12/05/2026
¿Te pasó de sentirte rodeado? Como si tuvieras un millón de problemas encima y no supieras por dónde empezar.
En esos momentos lo primero es *clamar al Señor*. Así lo hizo el rey Asa cuando estaba frente a un ejército inmenso que no podía vencer por sus propias fuerzas:
“Entonces Asa clamó al SEÑOR su Dios: ‘¡Oh SEÑOR, nadie sino tú puede ayudar al débil contra el poderoso! Ayúdanos, oh SEÑOR nuestro Dios, porque sólo en ti confiamos. Es en tu nombre que hemos salido contra esta inmensa multitud. ¡Oh SEÑOR, tú eres nuestro Dios; no dejes que simples hombres prevalezcan contra ti!’” 2 Crónicas 14:11 NTV
Ese clamor no fue de desesperación ciega. Fue de alguien que conocía a Dios y sabía en quién estaba confiando.
Pero el clamor tiene más fuerza cuando hay una relación real. Dios no quiere ser solo tu plan B. Él quiere que seas •conocido delante de Él• en los días de paz. Eso significa obedecerlo cuando todo está tranquilo, leer Su Palabra cuando no hay crisis, y no poner tu confianza en otros “dioses”: ni en el dinero, ni en el control, ni en vos mismo.
Porque cuando viene la tormenta, no tenés tiempo de construir la casa. Tenés que refugiarte en lo que ya construiste.
•Posicionarte en la Palabra y en la obediencia• hoy es lo que te va a sostener mañana.
Los tiempos de paz no son para dormirte. Son para prepararte.
Así que si hoy estás en calma, no lo desperdicies. Fortalecé tu raíz. Porque cuando llegue el viento fuerte, no te vas a caer. Y cuando tengas que enfrentar tu propia “inmensa multitud”, vas a poder clamar como Asa: •“Sólo en ti confiamos, Señor”•.