14/11/2024
| Tomé esta foto del submarino ARA San Juan hace siete años en Ushuaia, desde el muelle comercial del puerto. Un día radiante en la capital fueguina. Un marino camina sobre la proa del submarino. La cabeza de un submarinista asoma por la vela del "San Juan". La tripulación cumple sus actividades en Ushuaia entre el deber y los momentos de esparcimiento, y con ese aire puro que tanto valoran los submarinistas, dentro del imponente entorno natural del "fin del mundo". Ushuaia no sabe ese día que será también el fin de los mundos de esos hombres y esa mujer. El mundo de los 44 comienza a extinguirse ese día de noviembre mientras transitan, sin saberlo, los primeros pasos hacia la eternidad.
Nada de todo lo "agradable" de la imagen puede predecir lo que se avecina. La tripulación sabe que pronto debe zarpar para regresar a casa. "Aprovechamos que la tecnología está más barata acá en Ushuaia, así que les llevamos unas tablets a la familia ahora que ya volvemos", escucho decir entre risas a uno de los marinos, mientras abandonan el local comercial con bolsas de regalos para sus hijos y esposas que esperan allá en casa, en Mar del Plata. Después de todo, están seguros que vuelven a casa... Los regalos nunca llegan, claro, se posan a casi un kilómetro de profundidad. Y los 44 se fueron a navegar la eternidad pensando en sus familias y con un submarino cargado de obsequios para hijos e hijas.
Que no nos pase nunca más. El costo de banalizar la Defensa es altísimo. Cuando en la política se cometen errores, se pagan en las urnas o en los tribunales. Cuando la política comete errores en la Defensa, con la indiferencia de la sociedad, se pagan con vidas, se pagan con Patria. ¡Honor y gloria al ARA San Juan y sus 44 tripulantes! Murieron en cumplimiento del deber. Que el olvido no los mate por segunda vez.
Eric Torrado - Malvinas en la Mira