Parroquia San Francisco, Tigre

Parroquia San Francisco, Tigre Somos la Parroquia San Francisco, en la ciudad de Tigre. La formamos 4 centros: Luján (Sede Parroquial), María Madre de los Pobres, Pompeya y Cristo Rey.

Y los centros educativos Don Orione y La Concepción.

24/01/2026

Tercer domingo durante el año, Ciclo A
Una Buena Noticia, para todos, que los pobres reciben con Alegría
Hemos iniciado hace unos domingos el tiempo durante el año, domingo a domingo iremos conociendo el camino de Jesús que se inicia en el bautismo del Jordán. Este año lo hacemos siguiendo el evangelio de Mateo. Por lo que nos cuenta Mateo pareciera que poco después de haber bautizado a Jesús, Juan el Bautista, fue arrestado. Jesús deja entonces la región de Judea, donde Juan bautizaba, cerca de Jerusalén, y se va a su provincia, la Galilea. Quizás paso un tiempo en su aldea Nazaret, pero no se establece allí, sino en Cafarnaúm, a orillas del lago. En torno a este Lago vamos a ver la mayoría de las actividades de Jesús. Desde esta ciudad de Cafarnaúm, no muy grande ni poderosa, va a recorrer las distintas aldeas vecinas, no va a incursionar en las dos grandes ciudades de Galilea: Séforis y Tiberíades, que ni aparecen nombradas en los evangelios. En una palabra, Jesús no recorre los centros de poder político y económico, sino que se limita a la gente más sencilla de su provincia de Galilea.
Esto no significa que Jesús sea un provinciano encerrado en su pequeño mundo. Galilea es la puerta del país de Jesús hacia las naciones vecinas, ya la llamaba Isaías y lo recuerda hoy el evangelio “Galilea de las Naciones”. También nos va a decir Mateo que su fama llego a toda la Siria. Lo que elige Jesús es construir el Reino de Dios desde abajo, porque quiere llegar a todos empieza por los más sencillos, los que abren el corazón a la Buena Noticia. Llega a los que sufren enfermedades y dolencias y los alivia, los cura. No solo predica, sino que tiene gestos que surgen de un amor compasivo, que hacen ver que Dios está cerca, que se acuerda de su pueblo, de sus hijos, que nada le es indiferente.
El Evangelio nos va a decir que le seguían multitudes. Muchos le abrían a Jesús el corazón. Pero la realidad es también que otros muchos se mantenían a distancia. El Evangelio los va a ir describiendo. A veces esa distancia se producía por prejuicios religiosos, como en tantos escribas y fariseos. A veces eran las riquezas las que llevaban a muchos a no seguir a Jesús. Las muchas ocupaciones. La soberbia o autosuficiencia. Tantas situaciones que fueron haciendo que Jesús pasara por sus vidas y ellos se perdieran la posibilidad de ese encuentro.
Entre los que siguieron a Jesús hubo algunos que lo hicieron de un modo más radical. Se descubrieron llamados por ese Maestro que iba recorriendo los lugares por donde pasaba la vida intensa de este pueblo trabajador, como los puertos de pesca sobre este inmenso lago, llamado Mar de Galilea. Como sería de impactante la figura, la mirada, la voz, el mensaje de este Maestro que ante la invitación a seguirlo hacia que esta gente dejara literalmente todo y empezara a hacerse con él peregrinos de la Buena Noticia. Que humildad la de Jesús que queriendo llegar a todos no hace las cosas solo, sino que va buscando algunos discípulos que se comprometan a fondo con el proyecto del Reino, y se vaya gestando esta pequeña comunidad desde la cual surja en su momento la gran comunidad del Reino, la Iglesia. En pocas palabras la Liturgia nos invita en estos días a hacernos testigos de estos pequeños acontecimientos que están gestando la Gran Historia de Salvación.
Pero esta Historia continúa hoy. Me gustaría contarles como en estos días yo también percibí esta misma dinámica del Reino en la experiencia de la Misión, con el grupo misionero con el que fuimos a Sánchez, cerca de San Nicolás.
Juntos experimentamos lo que experimento Jesús. Salimos a recorrer y visitamos las casas. Y encontramos corazones sufrientes que necesitaban ser escuchados, o corazones inquietos que están buscando el camino hacia Dios. Nos hablaron de esperanzas, de tristezas, de alegrías, de luchas y sueños. Cada una de esas historias fue llenando nuestro corazón, y fuimos poniendo los nombres de cada persona que requería de nuestra oración en la mesa del altar en la eucaristía de todos los días. Pero también como Jesús y sus amigos encontramos puertas que no se abrieron, o porque adentro estaban muy ocupados, o porque desde el orgullo creyeron que no tenían nada que recibir ni compartir. Y porque los que más abrieron las puertas fueron las familias más humildes, nos sentimos identificados con Jesús y entendimos porque él se dedicó por entero a los más pobres y humildes de Galilea, sin dejar ni él ni nosotros de intentar llegar a todos. Años anteriores se sumaron a la misión los jóvenes de la parroquia, el ultimo fin de semana. Este año no pudo ser posible. Pero algunos de ellos nos sorprendieron con un mensaje de WhatsApp que les quiero compartir: “¡Hola Goti! ¿Como estas? ¿Cómo la están pasando por allí en la misión? Te quería contar que, con Santino, Viky, y Flor, hicimos una pequeña misión hoy por las calles de alrededor de mi casa, repartimos papelitos con evangelios y pudimos bendecir alguna que otra casa, la verdad, muy lindo todo. Gracias a los misioneros y todos los que coordinan el grupo juvenil, incluyéndote a vos por siempre guiarnos a amar cada vez más a Jesús. Cande”. El testimonio de estos jóvenes que se confirmaron hace poco nos muestra lo que puede un corazón que arde en amor a Jesús. No pueden callar lo que han oído y vivido. Que el se{or nos conceda a todos este ardor misionero.
Que Jesús nos dé un corazón humilde y sencillo para estar siempre abiertos al Reino y nos dé un corazón generoso para dejar nuestras comodidades y sumarnos a su proyecto de anunciar la Buena Noticia a tantos hermanos que la esperan y necesitan.

10/01/2026

Primer día de misión ✨
Con el corazón lleno de fe y mucha alegría, comenzamos este camino de encuentro, servicio y amor.
Salimos a compartir, escuchar y acompañar, confiando en que Dios camina con nosotros en cada paso. 🙏💛

Esto recién empieza…
📲 Acompañanos en este camino en
👉 .sanfrancisco

26/12/2025

Navidad 2025
Paz a los hombres amados por Dios
“En la tierra paz a los hombres amados por Dios”. Este es el gran anuncio de esta Navidad. Un Dios que ama tanto a toda la humanidad que nos viene a traer su Paz. Esta Paz que ya anunciaba el profeta Isaías a su pueblo y que hoy escuchamos con imágenes tan fuertes donde todo instrumento de violencia y opresión, de muerte, de guerra, queda destruido y llega alguien que es el príncipe de la paz, qué va a traer una paz que se va a establecer en toda la tierra “una paz sin fin”.
Pero esta Paz que nos quiere regalar Dios no surge del poder de los empoderados de este mundo. En este mundo encontramos a muchos que nos quitan la paz con sus injusticias, sus falsedades, sus prepotencias, su impunidad. Un mundo donde las guerras que tanta muerte y destrucción traen son decididas en su inicio y en su finalización también por quienes están en el poder. Claramente que la paz que nos quiere traer el Señor no es simplemente el fin de la guerra, que ya sería un paso más que importante. Anoche mismo el papá León pidió al menos 24 horas sin guerras en el mundo. Lamentablemente, como él mismo dijo, Rusia tomó la opción de no adherir a una propuesta como esta. Hace más de 2000 años también había quien detentaba el poder, el emperador Augusto y en Siria gobernaba Quirino. El poder prepotente de Augusto decide la realización de un censo. Sin embargo, la historia se está tejiendo no desde arriba, desde el poder, sino desde abajo desde la humildad y la sencillez de un matrimonio. De un José que “sale” de su tierra de Nazaret para dirigirse a Belén. De un José que cuida esa vida que está gestándose en el vientre de María y que busca lo mejor para que esa vida nazca. La historia se teje en un Dios que se hace niño pequeño y que nace en la humildad y sencillez del pesebre de Belén. La historia se hace desde la ternura de una madre. A María “le llegó el tiempo de ser madre”. María, la mujer que no decide y que mucho menos impone sobre nadie, es la mujer que se abre a Dios diciendo sí cuando la invita a ser madre. Ella tampoco decide cuándo ni cómo ser madre “le llegó el tiempo de ser madre”. Esta humildad de María es la que está tejiendo la gran trama de la historia. La historia finalmente la protagonizan los pastores, los más pobres de la tierra, los que no tienen nada. Porque esta historia es historia de salvación, es Buena Noticia, es alegría “para los que ama el Señor”, a los que les quiere traer la Paz. Por eso esta Buena Noticia, se encarga de decir el Ángel, es para todos, “para todo el pueblo”, nadie queda fuera de esta Buena Noticia de la salvación.
Decíamos antes que la paz se pone en riesgo desde los prepotentes, los poderosos, los injustos, los que detentan la impunidad. Pero también en nuestra vida la paz la perdemos tantas veces ante los dolores, las aflicciones, las enfermedades de seres queridos o propias, los conflictos familiares, la pérdida del trabajo. Cuántas situaciones en las que vamos sufriendo distintas realidades nos llevan a perder nuestra paz interior.
Si hoy Dios nos quiere regalar su Paz, a la humanidad toda y a cada uno en nuestro corazón; él quiere que su Paz llegue también a través de nosotros. Así como hay tantas situaciones, incluso a veces producidas por nosotros, que atentan contra la paz; también hay actitudes nuestras que la construyen día a día. Podemos aprender en esta Navidad, como decíamos antes, de la ternura de María, protagonista de esta historia. Cuando da luz a su hijo el Evangelio simplemente dice “lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”. Cuánta ternura hay en estas pocas palabras. María recibe este príncipe de la paz y, con toda su ternura, construye también ella la paz. Quizás eso es lo que nos toque realizar a nosotros. Les dejo unas palabras de León. El papá en la encíclica que nos ha regalado en este año primero de su pontificado, Dilexit te”, dice en el número 4: “Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, y especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad, o en la necesidad”. Seguramente tenemos en nuestra familia, nuestra comunidad, personas que están pasando por estas realidades. La mejor manera de construir la paz, de sumarnos a este proyecto de Dios, es tener para con ellos estos gestos de cercanía, de ternura de un llamado, de un mensaje. de una visita. Ojalá que en estos días de Navidad podamos concretarlos. Finalmente, Pablo también nos regala algunos consejos para hacernos constructores de esta paz. Pablo dice que estamos llamados a vivir con sobriedad, con justicia, y con piedad. Tres actitudes que también construyen la paz. Que en esta Navidad podamos, también nosotros, decirnos unos a otros “que la paz esté con vos”. Esa paz que anunciamos, como anunciaron los Ángeles a los pastores, es para todos; la forma de construir la paz también es siendo buen anuncio para que esta paz llegue a todo el pueblo.

07/11/2025

Más imágenes del día de Todos los Santos en la estación.

04/10/2025

XXVII Domingo Ordinario, ciclo C
Haciendo el milagro de ser comunidad del perdón

Después que Jesús habló a los fariseos acerca de la riqueza, ahora vuelve a dirigir su palabra a los discípulos. Esta vez es para invitarlos a algunas actitudes a encarnar en la vida en comunidad. Si bien pueden parecer aspectos distintos e inconexos, la corrección, el perdón, la fe, el servicio humilde; podemos encontrar una unidad en estos consejos del Señor. Podríamos decir que Jesús está invitando a formar una “comunidad del perdón”.
En toda comunidad formada por personas siempre vamos a encontrar actitudes equivocadas, que no construyen, que lastiman, porque cada uno tenemos en nuestro corazón la capacidad de hacer felices a los demás, pero también la de herirlos. La única forma que tenemos de crecer personal y comunitariamente es desde la corrección fraterna. Ayudar al otro a ver en lo que se equivoco. No siempre somos conscientes del mal que hacemos, necesitamos que otros nos ayuden a ver. A veces somos conscientes, pero si otro nos lo dice esa conciencia se acrecienta. Entonces la primera actitud ante el que se equivoca es la de ayudarlo a ver. Pero no con afán de reprochar, eso no ayuda en nada, sino con el deseo de que el otro cambie. Por eso no se entiende la corrección si no va acompañada del perdón. No es fácil perdonar, menos cuando nos sentimos heridos por el otro. Sin embargo la invitación de Jesús es a perdonar, y a hacerlo siempre: siete veces al día.
Esta invitación a ser una comunidad del perdón es propia de quien ha dedicado su vida entera a mostrar que así es el Padre. Es misericordia, es perdón generoso, que incluso lo ofrece antes del arrepentimiento. Este rostro de Dios misericordioso queda de un modo especial manifestado en el evangelio de Lucas. Recordemos la parábola del Padre Misericordioso, la mujer pecadora perdonada en la casa de Simón el fariseo, el mismo gesto de la cruz de perdonar al ladrón arrepentido. Gestos y palabras como estas muestran el corazón del Padre manifestado en Jesús. Un Padre que no se cansa de perdonar. Esta comunidad del Reino que Jesús va formando no puede ser menos. El perdón que se nos invita a brindar al hermano no es otra cosa que el que hemos experimentado nosotros.
Hoy más que nunca en un mundo y un país donde palpamos cada día la intolerancia, el rencor, el espíritu de venganza, el ver al otro como enemigo a vencer, es necesario ser signo de contradicción. Y si para aquellos discípulos la invitación a vivir un perdón tan generoso hizo brotar de sus labios un pedido de “auméntanos la fe”, más lo necesitamos hoy nosotros. Es que para poder vivir nuestra vida al modo de Dios, no nos alcanza nuestra buena voluntad. Naturalmente todo nos va llevando por otro camino, pareciera que en esta sociedad el que tiende la mano al que lo ha lastimado es un inocente, un tonto. El camino sería siempre redoblar la apuesta. Sin embargo la respuesta de Jesús desconcierta. Hace falta una fe pequeña “como un grano de mostaza” para realizar grandes milagros. No es la invitación a buscar hacer signos maravillosos, no se trata de movimientos estrambóticos lo que propone Jesús. Se trata de llevar adelante el movimiento más difícil de lograr, el de acercar corazones distanciados, lastimados, rotos. Este movimiento de achicar distancias se puede lograr con un poco de fe. Pero ¿la tendremos?
Finalmente Jesús nos deja una pequeña parábola. Un servidor que cumple con lo que se le encomienda, no se la cree, sabe que eso es lo que le corresponde. A lo mismo nos llama Jesús, en la medida que vamos avanzando por el camino de ir haciendo una comunidad de discípulos, una comunidad del perdón, una comunidad que vive de la fe en Jesús, vamos haciendo este mundo nuevo, vamos de verdad haciendo milagros. Esto lejos de llevarnos al sentimiento de grandeza, de creérnosla nos invita a simplemente descubrir que no estamos haciendo otra cosa que responder a lo que somos, simples servidores del Reino, que el Padre y Jesús han puesto en nuestras manos. La invitación es a no creérnosla.
Volvemos a poner la mirada en San Francisco. Sobre el final de su vida unos seis años antes de morir escribe una carta a un ministro de la congregación. Allí le dice
“Yo te digo, como mejor puedo, de aquellas cosas que conciernen a tu alma, que aquellas cosas que te impiden amar al Señor Dios y a mí, su siervo y tuyo, si las quieres, y no te son contrarias, me son muy agradables; y debes tener por gracia todo lo que te impide amar al Señor Dios y a mí, su siervo y tuyo, aunque se trate de cosas que los hermanos te hagan, porque tanto más amas al Señor Dios, y a mí, su siervo y tuyo, cuanto más soportas tales cosas. Y ama a aquellos que te hacen tales cosas, y no quieras otra de ellos, sino lo que el Señor te diere; y en esto ámalos: que no sean mejores cristianos. Y en esto quiero conocer si amas al Señor y a mí, su siervo y tuyo: que no haya ningún hermano en el mundo que, habiendo pecado, por grande que haya sido su pecado, después de haber visto tus ojos, se retire sin haber obtenido tu misericordia, si busca misericordia. Y si no busca misericordia, pregúntale si quiere misericordia. Y si después pecara mil veces ante tus ojos, ámalo más que a mí, para atraerlo al Señor; y ten siempre misericordia con tales hermanos.”
Que juntos podamos seguir construyendo nuestra historia, haciendo muchos milagros de comunión. Que el compartir esta mesa juntos, que el ser parte de este gran milagro de amor que es cada eucaristía, nos impulse a expandirlo por todo el mundo.

29/09/2025

XXVI Domingo ordinario, Ciclo C
Escuchar la Palabra y el grito de los hermanos para compartir la Mesa del Padre.
Continuamos compartiendo el evangelio de Lucas. El domingo pasado por medio de una parábola dirigida a sus discípulos Jesús nos invitaba a pensar en torno a la prudencia y al uso que hacemos de nuestros bienes y dinero. Lucas comenta: “los fariseos que eran amigos del dinero escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús”. Pareciera que especialmente a ellos entonces les dirige la parábola que compartimos hoy.
No se trata de dejar una doctrina en torno al juicio final, mucho menos de entender este de una manera simplificada: los ricos y los que la pasan bien en este mundo se condenan, y los que sufren y los pobres se van al cielo. Si se trata de una enseñanza sobre lo pasajero de las riquezas, sobre la solidaridad y compasión, y finalmente es una denuncia sobre aquellos que no se abren a Dios y su Palabra en la persona de Jesús.
La parábola describe una realidad de un contraste muy fuerte. La excesiva riqueza y la injusta pobreza compartiendo la misma vereda. Hay un hombre que no sabemos su nombre. Viste con la mejor ropa, la que usaban los emperadores. Hace esplendidos banquetes, no cada tanto para festejar algo, sino todos los días. Se ve que está rodeado de gente como él. Se ha fabricado un mundo a su medida, él y los suyos. Al final de la parábola pedirá que un mu**to vaya a advertir a su familia para que cambie, o sea viven como él. Este núcleo de poder, de riqueza, de placer, está tan cerrado en sí, que no pueden ver la realidad. “A su puerta”, en sus narices hay otra realidad, de pobreza, de heridas, de sufrimiento. Lo que a ellos les sobra se transforma en un insulto al hambre, a las “ansias” de compartir aunque sea las migajas, ansias que parecen no satisfechas.
Lo que describe esta parábola lamentablemente no es algo ajeno a nosotros, a nuestro mundo de siglo XXI, en Argentina. Como dice el himno del congreso eucarístico de Corrientes, “no es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan”. Y sin embargo esa hambre existe. La parábola entonces es una invitación que hoy se nos hace a nosotros como ayer se les hizo a los fariseos a “escuchar”. Escuchar a Dios que nos habla como dice Jesús en la Palabra, en Moisés y los profetas. Hoy en los evangelios. La palabra de Dios es una llamada, una interpelación permanente a mirarnos, a mirar nuestro modo de vida, y sobre todo nuestro modo de relacionarnos con los demás. Pero no se trata de escuchar solo la Palabra, Dios nos habla en el grito silencioso de nuestros hermanos, ese grito que nadie escucha. Este era el lema de vida de quien fue ese gran pastor de la Rioja, Angelelli: “con un oído en el evangelio y otro en el pueblo”. La propuesta es entonces la de aprender a entrar en comunión, con Dios y con nuestros hermanos. No solo con algunos, como lo hacía este rico que abría las puertas de su casa a un grupo elitista, sino con todos. Si queremos compartir un día el banquete del cielo, que es banquete de comunión entonces no podemos sino hacer de nuestra vida un banquete para los demás, para todos.
El problema que se enfrenta el rico de la parábola es que en ese otro mundo hay un abismo que impide que se pase de un lado al otro. Ese abismo no lo inventó Abraham, sino que lo produjo el mismo rico en su casa. A pesar de estar tan cerca de Lázaro, los separaba un abismo. Los separaba la total indiferencia, no porque Lázaro no quisiera compartir, sino porque él no tenía capacidad de verlo, de acercarse, de tenderle una mano. Tan cerrado estaba su corazón. ¿Cómo está el nuestro?
Muchas veces nos quedamos encerrados en nuestros pequeños núcleos, no hay lugar para otros en nuestra vida, menos para los más pobres. También muchas veces hemos ido aprendiendo a abrirnos, a tener un horizonte que va más allá de las cuatro paredes de nuestra casa.
Seguimos mirando a san Francisco. Hay una experiencia que hoy nos interpela. Él tenia una total repugnancia por la lepra. Cuando comienza su proceso de conversión, de dejar de lado tanta vida superficial le inquieta esto. Un día sale con su caballo de la ciudad y se cruz en el camino con un enfermo de lepra. Se baja de su cabalgadura, y le entrega a esta persona una bolsa con monedas que llevaba, y le besa la mano. Cuando sube a su caballo de nuevo y se da vuelta ya no estaba el enfermo de lepra. El va a entender que fue Jesús que le salió al encuentro. Cuando haya formado su comunidad una de las primeras acciones y a las que le dedicara tiempo es la de acompañar y curar a muchos enfermos de lepra. Francisco logro achicar el abismo que lo separaba de estas personas. A él le pedimos que podamos también nosotros hacernos cada vez mas compasivos y cercanos a nuestros hermanos que sufren los distintos rostros de la pobreza.
Vamos a pedirle a Jesús que podamos andar por ese camino si no lo hemos empezado a recorrer, y que lo profundicemos si estamos en él. Que podamos ser parte de este pueblo que a partir de la palabra, y de la presencia del Resucitado busca permanentemente achicar distancias, hasta que estemos todos sentados a la mesa del Padre en el cielo.

15/09/2025

Fiesta de la Exaltación de la Cruz
¿Que nos dice hoy la Cruz a nosotros?

Este domingo hacemos un paréntesis con el recorrido que veníamos haciendo de la mano de Mateo, de ver como Jesús venía constituyendo una verdadera comunidad del Reino. Damos lugar a la Fiesta de la Exaltación de la Cruz que Cada 14 de septiembre celebra la Iglesia. Esta fiesta se remonta al siglo IV cuando Santa Helena, madre del emperador Constantino encuentra el madero que sería aquel en el que Jesús fue crucificado. En ese mismo tiempo se consagra el templo del Santo Sepulcro, donde se venera la Cruz. Tiempo después toda esta tierra cae en manos de los persas, y en el siglo VII es recuperada por el emperador Heráclito. Hoy se sigue celebrando esta fiesta que nos hace poner la mirada en la Cruz.
Pero ¿tiene la cruz un valor en sí misma? ¿Qué celebramos cuando celebramos esta fiesta? ¿Qué sentido tiene el culto a la Cruz?
Quizás podemos empezar diciendo lo que no tiene lugar ante la Cruz, lo que no celebramos.
No celebramos un instrumento de tortura y pena de muerte. La cruz en su sentido primero es justamente esto. No es un adorno. La cruz era un terrible instrumento de tortura, y lo era todo el proceso previo a ella, tal como lo conocemos con Jesús, azotes, humillaciones, burlas, hasta llegar a la misma muerte producida lentamente por asfixia. Quizás lo más cercano a nuestro tiempo que se pueda parecer a la cruz es una silla eléctrica. ¿Podemos imaginarnos venerando una silla eléctrica? Pareceríamos locos. ¿Porque entonces veneramos este instrumento de tortura?
No celebramos la muerte del inocente por excelencia. En esa Cruz estuvo colgado el Santo, el Justo, el Inocente. Así lo reconoció uno de los que colgaban junto a Él. Pero su muerte en sí misma no es un valor, nunca la muerte es un valor, menos la provocada por otros, y menos aún cuando se provoca sobre un inocente. En todo caso el mirar este instrumento de muerte aplicado sobre el inocente por excelencia es una invitación a no desviar la mirada de la realidad de tantas muertes injustas que hoy seguimos produciendo en nuestra sociedad, desde las guerras tan terribles, que no por ser lejanas físicamente nos son indiferentes, hasta la realidad más concreta y cercana de las muertes producidas por la delincuencia, el gatillo fácil, la droga, los accidentes de tránsito, y tantas situaciones cercanas.
No celebramos la simple victoria sobre el enemigo que crucificó, mató y no se salió con la suya. La muerte y la resurrección de Jesús es mucho más que eso. Lamentablemente a lo largo de la historia de la fe cristiana más de una vez se ha usado el signo de la cruz como un signo de dominio sobre el otro, desde las cruzadas, pasando por la conquista de América, hasta la persecución dentro de la misma iglesia como fue la inquisición. La cruz entonces ni en Jesús ni en sus discípulos puede transformarse en instrumento de dominio de ninguna clase.
Entonces ¿que celebramos al mirar la cruz?
Sí celebramos el amor solidario del Hijo de Dios con toda la humanidad doliente. Si este Hijo se encarnó para hacerse uno con toda nuestra realidad, el dolor y el sufrimiento no podían ser dejados de lado. En la Cruz, Jesús se hace cercano a tanto sufrimiento que padecen tantos. Es una manera de decirnos de parte de Dios “no me es indiferente lo que te pasa”, necesito compartirlo con vos. Cuantas veces en nuestro dolor nos hace bien la palabra y la presencia de quien ha pasado por lo mismo. Dios lleva esta experiencia a su plenitud.
Sí celebramos el amor que vence al odio. A partir de la cruz de Jesús ese terrible signo de tortura, de opresión y de muerte se ha transformado en un signo de Amor. Y esto es lo que puede producir el cambio y la conversión aún de aquellos mismos que lo crucificaron. Como el centurión Romano que exclamó al pie de esa Cruz: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. Hoy en el evangelio escuchamos: “Tanto amó Dios al mundo”. Y ante la cruz no podemos entonces hoy también dejar de contemplar el amor de Dios.
Sí celebramos la vida que vence a la muerte. Esta cruz puede ser valorada solamente a la luz de la resurrección. Es la respuesta de Dios de que en ella se dio la última muerte, a partir de la resurrección que continua a la Cruz sabemos que ya la muerte no tiene más la última palabra. Dios es un Dios de Vida. Contemplar la Cruz es entonces paradójicamente contemplar la vida.
Si hoy nosotros llevamos la imagen de la Cruz, si la tenemos en nuestros templos y casas es para que este Signo nos ayude a tener siempre un corazón agradecido por tanto amor, para comprometernos con la cruz de tantos hermanos, y para que al mirarla también nosotros deseemos vivir el amor hasta dar la Vida.
San Francisco de Asís inició y culminó su vocación, unido a la Cruz. Desde ella le habló Jesús en la Iglesia de San Damián. Ese Cristo vulnerable le pidió que reconstruya su Iglesia, que estaba hundida en el poder y las riquezas. Su actitud de despojo y pobreza fue un signo para su tiempo, mostró que la Iglesia de Jesús no es otra que la de la Cruz, la que se acerca a los crucificados de este mundo, y la que salva desde el amor y servicio humilde. El final de Francisco estuvo marcado por los estigmas. Jesús le concedió unirse tanto a su amor redentor que pudo llevar sus marcas de la Cruz. Que nosotros como comunidad de San Francisco estemos cada vez mas cerca de los crucificados de hoy y mostremos el amor de Dios, manifestado en la Cruz.

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