de vida nuevo. El Pedro que piensa por sí mismo está dando lugar al Pedro que decididamente está eligiendo a su Señor y su Maestro; es el Pedro que supera la tentación de mantener su propia idea y da lugar a una auténtica conversión. Ahora se inicia un camino marcado por el amor a su Señor y un compromiso se ser auténtico pastor de su pueblo.
La escena de Juan nos abre a una verdadera llamada: Sígueme; pero el seguimiento ahora Pedro lo comprende bien: ama a su Maestro y se sabe convocado para ser pastor del rebaño de Jesús, su mismo pueblo, su misma Iglesia. El seguimiento y la misión se dan juntas, discipulado y apostolado; son aspectos de una misma vocación que lo llevará hasta la donación de su propia vida. Pedro ahora entiende lo que significa ser discípulo de este Maestro; empieza a darse cuenta de la transformación que se produce en él y cómo él está llamado a continuar su misma tarea.
En un momento de la vida discipular tendremos que escuchar esta pregunta de Jesús y tendremos que responder, no solo con palabras, sino con toda nuestra vida; esto es creer, esto es el evangelio, esto es ser discípulo: amarlo y servirlo en los hermanos, mi pueblo, su Pueblo.

21/05/2026

Novena de Pentecostés. 7mo. Día. Juan 16, 22-15.

21/05/2026

Jueves de la 7º semana de pascua
21 de mayo de 2026
Primera lectura: Hechos 22, 30; 23, 6-11
Evangelio según San Juan 17, 20-26

“Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: "Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".

La oración sincera siempre desnuda el alma, revela lo más profundo del corazón humano. Aquí nos encontramos con una de las expresiones más profundas de Jesús. Aquí el revela su amor total por el Padre y su amor hondo por sus amigos.
Esta oración está orientada a pedir por aquellos que crean en sus primeros testigos; a ellos les desea que sean uno, pide por la unidad como dimensión y realidad más profunda de esta comunidad nueva que nace de Jesús. Pero no es una unidad común, resultado del solo esfuerzo humano, sino que está fundamentada en la misma comunión trinitaria. Y esta unidad es tan vital y fundamental que expresa la misma identidad de esta Iglesia. Y esta unidad se vuelve signo de credibilidad.
Así como el amor fraterno también tenía un poder evangelizador de por sí (cfr. Jn 13,35), la unidad profunda en la comunión de Jesús, es expresión que de por sí manifiesta la presencia del Señor. La Iglesia que surge del acontecimiento pascual está llamada a mostrar el rostro de Dios; a ser imagen del Señor de la historia; a salir al encuentro de todos para que descubran el amor del Padre.
La oración de Jesús coloca a su comunidad en el misterio del corazón del Padre; en lo más profundo de la realidad de Jesús. Llegando a la cúspide de su misión, Jesús nos hace comprender que su oración está profundamente unida a la vida de sus amigos y discípulos. A la historia que está comenzando y de la cual todos somos responsables.

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