12/12/2024
12/12/1880 - 144° Aniversario de la Consagración Episcopal
De la Vida del Beato Fray Mamerto Esquiú
LE ANUNCIAN A ESQUIÚ QUE SERÍA OBISPO DE CÓRDOBA
*Extracto del Libro: "Fray Mamerto Esquiú, Su vida y Obra" de Fray Luis Cano y Mario Fuenzalida - Editorial San Pablo. pp 43 .
● OBISPO - Consagración Episcopal
Fray Mamerto, el 28 de octubre de 1879 escribía: “Estoy casi plenamente persuadido de que mi renuncia fue inspirada y al mismo tiempo aceptada por nuestro Dios misericordioso”, ignoraba que ella no tenía acogida en Roma. Y he aquí que el 27 de diciembre del mismo año, cuando terminaba de predicar un novenario en Catamarca, enfermo, ronco y con fluxión en la cara, recibía un telegrama del Delegado Apostólico, quien lo llamaba urgentemente a Buenos Aires, sin expresarle el motivo.
A pesar del estado de su salud, partió para Buenos Aires, adonde llegó el 3 de enero de 1880.
“Inmediatamente -dice en una carta a su hermano Odorico-, así como estaba con la cara atada por la fluxión, que en camino de Catamarca a San Pedro hizo necesario que el cochero me reventase una postemilla que me quedó, pasé a ver a Monseñor (el Delegado Apostólico), haciéndome preceder de la noticia de mi mala salud, para que me excusara de presentarme en aquel estado impropio. Me recibió con la mayor y más sincera amabilidad, y después de hacer salir a todos, incluso al señor Arzobispo, a quien me presentó, dijo: “En dos palabras se concluye este asunto. El Padre Santo quiere que usted sea Obispo de Córdoba. Yo le respondí: “Si el Padre Santos lo quiere, lo quiere Dios: cúmplase su voluntad. Sólo le he suplicado que al dar cuenta a Su Santidad de mi sumisión a su voluntad, le exponga que mi conciencia me acusa de muchos y enormes pecados”.
El 5 de enero hizo su profesión de fe en la capilla del Palacio Arzobispal.
Como aún no habían llegado las Bulas de Institución, regresó a Catamarca para despedirse de los suyos.
Durante este viaje, en una estación cercana a ciudad de Córdoba espera la combinación del tren hacia el norte. Se le acerca un cura de campaña, y confundiéndolo con un hermano lego [19], le ruega cuide su caballo mientras él realiza unas diligencias. Al regresar, alguien le informa al cura que el religioso que guardaba su caballo era el Obispo; temeroso va a su encuentro para pedirle disculpas, y Mamerto, con humilde bondad, le responde: -“No hay necesidad de perdón donde no hay ofensa; al contrario, soy yo quien debe agradecer a usted la confianza que me ha depositado en mí, proporcionándome con ello el placer de prestarle este insignificante servicio”.
De Catamarca pasó a Salta, pues allí residía entonces su Hermano Odorico. [20]
En Catamarca y en Salta dedicó su tiempo a prepararse por medio de la oración, de la penitencia y el estudio para recibir menos indignamente, como escribió, la responsabilidad del episcopado, sin abandonar por ello sus obras de celo sacerdotal.
El 11 de marzo envió una carta a su Provincia al –que lo era el Reverendo Padre Fray Juan C. Tissiera, sucesor inmediato de Fray Mamerto en el Obispado de Córdoba-, pidiéndole licencia para aceptar la dignidad episcopal, y rogándole que siempre lo aconsejara, dirigiera y corrigiera cuando faltase a sus deberes, pues desea seguir siendo un religioso franciscano.
Finalmente, el 20 de octubre de 1880 se despedía para siempre de la ciudad de Catamarca. Fue, como en otras oportunidades, al Convento Franciscano de San Lorenzo a disponer su alma para la consagración episcopal, con la realización de ejercicios espirituales.