14/08/2026
Hermanos, a veces pensamos la misa dominical —o la fiesta de la Virgen (en este caso la,Solemnidad de la Asunción de Maria)— como una obligación que hay que cumplir, como quien tacha un casillero. Pero fijate este ejemplo, tan de la vida de cada uno.
Imaginate que hoy cumple años tu mamá, y mañana tu hermano. Y viven juntos, en la misma casa. ¿Qué corresponde hacer? Podrías pensar: "Total están juntos, hago una sola visita para los dos, saludo rápido, y me queda más tiempo para mí." Cumplís, sí. Pero algo no cierra. Porque no es lo mismo cumplir que celebrar. Tu mamá se merece que la festejen a ella, ese día, por ella. Y tu hermano se merece lo mismo, al día siguiente, por él. Cada uno es motivo de fiesta en sí mismo, no un trámite que se combina para ahorrar tiempo.
Con la Virgen pasa lo mismo. La misa de precepto no es una casilla para "estar en regla". Es una fiesta: el día en que la Iglesia entera se junta a celebrar a María, a agradecer lo que Dios hizo en ella y por medio de ella para nosotros. Si vamos con espíritu de trámite, cumplimos —pero nos perdemos la fiesta. Si vamos como hijos que quieren estar ahí, entendemos por qué la Iglesia nos invita, cada año, a no faltar.
Por eso les pido: esta Solemnidad , no vayan a cumplir. Vayan a festejar a nuestra Madre.