09/09/2026
𝐒𝐢 𝐭𝐮 𝐬𝐮𝐩𝐢𝐞𝐫𝐚𝐬 (𝐓𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐬𝐨𝐥𝐝𝐚𝐝𝐨)
Había terminado la guerra.
Entre los soldados que habían sobrevivido, uno fue invitado a participar de una mesa de honor, junto a otros hombres que habían tenido una participación destacada durante el conflicto.
La mesa estaba llena de conversaciones. Algunos hablaban de las batallas, otros recordaban momentos difíciles y algunos compartían experiencias de aquellos días.
Pero aquel soldado permanecía en silencio.
Mientras los demás conversaban, él apenas levantaba la mirada. Parecía estar allí físicamente, pero sus pensamientos estaban muy lejos.
En determinado momento, uno de los presentes le preguntó:
—¿Por qué estás tan callado? ¿Hay algo que hayas vivido durante la guerra que te haya impresionado particularmente? ¿Alguna experiencia que nunca hayas podido olvidar?
El soldado permaneció unos segundos en silencio.
Entonces comenzó a hablar:
—Sí. Hay algo que nunca pude olvidar.
Y comenzó a contarles lo que había sucedido durante la guerra.
Un día, durante un momento de descanso, encontré a un joven soldado sentado aparte, leyendo una Biblia.
Me acerqué y comenzamos a conversar.
Él abrió su Biblia y comenzó a leerme las palabras de Jesús:
««𝐍𝐨 𝐬𝐞 𝐭𝐮𝐫𝐛𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧; 𝐜𝐫𝐞𝐞́𝐢𝐬 𝐞𝐧 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐜𝐫𝐞𝐞𝐝 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐧 𝐦𝐢́. 𝐄𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐏𝐚𝐝𝐫𝐞 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐦𝐨𝐫𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐡𝐚𝐲...»
—𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏𝟒:𝟏-𝟐, 𝐑𝐕𝐑𝟏𝟗𝟔𝟎»
𝐋𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐧𝐮𝐨́:
««𝐋𝐚 𝐩𝐚𝐳 𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐣𝐨, 𝐦𝐢 𝐩𝐚𝐳 𝐨𝐬 𝐝𝐨𝐲; 𝐲𝐨 𝐧𝐨 𝐨𝐬 𝐥𝐚 𝐝𝐨𝐲 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐝𝐚. 𝐍𝐨 𝐬𝐞 𝐭𝐮𝐫𝐛𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧, 𝐧𝐢 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨.»
—𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏𝟒:𝟐𝟕, 𝐑𝐕𝐑𝟏𝟗𝟔𝟎»
Yo había leído esas palabras varias veces.
Pero para mí no significaban nada.
Entonces le dije:
—He leído muchas veces esa parte de la Biblia, pero nunca produjo nada en mí.
Y después le dije:
—Dejá esa Biblia. Es una pérdida de tiempo.
El joven me miró.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
No discutió conmigo. No intentó convencerme. No levantó la voz.
Simplemente me miró y me dijo:
—𝐒𝐢 𝐭𝐮 𝐬𝐮𝐩𝐢𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐥𝐚 𝐁𝐢𝐛𝐥𝐢𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐦𝐢́...
Poco tiempo después, una explosión estremeció el lugar.
Una bomba cayó cerca de aquel joven y lo dejó gravemente herido.
Cuando me enteré, corrí para buscarlo.
Lo encontré agonizando.
Me acerqué a él y pude ver que todavía tenía aquella Biblia consigo.
Aquel joven sabía que estaba muriendo.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, tomó la Biblia entre sus manos y me la entregó.
Y poco después murió.
El soldado hizo una pausa.
La mesa permaneció completamente en silencio.
Entonces continuó:
—Aquel día entendí lo que quería decirme cuando me dijo: «Si tu supieras lo que significa la Biblia para mí...»
Porque para mí había sido solamente un libro.
Pero para él...
era su esperanza.
Era su consuelo.
Era su paz.
Era la Palabra de Dios que sostenía su corazón cuando todo a su alrededor se estaba derrumbando.
Y las palabras que antes yo consideraba una pérdida de tiempo comenzaron a tener otro significado:
«No se turbe vuestro corazón...»
Ahora comprendía.
Aquel joven no estaba leyendo la Biblia simplemente para pasar el tiempo.
La estaba leyendo porque había encontrado en Cristo una paz que ninguna guerra podía quitarle.
Y mientras aquel soldado terminaba de contar la historia, levantó la Biblia que llevaba consigo y dijo:
—Desde aquel día, nunca volví a mirar este libro de la misma manera.
Porque finalmente comprendí que aquella Biblia que yo había despreciado...
era lo más precioso que aquel joven podía dejarme.
«Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.»
— Romanos 5:20
Donde abundó la guerra, sobreabundó la paz de Cristo. 🙏📖
Juventud Cristiana
-Emilio A. Luque