23/05/2026
HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA
“Pentecostés: venida del Espíritu Santo”
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (Jn 20, 19-23)
“Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ‘¡La paz esté con ustedes!’ Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ‘¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes’. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: ‘Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan’. Palabra del Señor.
Padre y Amigo
Celebramos Pentecostés, la venida del Espíritu Santo. Hace dos domingos, Jesús decía en el Evangelio: “no los dejaré huérfanos, les enviaré el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo, que los cristianos recibimos en el bautismo, interioriza nuestra relación con Dios, ya que se une a nuestro espíritu haciéndonos hijos, por lo cual llamamos a Dios “Abba”, es decir: “Padre”. Desde nuestro bautismo Dios es nuestro Padre, protector y guía; eso nos da paz y nos hace creativos e ingeniosos para el gesto bueno con los demás a quienes consideramos nuestros hermanos.
Nos guía con su auxilio
El Espíritu Santo, además de hacernos hijos de Dios, nos regala sus siete dones para que podamos pensar, sentir y actuar como Jesús. “Sabiduría”, que viene del latín; “sapere”, es el don que nos da el gusto y la alegría de concretar el gesto bueno, por eso perfecciona nuestro amor al prójimo. El don de “Inteligencia”, del latín “intus légere”, significa “leer dentro”. El don de inteligencia profundiza nuestro conocimiento de las personas, de Dios y sus misterios, hace crecer nuestra fe. El don de “Ciencia” nos hace ver en la creación vestigios de Dios; su poder, su belleza y su bondad -es un don que desarrolló mucho san Francisco de Asís, el cual llamaba “hermanas” a las cosas creadas-, nos ayuda a ver la creación como la “casa común” y a cuidarla; perfecciona nuestra esperanza en un final feliz. El don de “Fortaleza” nos ayuda a llevar con paciencia los desafíos y sufrimientos de la vida sin quebrarnos ni sucumbir a la desesperanza. El don de “Piedad” nos hace sentir a Dios como alguien cercano y a dialogar con Él todos los días alabándolo, dándole gracias por la vida, la salud, los hijos y el trabajo; nos ayuda a vivir con gusto sus mandamientos como consejos de sabiduría que nos guían por un camino que nos hace nobles y valiosos como personas. El Padre Nuestro es la oración que expresa estos sentimientos. El don de “Temor de Dios” –no hace referencia al miedo-, viene a perfeccionar la virtud de la templanza para que evitemos los excesos en las comidas y bebidas, evitando que nos dañen la salud y que perdamos la conducción sensata de nuestra persona poniéndonos violentos o imprudentes en relación con los demás. De hecho, detrás de la violencia familiar y los accidentes viales, muchas veces está la adicción al alcohol o a la droga, excesos que nos quitan el autodominio de nuestras personas.
Hacia lo que es bueno, noble y justo
El Espíritu Santo, desde dentro de nosotros y de manera libre, nos guía hacia todo lo que es bueno, noble y justo, dándonos empatía y generando amor social. Los cristianos sabemos, que tanta creatividad para ayudar a las personas más vulnerables son inspiración del Espíritu Santo. Soy testigo de sacerdotes y sus equipos de colaboradores que desde Caritas preparan diariamente una cantidad importante de viandas que gente humilde lleva a su familia porque se ha quedado sin trabajo o la realidad los ha sometido a la indigencia y no tienen para comer; hay psicólogos y trabajadores sociales que voluntariamente ofrecen su ayuda para acompañar a jóvenes adictos a las dr**as en su recuperación. Otros voluntarios, dan apoyo escolar a niños vulnerables en centros de día; otras parroquias tienen hogares para varones o mujeres en situación de calle. Hay que mencionar también a tantos empresarios que con creatividad y audacia sostienen sus empresas en momentos socioeconómicos difíciles con la conciencia de que están sosteniendo en dignidad a muchas familias. Es el Espíritu Santo, Espíritu Bueno de Dios, que desde dentro nos inspira para darnos una mano y estar presente cuando más lo necesitábamos. ¡Bienvenido Espíritu Santo! Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo!!