16/01/2026
“¿Dónde está el cordero para el sacrificio?”, le pregunta Isaac a su padre (Gen 22, 7). Esa pregunta quedó en el aire a través de los siglos, hasta que Juan el Batista la respondió en el pasaje del Evangelio que escucharemos el domingo, en el Juan indica que Jesús es el Cordero.
En cada misa el sacerdote presenta así a Jesús antes de la comunión, mientras muestra al Pan de Vida ya fraccionado. Son palabras de la Escritura, que no deben ser cambiadas por el sacerdote, como muchas veces sucede para unirlo con las lecturas del día (este es Jesús que curó al paralítico…, por ejemplo).
Las palabras del Bautista están llenas de significado. Un cordero no es un animal cualquiera. Es una cría de oveja que se ofrece a Dios en sacrificio para liberar y cuya carne debe ser comida. Cordero nos remite a sacrificio y a alimento.
Por eso la presentación continua diciendo que son dichosos los invitados a la cena del Cordero (coena Agni vocati sunt), según la traducción literal del texto típico latino, que retoma la expresión del Apocalipsis (19, 9), aunque en español ha sido traducida como “cena del Señor”.