24/08/2026
24 de Agosto-
Padre Pío nos dice
Padre, ayer me dijo usted: ¡ cuidado con el corazón! ¿Es que el corazón no forma parte del alma? ¿ Pues qué crees que somos? El alma es una. en cuanto se manifiesta, le damos nombres distintos: si entiende la llamamos inteligencia; si recuerda, memoria: si ama; si quiere, voluntad. El alma es una sola en sus múltiples manifestaciones.
24 de agosto
Padre Pío nos dice
Por desgracia, tú tienes todos los motivos para asustarte si quieres afrontar la batalla con tus fuerzas; pero saber que Jesús no te deja ni un solo instante debe servirte de gran consuelo. El mismo Dios nos hace saber que él está con los afligidos y atribulados: «Con él estoy en la tribulación», que él se abaja hasta para secar las lágrimas de sus ojos. Consuélate, pues, pensando que, después de estas tinieblas tan densas, resplandecerá el sol de un hermoso mediodía: contemplarás con esa luz a nuestro Esposo celestial con una mirada muy simple y pura. No quieras imaginar, mi querida hermana, que tú eres algo así como una abandonada por el Señor y que no existe salvación para ti. Rechaza ese sentimiento, que te viene de nuestro común enemigo.
(23 de enero de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 304)
24 de agosto
Padre Pío nos dice:
Una persona estaba confesando malos pensamientos contra la castidad. Padre Pio: "¿Cuántas veces?" "Seis o siete". Padre Pio: “Siete no es lo mismo que seis. Significa un pecado mortal más ". La persona fue expulsada.
24 DE AGOSTO
Padre Pío nos dice
El pecado es el único mal del que debemos huir con todas nuestras fuerzas, pidiéndoles ayuda a Dios y a la Virgen para evitarlo a toda costa.
24 de agosto
Padre Pío nos enseña
Si quieres sembrar, vierte la semilla en un campo fértil.
24 de agosto
Padre Pio nos dice
El mundo no nos aprecia porque seamos hijos de Dios; consolémonos porque, al menos por una vez, reconoce la verdad y no miente (ASN, 44).
Pensamiento n° 236
24 Agosto
En la vida espiritual cuanto más se corre menos se siente el cansancio; más bien será la paz, preludio del gozo eterno, la que se posesionará de nosotros y seremos felices y fuertes en la medida que, manteniéndonos en este esfuerzo y mortificándonos a nosotros mismos, hagamos que Cristo viva en nosotros.