28/11/2023
Mi nombre es Daniel Osvaldo Suárez y me dicen el mono, nací un 25 de octubre de 1988. Mis padres se separaron antes de que yo naciera a los pocos años de mí nacimiento, mi madre conoce su segundo matrimonio este hombre se hace cargo de mí y me da su apellido, el me dio todo el amor que mi padre biológico no me dio.
Crecí en el barrio de la paternal, bs as, hice de jardín hasta séptimo grado en una escuela pública y no repetí ningún grado. Empecé a hacer fútbol a los 5 años de edad en un club de barrio llamado villa Sahores; a mis 10 años mi madre se separa del padre de mis hermanas, ver con mis ojos esa separación fue duro para mí ya que éramos una familia unida y llena de futuro.
A mis 12 años empecé a consumir ci*******os, bebidas alcohólicas y ma*****na dejé de ir a la escuela de a poco también dejé de ir a entrenar al club al cual estaba yendo me la pasaba en la calle o en los boliches, empecé a robar celulares en las paradas de los colectivos con la plata de lo robado lo usaba en el consumo diario y para comprarme algún par de zapatillas.
En el año 2003 conozco a Carla Lorena bogado, madre de mis hijos, fue lo mejor que me podía pasar en aquel momento, enamorarme de ella me ayudó a parar la intensidad con la que venía viviendo.
En casa no teníamos manteca para tirar al techo, pero tampoco faltaba un plato de guiso en la mesa, Carla se había ido de su casa para venir a vivir conmigo (estábamos muy enamorados) la condición para que ella pudiera estar bajo el mismo techo era que yo me pusiera a trabajar. El padre de mis hermanas me consiguió varios trabajos en distintos restaurantes ya que él trabajaba en ese rubro, fui bachero, delivery, o hacía limpieza en el lugar esos trabajos me duraban poco por mi falta de costumbre, también fui ayudante de albañil y hasta junté cartones, pero poco a poco nuevamente los vicios empezaron a ser más frecuentes en mi vida en ese momento, ya robaba kioscos y todo lo que se me cruzaba en el camino.
A mis 14 años estaba viviendo una vida muy acelerada y cada vez le dedicaba menos tiempo a mi familia y más tiempo a los vicios, a los “amigos” los boliches; sentía que estaba perdiendo mi familia, mi futuro, mi paz. Solo regresaba a mi casa para bañarme y cambiarme de ropa, en ese momento uno no quiere darse cuenta y no se quiere dejar ayudar para salir de esa condición. Las oportunidades para cambiar de vida siempre estuvieron, me acuerdo de que la mamá de un amigo siempre que me la cruzaba en cualquier lado me invitaba a la iglesia, a la cual concurría cuando era un niño; íbamos todos los fines de semana con mis hermanas, tengo muy buenos recuerdos de la iglesia y también de los pastores.
Hoy a mis 34 años entiendo que debí haber aceptado esas invitaciones, era Dios que me estaba llamando, pero no hice caso y también hoy me hago cargo que no fui responsable como padre ni como hermano, ni como hijo siento que ellos querían que compartiera más tiempo juntos.
A mis 16 años de edad llega a mi vida mi 1er hijo ULISES, en ese entonces tenía una lucha terrible con las adicciones, el nacimiento de mi hijo me llevaba a renunciar a las dr**as pero no podía, intentaba pero me costaba, estuve en centros ambulatorios, hospitales psiquiátricos y nada de eso me daba resultado solo lograba volver a consumir cada vez más, termine varias veces internado por coma alcohólico e intoxicación de co***na, sentía que en cualquier momento se terminaba mi vida durante ese periodo, las largas noches de gira, robo, y dr**as me llevarían al lugar más bajo y triste del mundo “la cárcel “.
A mis 18 años recién cumplidos tenía todos los boletos para que terminara mal, era cárcel o cementerio porque la tercera opción ya la había experimentado en varias ocasiones y en hospitales de todos los colores. Por aquel entonces jamás imaginé que me iba a suceder lo que les voy a contar, después de tantas recaídas y luchas contra las dr**as, un día de lluvia a las tres de la tarde junto a varios “amigos” fuimos a cometer un robo a una panadería del barrio de villa del parque, íbamos 3 compañeros y yo, en ese trayecto se nos cruzó un auto de la brigada y siguen de largo. Con mis amigos nos pudimos dar cuenta y decidimos seguir caminando pero apresurando los pasos, en la 2da vuelta el mismo auto de la brigada pasa por a lado de nosotros y deciden bajar y dar la voz de alto, nos tiran al piso a mi compañero y a mi mientras que los otros 2 se dieron a la fuga; de mi cintura me sacan un arma calibre 32, con la cual habíamos salido a robar (el arma no estaba cargada) hasta ese momento no habíamos robado nada, ni siquiera habíamos llegado al objetivo, nos detuvieron por nuestra actitud sospechosa y se encuentran con la sorpresa de que yo estaba armado, llaman a un patrullero y nos llevan a la comisaría por portación de arma.
Luego de varias horas en la comisaría 47 nos dicen que quedamos detenidos y que tenían que llevarnos al juzgado para declarar por el arma que nos habían secuestrado. Pero la sorpresa fue muy grande para mí ya que cuando llego al juzgado un juez me indaga por un crimen al cual no había cometido, me pregunta si yo sabía algo del caso sobre el as*****to a una señora y la verdad es que no entendía nada de lo que estaba pasando.
Mi situación se había agravado al 100% me entró una tristeza y una impotencia muy grande por qué sabía que yo jamás había participado, ni le había quitado la vida a nadie. Ese mismo día me llevan preso al penal de Ezeiza, al módulo 4 que era para menores y adultos, en la semana me llevan otra vez a los tribunales, pero esta vez me toman otra declaración por otro supuesto homicidio, sentía que mi mundo se caía a pedazos, si bien había cometido delitos menores en varias oportunidades, y me hago cargo de lo que hice, pero jamás llegué tan lejos, me sentía con impotencia, mucho dolor y tristeza.
Me di cuenta en ese momento que me querían armar una causa si o sí. Pasado los 10 días una vez más me llevan al juzgado por esos 2 homicidios, en las causas no se encuentran pruebas en mi contra que pudiera comprobar que yo haya estado en los lugares del crimen.
Se me hizo los análisis me tomaron las huellas dactilares, extracción de sangre, análisis de o***a, todos los correspondientes y dieron negativos, no eran compatibles con las pruebas que ellos tenían en su poder. Lo siguiente que me esperaba era ir a 2 ruedas de reconocimiento, hasta ese momento no había nada que me perjudicara, me sentía más tranquilo.
En una de las causas de homicidio salgo sobreseído por qué decían no reconocerme y en la segunda causa pasa lo contrario dicen reconocerme.
Jamás en mí vida les puedo asegurar que esta persona y yo nos hayamos cruzado alguna vez. No sé por qué lo hizo, solo sé que estaba mintiendo y acusándome injustamente por algo que yo no había hecho. Él lo sabe, tal vez desde su dolor no le importaba apuntar a cualquiera.
Hoy a mis 34 años de edad y a 16 años de estar detenido tomé la decisión de perdonarlo, todas las noches duermo tranquilo y en paz por qué sé que en algún momento todo esto se va a esclarecer, sé que en algún momento se va a terminar, que Dios bendiga a su familia y sane su corazón por todo ese dolor que causaron en él.
En la actualidad me encuentro en la unidad N° 4 de La pampa, servicio penitenciario federal, estudiando y terminando el secundario y donde tengo un trabajo profesional, también congrego cada sábado a las reuniones generales. Dios cambió mi vida y me hizo libre de las adicciones, y de los vicios del pasado.
Él puso en mí camino a una chica la cual es mi novia y compartimos juntos la palabra de Dios por teléfono, por qué para Él no hay límites y no le importa en la condición que te encuentres, él llega a tu vida justo a tiempo solo hay que aceptarlo con un corazón sincero y no rechazar a su llamado para que no te pase lo que me pasó a mí.
Aquella señora que me invitaba siempre a la iglesia era Dios que me quería salvar de todo esto. Hoy lo puedo compartir y dar las buenas nuevas que pude aceptar al Señor Jesucristo en mí corazón y me preparo cada día para hacer su voluntad.
¡Dios los bendiga!
Daniel Osvaldo Suárez