24/03/2017
Viernes 24 de Marzo
EN BUSCA DE LIBERACIÓN
“Redimiendo el tiempo porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos sino comprendan cuál es la voluntad del Señor” (Efe. 5:16, 17).
Los viajes en subterráneo y en ómnibus en la gran metrópoli en la que vivo son lentos y, por eso, tengo tiempo para pensar y orar por las personas. Aquel día, mi oración fue: “Mi Dios, estoy totalmente disponible para tu trabajo de salvación
hoy. Si hay alguien a quien le debo hablar sobre Jesús, estoy aquí”.
Casi terminando el día, recibí un mensaje en el celular. Era una amiga a quien le estaba hablando de Cristo, pidiéndome ayuda para Sabah, una colega de trabajo acosada por espíritus malignos y que necesitaba una visita en su casa.
Sentí un frío en el estómago, porque no soy pastor y nunca había vivido ninguna experiencia similar a esta. Sin embargo, inmediatamente, vino a mi mente la oración que había elevado en la mañana. Entonces, le di gracias a Dios porque, sin duda, Sabah era la persona que el Señor me había dado para que compartiera la alegría de la salvación.
Aquella noche, Sabah me llamó por teléfono y conversamos por más de una hora. Ella era una mujer árabe que le había dado su vida a Cristo hacía quince años. Antes, había sido musulmana, y toda su familia todavía profesa el islamismo. Por eso, el cambio le exigió a ella un gran coraje y un enorme sacrificio. Sabah perdió todo: familia, hijos y su trabajo, pero ella no dejó de amar a Jesús.
Prometí que la visitaría con algunos amigos, y ella mencionó que el enemigo de Dios se manifestaba en su casa con regularidad. Junto con mi esposo y algunos amigos, oramos previamente e hicimos ayuno por la liberación de Sabah. Un sábado por la mañana, cuando nosotros la visitamos, ella nos contó entusiasmada la historia de su vida. Estábamos acompañados por un pastor africano con mucha experiencia. Entonces, nos arrodillamos alrededor de ella para clamar a Dios, creyendo en sus promesas y en la victoria de Jesús sobre los poderes del mal.
En el momento en que orábamos para que el enemigo de Dios dejara para siempre la casa y la vida de Sabah, hubo una manifestación, y ella comenzó a toser, y se cayó al suelo. El pastor continuó orando con poder y en el nombre de Jesús, y Sabah fue recobrando sus sentidos. Entre lágrimas, ella logró terminar la oración con nosotros.
Sabah forma parte de la tercera generación de una familia de brujas y ocultistas, y desde su infancia estuvo asociada al espiritismo. Sin embargo, ella no resistió al amor de Jesús. Todas las semanas nosotros la visitamos para orar, para cantar y para estudiar la Biblia. El enemigo de Dios todavía lucha, pero no vencerá; pues quien pelea por nosotros es el Señor de los ejércitos. Debemos, solamente, estar disponibles para el trabajo; es él quien opera la transformación de vidas. Por favor,
¡ayúdenos orando por Sabah!
Tu fidelidad y tus oraciones los mantienen allá.