Viernes en Villa Bustos a las 18 hs. Secretaría: Jueves y sábado de 10.30 a 12hs. Es un día de especial significado para nuestra historia local, para nuestra fe y para nuestra memoria colectiva porque recordamos y agradecemos el camino recorrido por nuestra Iglesia parroquial Sagrado Corazón de Jesús. Fue el 6 de octubre de 1957 cuando el presbítero Andrés Ostrich, junto con un grupo de vecinos ll
enos de fe y esperanza, dio inicio a la construcción de nuestro templo parroquial. No fue una obra cualquiera, sino el fruto de una necesidad profunda: brindar contención espiritual a los enfermos, a sus familias y al personal del Sanatorio Nacional de tuberculosos Santa María. Allí, donde el sufrimiento era cotidiano, nació también la esperanza de una presencia viva de Dios. A medida que nuestra ciudad crecía, también lo hacía la comunidad de creyentes. Se integraron a esta vida parroquial la capilla Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en el barrio Villa Caeiro, y la Comunidad de las Hermanas Carmelitas Argentinas, con su capilla y el colegio San Roque. Cada una de estas expresiones fue sumando vida, fe y servicio al pueblo. Durante más de tres décadas, todas estas comunidades fueron capillas que dependían de la parroquia Nuestra Señora de Fátima de la ciudad vecina de Cosquín. Pero fue un momento histórico, un hito imborrable, cuando el 1 de noviembre de 1990, en una celebración solemne, el Cardenal Raúl Francisco Primatesta nos reconoció y erigió como parroquia. A partir de entonces, comenzamos a caminar con voz propia, con una vida pastoral y comunitaria independiente, pero siempre en comunión con la Iglesia Diocesana y con nuestras parroquias hermanas del Valle de Punilla. Hoy recordamos todo esto no solo como un repaso del pasado, sino como una renovación de nuestro compromiso. Que esta historia siga viva en nuestras obras, en nuestra fe y en nuestro servicio. Que el Sagrado Corazón de Jesús, patrono de nuestra ciudad, siga guiando nuestros pasos con amor y misericordia y que nunca olvidemos que somos una comunidad nacida del esfuerzo compartido, del consuelo en el dolor y de la esperanza en Dios.