10/08/2026
20 de Agosto: Dia internacional de Ìsèsè
ÌṢẸ̀ṢE: TRADICIÓN, ORIGEN Y ANCESTRALIDAD
Hay palabras que pueden explicarse. Y hay palabras que, antes de ser explicadas, necesitan ser sentidas. Para mí, Ìṣẹ̀ṣe es una de ellas.
Hablar de Ìṣẹ̀ṣe es hablar del origen, de historia. Es volver la mirada hacia aquello que estaba antes de nosotros, hacia esa raíz profunda que sostiene nuestra existencia aun cuando nuestros ojos no puedan verla.
Es hablar de nuestros mayores. De nuestros ancestros. De quienes caminaron antes que nosotros y dejaron sus huellas para que un día pudiéramos encontrar nuestro propio camino.
Porque ninguno de nosotros comenzó consigo mismo. Antes de nuestro primer aliento hubo incontables vidas. Hubo padres y madres, abuelos y abuelas, generaciones enteras que amaron, lucharon, aprendieron, sufrieron, celebraron, rezaron y soñaron. Y de alguna manera, todos ellos continúan viviendo en nosotros.
Eso también es Ìṣẹ̀ṣe.
Nuestros mayores nos enseñan que Ìṣẹ̀ṣe es nuestra tradición, nuestro origen, aquello que nos vincula con lo que somos y con aquello de donde venimos.
Nuestro padre es nuestro Ìṣẹ̀ṣe.
Nuestra madre es nuestro Ìṣẹ̀ṣe.
Nuestro Orí es nuestro Ìṣẹ̀ṣe.
Olódùmarè es nuestro Ìṣẹ̀ṣe.
Por eso, cuando hablamos de Ìṣẹ̀ṣe, no hablamos solamente de religión. Hablamos de pertenencia histórica. Hablamos de esa memoria ancestral que atraviesa generaciones y que vuelve a hacerse presente cada vez que honramos a nuestros mayores, cada vez que pronunciamos el nombre de nuestros ancestros, cada vez que cantamos, que tocamos un tambor, que invocamos a nuestros Òrìṣà, que danzamos o que inclinamos nuestra cabeza con respeto ante lo sagrado.
Ìṣẹ̀ṣe vive allí. Vive en el conocimiento que un mayor entrega a quien viene detrás. Vive en las historias que buscamos aprender. Vive en cada ceremonia. En cada canto. En cada rezo. En cada tambor.
Porque una tradición no permanece viva solamente porque haya sido escrita en un libro. Permanece viva cuando alguien decide llevarla en el corazón, aprender desde la Verdad, practicarla con dignidad y entregarla a la generación siguiente.
Por eso siento que quienes hoy caminamos la espiritualidad de Òrìṣà e Ifá tenemos también una responsabilidad. Somos herederos, pero al mismo tiempo somos custodios. Recibimos algo que no comenzó con nosotros y que tampoco debería terminar con nosotros. Cada uno de los seguidores de Ifá y Òrìsà, llevamos una pequeña llama entre las manos, un Àse que a veces pesa y se escurre; pero aun así continuamos reforzando. Y nos negamos a aquietar.
Una llama que otros protegieron antes.
Un Àse que atravesó generaciones.
Un Poder que muchas veces tuvo y tiene que sobrevivir a la discriminación, al silencio, al desprecio, a la distancia y al olvido.
Y, sin embargo, acá está. Todavía arde.
Arde cuando un tambor vuelve a sonar.
Arde cuando una voz vuelve a cantar.
Arde cuando un hijo espiritual aprende aquello que un mayor se negó a olvidar.
Arde cuando alguien escucha sobre Òrìsà e Ifá.
Por eso Ìṣẹ̀ṣe no es solamente mirar hacia atrás. Es poder caminar hacia adelante sin olvidar quiénes somos. Es abrazar la raíz profunda para honrar a Òrìsà e Ifá.
Así es Ìṣẹ̀ṣe: como raíz, como memoria, como identidad, como espiritualidad, como herencia.
Pero también es responsabilidad y la promesa: que aquello que nuestros ancestros nos entregaron no se pierda en nuestras manos.
Que la voz de Ifá siga hablando.
Que las enseñanzas de Òrìsà sigan trascendiendo.
Que nuestros tambores sigan sonando.
Que nuestros cantos continúen llevando su emoción y amor.
Y que quienes vengan después de nosotros puedan algún día mirar hacia atrás, encontrarnos también a nosotros entre sus ancestros y saber que, cuando nos tocó custodiar la llama del Poder de Àse; no permitimos que se apagara o doblegara en ninguna falsedad.
Ìṣẹ̀ṣe l’ágbà. (Ìṣẹ̀ṣe es lo ancestral)
Ìṣẹ̀ṣe l’ágbà gbogbo wa. (Ìṣẹ̀ṣe es lo primordial para todos nosotros)