08/09/2026
#161 Santiago 4:11-12 (RVR1960)
Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?
Uno de los grandes males de los últimos tiempos, causante de profundos desastres espirituales en las congregaciones, es la murmuración: un mal silencioso de origen diabólico y no solo carnal. Su propósito es destruir a cada miembro del cuerpo de Cristo y sofocar la esencia del verdadero amor, al punto que muchas iglesias son víctimas de este espíritu que opera desde las tinieblas arraigadas en el corazón.
Solo quienes portan las virtudes de Cristo, conocen la voz de Dios y comprenden cómo lidiar con las faltas en el cuerpo pueden contrarrestar su influencia. Debemos entender que el chisme no es una simple debilidad humana, sino un parásito espiritual que se alimenta de la ofensa y la falta de perdón.
Este comportamiento tiene un antecedente clave: fue el motor del juicio religioso contra Jesús. Aquellos líderes se cegaron, usando la propia Escritura para condenar lo santo, lo puro y la manifestación del Reino de los cielos en la tierra, desconociendo a Dios a pesar de llamarse sus siervos. Por eso Cristo los llamó "sepulcros blanqueados" e "hijos del diablo". En estos tiempos finales, Dios revelará las intenciones del corazón de sus hijos. Decide hoy en qué lugar del Reino quieres estar.
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